massobreloslunes

sábado, 22 de diciembre de 2012

Mi Kindle y yo

Ya que, como os conté, Ángel se dedica entre otras cosas a escribir sobre lectores de ebooks, hoy voy a hablaros de mi vida con el Kindle. Anticipo que en ocasiones voy a usar la palabra Kindle porque es más operativa que "libro electrónico" y porque es la marca del mío y PORQUE QUIERO. Hala.

Yo era reticente al libro electrónico. Imaginad a Matilda (la niña del dibujo en la cabecera del blog) sentada sobre un Kindle. ¿No pierde todo el encanto? Me molaba el papel, olisquear los libros, acariciar sus cubiertas como una desquiciada y acumularlos en la estantería.

No obstante, a mí se me antoja todo; sin ir más lejos, llevo unos días obsesionada con tener un iPad, y me estoy conteniendo solamente porque estoy tan tiesa de dinero que ahora mismo es inviable. La idea Kindle fue penetrando en mi cerebro hasta arraigar, y reflexioné sobre algunas necesidades que pensé que cubriría bien. De esas necesidades os hablaré después, cuando os cuente sus ventajas.

Mi ebook llegó de mano de mi madre después de mi última mudanza, este verano. Me dijo que estaba harta de acarrear libros y que iba a invertir en un Kindle para mí por la salud de su espalda. Me decidí por el Touch porque la relación calidad-precio me parecía muy buena y porque quería poder subrayar.

Desde entonces, lo mío con él es puro amor. Primero, las desventajas, para no perder la perspectiva. Es menos bonito que un libro y no decora tu estantería. La pantalla refleja la luz ambiental menos que los libros normales. Algunos textos no se convierten bien, no todos los libros están en versión Kindle y los libros comprados los puedes dejar, pero es un sistema un poco extraño que no acabo de entender. Si se te cae al suelo, es más fácil que se dañe que un libro normal.

Ahora vienen las ventajas y utilidades de este aparato del Bien. Si estoy enamorada de algo en esta vida es, por este orden: de Internet, de mi smartphone y de mi Kindle. Ahora que lo pienso, a lo mejor en el futuro en vez de acabar rodeada de gatos acabo rodeada de tecnogadgets.

1. El factor pijama. Domingo por la mañana. Te levantas en tu casa sin nada que leer. Decides buscar algo que te interese, ya sea gratis o pagando. Encuentras lo que quieres. Te lo descargas y puedes empezar a leerlo en medio minuto. Flipa. Es verdad que ir a la librería es genial, y que me gusta pasear por las estanterías acariciando lomitos de libros, pero poder comprar o descargar un libro en pijama, desde tu sofá y de forma inmediata tiene todo el encanto del mundo.

2.  Los libros en inglés. Si, como yo, eres una paleofriki anglófila, te encontrarás con que muchos libros que te interesan todavía no están disponibles en español. El proceso pijama es idéntico con un libro en inglés. Nada de esperas, ni de pagar el transporte, ni de pasarte media tarde haciendo cola en correos porque cuando vinieron a entregar el libro a tu casa tú no estabas. De los USA a mi bicho en cero coma. Además, lleva un diccionario de inglés incluido y puedes buscar las palabras sobre la marcha.

3. Los artículos científicos. A ver, seamos sinceros. Yo me leo tres artículos científicos al año, y porque me obligan. Pero cuando los leo, puedo hacerlo en el Kindle, que es mucho más cómodo que una pantalla y no gasta papel. ¡Viva y bravo!

4. Subrayar. Un buen fetichista literario tiene reglas de subrayado. Sólo subrayas ensayos, sólo si son tuyos, sólo con lápiz y muyyyy flojito, porque te gusta pensar que si en un futuro te vuelves muy loco podrías borrarlo todo para volver a dejarlo impoluto. El sistema de subrayado del Kindle Touch es bastante bueno, y después puedes navegar por las partes que has destacado cien por cien libre de culpa.

5. Las notas. Puedes agregar notas a los subrayados o traducciones de palabras para repasar inglés. En realidad, esto lo pongo por poner, porque lo uso poco. El infierno debe de ser un lugar donde tienes que escribir en una pantalla táctil de tinta electrónica toda la eternidad.

6. Lees más: el intervalo entre libro y libro no existe. Puedes terminar uno y empezar otro enseguida. Si no te gusta uno, lo dejas y cambias, y no tienes que andar buscando otro que te guste en la librería o la biblioteca. Además, puedes sacarlo en situaciones donde un libro normal sería más incómodo, como la cola del bus.

7. Los viajes. Se acabó temer al exceso de equipaje por el tamaño de los libros. Se acabó tener que elegir entre libros y bragas. Con tu ebook al fin del mundo.

8. Comer leyendo. Para personas solitarias y destinadas a la cría indiscriminada de felinos o tablets como yo, comer leyendo es una buena opción. El libro electrónico no sólo lleva mejor las salpicaduras de comida (es bastante robusto), sino que pasar las páginas es mucho más cómodo y sólo necesitas una mano para sujetarlo.

9. Revisar textos propios. Como no me gusta leer en el ordenador, a veces me descargo mis textos al Kindle para leerlos de una forma distinta, casi como no fueran míos. Me imagino que soy una escritora de éxito y que me he comprado el libro en Amazon. Luego me río como una loca y acaricio a mi móvil gato novio imaginario (¡mierda, no sé que poner!).

10. Ahorro. Fijaos que lo he puesto casi en último lugar porque yo compro muchos libros electrónicos. Me gusta que el formato esté bien y no haya erratas, y creo en pagar a la gente por su trabajo y apoyar a los escritores. Aun así, algo descargo gratis, y claro que ahorras. Pero incluso sin pirateo, como los libros están más baratos que la edición de papel, gastas menos y lees más.

11. Oportunidad para nuevos escritores. En un mundo pre-Kindle, yo acabaría suicidándome después de mandar mis textos a todas las editoriales y que me rechazaran. En un mundo post-Kindle, puedo autoeditarme con coste cero. ¿No es genial?

12. Esconder el oprobio. Estanterías llenas de libros de Marian Keyes y Lisa Jewel quedan mal, pero mi Kindle puede estar abarrotado sin que nadie se entere. Cada vez me da menos vergüenza reconocer que la Keyes y la Jewel me parecen las putas amas, pero no quiero correr el riesgo de que un maromo intelectual megainteresante me juzgue por mi estantería y huya de mí al ver en lugar destacado "Vince & Joy y las trampas del destino".

13. Fomentar el gafapastismo. Yo voy a la librería y me resisto a gastarme dinero en "En busca del tiempo perdido". Soy así de chunga. Me dejo llevar por los cantos de sirena de Anagrama y compro literatura contemporánea. En el Kindle puedo bajar clásicos con pinta de aburridos por si algún día hay una explosión nuclear y sólo quedamos yo, el Kindle y un enchufe funcionante.

Y con trece puntos acabamos, que no se ha terminado el mundo y podemos permitirnos tentar al destino. Mi conclusión: una grandísima inversión que no va a sustituir del todo al libro en papel (¡nunca!) pero que complementa y mejora mi vida literaria.

Hale, a disfrutar del finde y a enviar amor hacia mi guardia de mañana.


viernes, 21 de diciembre de 2012

Resumen del I MGE

 El making off de este post. La bata es antierótica, lo sé, pero muy calentita.


Hoy no estoy para muchas alharacas literarias. El I Micromeeting Gaditano de Emprendedores está siendo agotador. He aquí una lista de las actividades a las que Ángel y yo nos hemos dedicado en estos días:

- Ruta turístico-sentimental por Cádiz y San Fernando, del tipo de "aquí vengo yo a tomar colacao", "este es el puesto donde compro flores cuando me pongo triste" o "esta era la tienda del señor muy amable que cerró la semana pasada".

- Degustación gastronómica variada, con especial hincapié en platos típicos de la zona, como la "carne meshá" del Manteca, el atún encebollado, las papas con chocos y el chino de emergencia. Reconozco que el chino quizá no era exactamente gaditano, pero nos ha sentado muy bien.

- Demostración empírica de la benevolencia del clima gaditano, tomando cervezas al sol y paseando sin chaqueta por la Calle Real.

- Examen teórico-práctico de gaditanismo, aprobado mediante contestación de preguntas capciosas (Pregunta: "¿Cómo se llama la parte de Cádiz que queda dentro de Puertatierra?" Respuesta: "Cádiz, Cádiz"), ejecución libre de canciones callejeras y exhibición de simpatía desmedida con dependientes y vecinos.

- Clase individual presencial de coaching literario, con lectura y corrección de textos.

- Iniciación al diseño web y explicación exhaustiva de la diferencia entre un plug-in y un widget. Un desastre, porque Ángel intenta explicármelo con palabras técnicas y yo lo traduzco a metáforas (si la web es una casa, los widget son los muebles y el plug-in la señora que te los limpia, ¿no?).

- Sesión de escalada en la nueva sede de los rupícolas, a la que se han unido dos patos huelguistas y que ha culminado con mucho dolor de antebrazos y una ingesta programada de cerveza fresquita.

Frase de un pato: "Marina, yo no sabía que debajo de esa bata blanca con megáfono se escondía Silvester Stallone".

Venía aquí muy contenta porque, una vez más, me doy cuenta de que si yo tengo una tribu más allá de mis amigos, la roquipandi, los patos o quien sea, esa tribu sois vosotros, mis lectores, y que nos podemos entender tan bien como para que uno se plante aquí sin conocernos apenas y echemos unos días tan estupendos como estos. Muchas gracias, Ángel, por ser tan amor como sólo un lector sabe serlo, por tu utilidad sin ambages y por tu entusiasmo.

Para terminar, os adjunto las dos propuestas de logo para Psicosupervivencia que me ha mandado el tipo de los cinco dólares. Creo que voy a usar la imagen de arriba con el formato de abajo (junto al texto y con esa fuente). ¿Qué os parece?





Y ahora a dormir, que nos lo hemos ganado.
 PD: Este es el Making Off de massobreloslunes

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Actualizando, que es gerundio

Esta mañana me he ido a la secretaría de docencia de mi hospital y he anunciado que o me solucionaban lo de las rotaciones, o me iba a Sevilla a liarla. Después les he dicho: "que sepáis que la que se pasó toda la semana gritando con el megáfono era yo, así que si digo que voy a liarla, la lío". Verídico. Dos horas después, me habían mandado la autorización por fax desde Sevilla. ¿Tenía que ser así o les he intimidado con mi fama revolucionaria?. Ahora me siento tan culpable de haberles gritado a las administrativas que les he comprado una bolsa de caramelos para pedirles disculpas. Pero son sin azúcar, y me preocupa que piensen que les estoy llamando gordas y se ofendan.

Moraleja 1: es difícil ser bueno.

Moraleja 2: me voy a Madrid. Dado mi actual talante revolucionario, me preocupa que con la que está cayendo allí se me vaya la pinza y termine en el calabozo.

También tengo ya mis recetas de Roacután, que ahora se llama Mayesta pero que promete ser igual de agresivamente efectivo. Viva y bravo dos.

Por otra parte, Ángel (mi lector de Seattle, que ya no está en Seattle) y yo nos encontramos celebrando el primer Micromeeting Gaditano de Emprendedores (MGE). A diferencia de otros emprendedores mentalmente pajilleros que sólo asisten a cursos teóricos sin hacer nunca nada, el MGE consta de un pequeño porcentaje de teoría y un alto volumen de práctica, así que he puesto a Ángel a currar como un esclavo en mi página mientras le sobornaba con ricas ensaladas de mango y promesas de llevarle a escalar hemos pasado la tarde trabajando en el nuevo diseño de Psicosupervivencia. El plan es reabrir la página en reyes con la seriedad y consistencia que el tema se merece. Hoy le he encargado el logo a un tipo que te los hace por cinco dólares y estoy muy entusiasmada.

Ahora Ángel está tecleando una review para su página de ebooks mientras yo escribo esto. Cuando estaba redactando en inglés el brief de mi logo para el notas de los cinco dólares, había un par de palabras que no tenía claras y se las he preguntado. Y mola, porque también podría haberlas mirado en wordreference, pero está bien tener a alguien cerca que te pueda echar una mano. Hoy me siento contenta porque Ángel, como la gran mayoría de los lectores del blog con los que he contactado, es amor y me está ayudando mucho, y porque nada de eso sería posible sin que existiera este rinconcito.

Así que en agradecimiento a massobreloslunes y al tremendo y positivo impacto que ha tenido en mi vida, le he comprado también su dominio y en breve nos vamos a trasladar a massobreloslunes.com ¡¡Viva y bravo!!

Hoy ha sido un día feliz.

Besos y mil gracias a todos por los comentarios de apoyo del post anterior. ¡La etiqueta Madrid estará pronto on fire!

lunes, 17 de diciembre de 2012

El anti-Almendro

Estoy triste. Resulta que me han dejado sin vacaciones de navidad. Como la huelga sigue convocada, la gerencia ha suspendido los permisos de los residentes y nos tenemos que quedar todos aquí, a no ser que decidamos no cobrar esos días. El resultado será como el anuncio del Almendro, pero al revés (se queedaaaa... en Cádiz se queeeeda.... por Navidad).

Hoy me siento pobre. Siento que no tengo suficiente dinero ni suficiente tiempo. Se me pasan los días y no doy abasto para hacer todo lo que quiero. Se me mezclan las tareas en la cabeza y me siento perdida. Lo peor del asunto es que no sé si me van a atrasar la rotación de Madrid por estar en huelga, es decir: que a lo mejor no puedo irme en enero, como tenía planeado. Eso me perturba. No puedo hacer planes y no quiero perder tiempo de mi rotación. Esto me parece una coacción miserable y me da mucha rabia.

Mi trabajo me encanta, pero desde que empecé la huelga me estoy sintiendo institucionalmente mal. No sé si me explico. El ambiente laboral no es bueno. Todo el mundo está quemado y acaban tirando la toalla antes de empezar, y quienes más lo sufren los pacientes. Los residentes somos el último mono. Me siento ignorada en los diferentes dispositivos, y es raro: tengo libertad para hacer lo que quiera, pero no deja de ser una libertad parcial. Sigo estando obligada a cumplir con horarios, reuniones y formalismos. Sigo construyendo a medias proyectos que se van a quedar en nada cuando me vaya.

En fin. Hoy estoy un poco así. Es lo que toca. Mezclar la Navidad del Mal con la penuria económica y el esclavismo laboral no es nada bueno. Espero que se me pase en unos días y pueda volver a llenar este blog con mi optimismo proverbial.


Os quiero y os mando besitos.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Roacután strikes again

Ayer por la noche, justo antes de meterme en la cama y después de darle muchas vueltas, tomé una decisión. La decisión la habían dictado dos grandes quistes dolorosos en la base de mi cuello. Lo de tener Acné del Averno en la cara lo voy asumiendo, pero el cuello lo llevo peor. No sé por qué. Supongo que porque hasta este último brote, el cuello nunca había sido un problema. Lo tenía bonito: blanco, delgado y con mi estupendo cerebro sostenido encima. Ayer me palpaba la piel dolorida y pensé que se acabó. Que no puedo más. Así que la decisión se llama que esta niña de aquí se roacutanizará otra vez a partir del miércoles que viene. Viva y bravo.

El Roacután, para quien no lo sepa, es el nombre comercial del medicamento más poderoso que existe contra el Acné del Averno. Es un medicamento que ya he tomado varias veces, así que sé lo que va a pasar. En tres meses tendré la piel normal. En seis, pareceré una princesa. Después aguantaré un periodo variable más o menos bien y después estaré otra vez como al principio. Por el camino quizá me salgan eczemas, se me secarán los labios y me dolerán las articulaciones; todo para tener, como mucho, un año de paz.

Pero será Un Año de Paz y, francamente, necesito un respiro. Necesito ese año para poder pensar en otra cosa. Ya lo dije hace unos días: yo lo tengo todo menos alguien que se ocupe de hacerme favores. Y no está mal, porque yo me puedo ocupar bastante bien de mí. De forma precaria a veces, lo admito: cada vez pongo programas más cortos en la lavadora, y desde que el Zulo Autolimpiable se limpia solo, ni recuerdo la forma que tenía el estropajo del baño. Pero sé cuidarme. Aun así, a veces necesito de verdad que alguien se haga cargo y me diga: tú a lo tuyo, pequeña, que de esto me ocupo yo.

El Roacután va a hacer eso por mi cara durante un tiempo, y yo se lo agradezco.

Estoy luchando mucho en esto, y vosotros lo sabéis, pero he llegado a un punto muerto. Necesito sentirme normal un tiempecito, unos meses. No tener que hacer el esfuerzo de aceptar, o ignorar, o llámalo X, el extraño fenómeno que ataca mi cara, ni pensar posibles causas, ni cambiar de dieta cada mes. Es muy doloroso, es muy cansado y me merezco un respiro. Después veré cuál será la siguiente fase del plan. Quizá reúna valor para experimentar otra vez con la comida. Quizá me resigne a tomar anticonceptivos toda la vida; si, total, no creo que engañe a nadie para que se reproduzca conmigo. Mientras tanto, quiero pasarme un añito con mi cara como aliada en vez de como enemiga.

Estoy mucho más aliviada que avergonzada por esta decisión, de verdad. Estoy francamente contenta. Lo mío es un caso verdadero de antianorexia, porque yo me siento guapa por dentro, y cuando la piel se me rebela, me entran ganas de arrancármela con las uñas. Así que voy a dejar que alguien se encargue de que la piel de fuera enseñe la belleza que yo siento por dentro. Voy a disfrutar del proceso. Después ya se verá.

PD: Abro de nuevo los comentarios y retorno a mi política de contestarlos todos. Disculpad que me haya dejado ir un poco esta última semana.

No dormir

Ya hace tiempo que no me gusta dormir, en el sentido de que me parece una pérdida de tiempo. Dormimos, entre otras cosas, para darnos un respiro de realidad. Porque demasiada vida sobre nuestros hombros puede resultar agotadora. Hoy me gustaría poder recargar energía en un rato y seguir aquí. Hoy querría escribir insomne toda la noche. Quizá debería hacerlo. Quizá la misma energía que puede mantenerme despierta para estar de fiesta podría aguantarme también hoy, y entonces me quedaría aquí tecleando hasta que amaneciera el día detrás de la ventana. Escribiría sobre mi primer beso. El primer beso verdadero; nada de aquellos contactos seguros y torpes jugando a la botella y a las tres monedas. El beso que nos dimos al final de la ruta del Cares el chico al que conocí en un campamento con catorce años y yo. Nos sentamos en el lecho de un arroyo, él me pasó el brazo por los hombros y nos besamos como dos trenes que se chocan. ¿Quién te enseñó a besar?, dijo él luego; no sé si lo pensaba de verdad o si era peloteo. Una vez alguien me dijo que todo el mundo piensa que besa bien. Pues claro. Yo beso bien. Me gustan los besos decididos y sin babas. No me gustan los besos breves ni los labios blandos. Me gustan el mordisqueo y los agarres de pelo. No me gustan los dientes que chocan. Me gustan las lenguas por el borde de los labios y los ojos abiertos.

Querría escribir sobre muchas cosas hoy. Sobre mente y ficción, sobre las personas, sobre el señor de mi barrio que tenía una tiendecita pequeña y que la cerró hace unos días porque ya no vendía. Ni siquiera sabía su nombre, pero me saludaba con mucha alegría cada vez que pasaba por su puerta, como si de verdad se sintiera feliz de verme. Siento mucho que haya tenido que cerrar su tienda; por él y por mí, que me voy a perder sus sonrisas resplandecientes cuando volvía a casa cargada con la mochila de escalar. Querría escribir sobre ti, por qué no. Sobre todos tus detalles y todo lo que te hace persona. O quizá querría escribirte sobre todo lo que me gusta a mí y me hace persona. A veces pienso en ti y tengo que decir tu nombre con los labios porque no me cabes entero dentro del pecho. Sé que ni siquiera escribirte me salvaría.

Ahora podría escribir cualquier cosa, hacer cualquier cosa. Cualquier cosa menos dormir; todo menos perderle al día seis o siete horas valiosas entregada a los caprichos de mi subconsciente, que se empeña en soñar con el pasado, con gente que no existe o que no me quiere, y que me recuerda que olvidar no es nada sencillo. Cualquier cosa menos eso.

Pero no me queda más remedio, así que duermo. Cierro el portátil, cierro los ojos y duermo. Recordando que mejor no ponerme dramática, porque las cosas están bastante bien como son. Recordando, eso siempre, que lo mejor de no poder escribir más es querer hacerlo.

martes, 11 de diciembre de 2012

Siete chorradas que todo psicólogo ha tenido que escuchar alguna vez

Aclaraciones previas a este post:

1) Me encanta mi trabajo, es genial y no lo cambiaría por nada del mundo.
2) Cada curro tiene su idiosincrasia, y estoy segura de que todos los gremios están hartos de cosas. Seguro que los fisioterapeutas odian que les pidan masajes o los médicos que les hagan consultas chungas de pasillo.
3) En general, la gente que me rodea respeta y valora mi trabajo.
4) Aunque no fuera así, me la pela porque yo lo respeto y lo valoro, me parece el más flipante del mundo y me acuesto todos los días dando gracias al cielo por haberlo elegido.

Dicho esto, hoy vamos a tener un arrebato sobre las diez chorradas que todo psicólogo ha escuchado alguna vez y lo que pensamos de ellas en realidad.

1. ¡No me psicoanalices! 

Vale. Lo pillo. Pillo que para ti todos los psicólogos psicoanalizan. Entiendo que no tienes que saber que el psicoanálisis está más pasado de moda que hacerse la permanente, ni que hay como veinte millones de orientaciones psicoterapéuticas más recientes e interesantes. Aun así, no te estoy psicoanalizando. Te miro y/o te escucho, punto, y muy probablemente mientras lo hago mi cerebro está pensando en dibujitos antiguos de Mickey Mouse, como el de Homer.

2. Yo es que no creo en los psicólogos.

Aquí lo que me pone de mala leche no es el concepto en sí, sino lo mal que se expresa la gente. Puedes decirme que no crees que los psicólogos sean útiles. Puedes decir que no piensas que la mayoría de la gente necesite un psicólogo. Pero no creer en los psicólogos es imposible. Estamos aquí y no necesitamos de tu fe para existir. No somos Papá Noel.

La última respuesta que estoy ensayando cuando me dicen eso es ésta:







3. Yo no soy psicólogo, pero... (seguida por cualquier tipo de afirmación acerca de la vida/ las relaciones/ el comportamiento humano/ etc).

No hace falta que aclares que no eres psicólogo. Da tu opinión y ya. Todos intentamos explicar el comportamiento de los demás y el nuestro, y tu explicación es tan válida como la mía. De nuevo: no voy por ahí juzgando a la gente, ni la psicología me da una visión arácnida perspicaz sobre Absolutamente Todo.

4. Yo soy muy psicólogo/ mis amigos me dicen que soy su psicólogo/ yo tenía que haber sido psicólogo.

No. Lo sentimos, pero no. Dar consejos a tu colega no te convierte en psicólogo. Escuchar a tu hermano y luego decirle "pues yo lo que haría sería tal y cual" no te convierte en psicólogo. Puede que tengas paciencia, puede que sepas escuchar, puede que los demás confíen en ti, pero no tienes ni puñetera idea de lo que se hace en la consulta de un psicólogo. Si todo va bien, me voy a pasar diez años formándome para ser clínica, y lo más seguro es que cuando llegue allí no haya hecho más que empezar. El comportamiento humano es complejísimo. Una intervención psicológica bien hecha es algo muy, muy delicado. Nadie dice "yo soy muy médico". Ser psicólogo no es una característica de personalidad: es una profesión.

5. Oye, tú que eres psicóloga, ¿qué hago con (situación compleja de la vida)?

No tengo ningún problema en escuchar e intentar aconsejar a la gente. Me gusta, de hecho. Lo que pasa es que está comprobado que los consejos gratuitos de un psicólogo conocido se van a la basura la mayor parte de las veces. Es una cuestión de encuadre. Lo mismo que te digo yo te lo dice un terapeuta prestigioso a setenta euros la sesión y te lo crees más; eso es así. La disposición para el cambio no es igual cuando uno va a la consulta de un profesional que cuando el profesional está enfrente tomándose un cafelito. Así que si quieres cuéntame lo que sea, pídeme opinión, pero no me la pidas "como psicóloga", porque es imposible que te la dé. No soy tu psicóloga: soy tu colega o tu amiga.

6. Y tú entonces ¿qué haces con tus pacientes? ¿charlar?

Sí, básicamente hago eso. Charlo. De la vida y tal. De Belén Esteban, Iker Casillas y la última temporada de Amar en Tiempos Revueltos. Yo entiendo que lo mío no sea tan espectacular como, qué te digo yo, intubar a un tío en parada cardiorrespiratoria, pero también es una intervención, y es complicada, y tiene consecuencias. Yo dialogo, converso, utilizo las palabras, pero no charlo.

7. Entonces, la diferencia entre un psicólogo y un psiquiatra ¿cuál es? ¿que tú no puedes medicar?

Sí, bueno. Y la carrera que hemos estudiado y tal. Ya sabes: medicina, psicología... no están exactamente superpuestas.

Mi amiga Luna siempre dice que ella no quiere medicar. Yo tampoco. Creo que no poder medicar es un estímulo para ser más creativo con todas las otras herramientas de las que dispones. Te deja desnudo. No puedes recurrir al socorrido "bueno, pues te voy a poner algo para que duermas mejor".

Que conste que me llevo muy bien con los psiquiatras en general y que los MIRes de Cádiz, en particular, son Puro Amor. Que conste también que una medicación bien puesta puede ayudar mucho, mucho.


Hale, fin de mi volunto. Seguro que me faltan frases, porque hay muchas. Pero en realidad, cuando me dicen alguna de las anteriores no me cabreo. Me encojo de hombros y pienso que está bien así. Que no sepan de psicología. En primer lugar, porque eso quiere decir que nunca han necesitado un psicólogo, y eso es genial. En segundo lugar, porque me mola que no se sepa exactamente lo que hacemos. Que podamos convertirnos, como dice Batalecotal, en la mano en la sombra. Anxo hablaba el otro día de la humildad necesaria en esto. Casi nunca se te atribuyen los cambios; casi siempre hay otra forma más lógica de explicarlo. Pero tú estás ahí y sabes lo que hay. Sabes lo que sabes y lo que curras. Y, sobre todo, sabes que en psicoterapia, como en muchos otros campos del conocimiento, una tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.