massobreloslunes

martes, 8 de julio de 2008

El traje nuevo del emperador

Mañana me voy a Italia. Creo que eso ya os lo he dicho. Lo que no os he dicho es que antes tengo que cubrir un turno de despacho de mi maldita-maldita-beca. Por si no os he explicado antes en qué consiste mi cometido como becaria, se supone que tengo que ayudar a alumnos y a profesores con el trabajo extra que se derive de la aplicación del plan Bolonia: echar una mano con los power points y presentaciones orales, corregir trabajos, etc. En la vida real, lo que hago básicamente es pasar notas de alumnos a Excel y venir a la facultad dos tardes por semana a atender a un alumnado que no tiene ningún interés en ser atendido. No viene nadie NUNCA, pero ahora es JULIO, así que es imposible que vengan alumnos por la sencilla razón de que aquí no hay alumnos (bueno, miento: acabo de ver a una de las empollonas de mi clase en un aula de informática con otro grupito haciendo nosequé. Seguro que son extras para subir nota de los que no quiere que los demás nos enteremos).

¿Qué haces aquí entonces, dulce Marina? Eso quisiera saber yo, avispado lector. Cuando me enteré de que teníamos que venir en verano a atender al alumnado inexistente, intenté apelar al supuesto sentido común de mis congéneres humanos.
- ¿Pero por qué tenemos que venir en verano?
- Pues porque la beca dura nueve meses y empezamos en noviembre.
- ¿Y por qué no la resuelven antes?
- ...
- Bueno, ¿y por qué no juntamos todos los turnos que nos tocan a cada uno para tener que venir sólo una vez?
- Porque entonces nuestra dedicación al resto de tareas de la beca se resentiría.
- ¿¿¿RESTO DE TAREAS???
- ...
- Bueno, ¿y por qué no venimos en octubre, que todavía no se habrá resuelto la convocatoria del año que viene? En octubre sí hay alumnos y profesores, y a principios de curso es cuando hace falta más ayuda.
- Es que octubre ya es de la convocatoria del año que viene y nosotros ahí no nos podemos meter.
- ¡¡Pero si la convocatoria no sale hasta noviembre!!
- ...

Total, que no ha habido manera. Aquí me tenéis, y otros dos días de septiembre que también me tocan a mí. Y aún tengo que estar agradecida, porque me han juntado los turnos y con venir dos veces mañana y tarde ya he cumplido. A mí no es que me importe trabajar, ni siquiera venir aquí. Me jode la irracionalidad, esta sensación de estar vendiendo mi tiempo en lugar de mi esfuerzo. Que me sienten aquí a echar horas en el messenger para justificar lo que nos pagan (que tampoco es tanto, al fin y al cabo, y que encima nos llega con meses de retraso), hace que me hierva la sangre.

Para colmo, mañana no puedo venir (si todo va bien, estaré metida en un autobús on the way to Madrid para coger el avión a Roma) y no encuentro a nadie que me cambie el turno. Que si convenciera a las conserjes para que encendieran la luz durante el tiempo que se supone que voy a estar aquí, el efecto sobre la comunidad educativa sería más o menos el mismo. Pero ahí me tenéis, suplicando favores porque "esto no se puede quedar desatendido". Como si fuera una centralita del 061. Ya puedo imaginarme a los alumnos volviendo súbitamente de sus vacaciones y haciendo cola en la puerta para que les explique cómo se hace un póster para un congreso. "¡Por favor, por favor! ¡Si no encuentro la forma de pegar esta gráfica, el universo implosionará!".
Bueno, voy a poner esto para que se publique mañana, que si no me voy a quedar sin posts vacacionales enseguida. Seguiremos en contacto, queridos lectores.

PD: Que me vaya de viaje no quiere decir que no vaya a leer con cariño e ilusión todos vuestros comentarios. Es más: mi cariño y mi ilusión serán mucho mayores después de ocho días (¡OCHO DÍAS!) de abstinencia. Esto quiere decir que como llegue y no me encuentre mis posts programados llenos de comentarios laudatorios, en el próximo viaje os dejo a pan y agua quizá me esfuerce menos en disimular mi ausencia.
PD2: Pero os quiero, ¿eh?

domingo, 6 de julio de 2008

Me voy

Ahora que se están poniendo tan de moda los coach, entrenadores personales e incluso asistentes que te compran la ropa sin que tú tengas que salir de casa, se me ocurre un sector de mercado inexplorado que podría dar muchos beneficios: preparar equipajes. Todos estamos de acuerdo en que viajar es genial, sí, pero ¿quién no pagaría para que alguien se encargara de hacernos la maleta y nos depositara, con todo lo necesario pero sin llevar más carga de la cuenta, en el mostrador de facturación del aeropuerto? El preparador de equipajes estudiaría el viaje en cuestión, las características del viajero y otras circunstancias (limitaciones de las compañías aéreas, costumbres autóctonas) y prepararía una maleta óptima para que nosotros sólo tuviéramos que preocuparnos de anticipar las maravillas foráneas.

Por desgracia, creo que aún no se ofrece ese servicio y, en cualquier caso, no creo que pudiera permitírmelo. Así que tengo que hacerme yo solita el equipaje para pasar ocho días en el sur de Italia, con un handicap: sólo podemos llevar 10 kg de peso y hay que dejar espacio para parmesano barato y pasta precocinada de sabores chulis regalos para todos. Cualquiera que me conozca un poco puede dar fe de que la pasión por el riesgo no es una de mis virtudes. Yo soy la típica que lleva en el bolso una rebeca, un botellín de agua y un neobrufén. La típica que quiere reservar el camping y llevar muchas sombrillas a la playa para no deshidratarse. Mis amigas, que son una mezcla entre Chuck Norris y el tipo ése de la Ruta Quetzal (¿cómo se llamaba?), se ríen mucho de mí por estas cosas. Véase si no un extracto del mail que nos ha enviado hace poco mi querida amiga PK, que es la que vive en Italia y nos alojará estos días:

A ver, os informo: aki hace calor, y mucho, si alguna se kiere traer algo pa cubrirse x la noche en la playa o algo asi...k lo haga, tp pesa tanto en la maleta, xo vaya, yo aki tengo cosas y no los estoy usando, un chal en to
caso.(este punto es sobreto pa marina, k luego ya se como es con el frio)

(Nota: no juzguéis a la PK por su ortografía).

Ahí lo tenéis. El caso es que aquí estoy, viviendo sin vivir en mí pensando en qué voy a poder meter en mi maleta limitada. Tendré que ceder en alguno de mis básicos, como el forro-polar-por-si-acaso, el perfume o el aloe vera. De todas formas, hay algo que me parece profundamente injusto: yo, Marina, 47 inocentes kg de peso, 10 kg de equipaje; un señor italiano aficionado a la lasaña, 90 kg de peso, 10 kq de equipaje. A mí que me lo expliquen. Si la vida fuera de verdad justa, podría llevar una maleta normal, e incluso tendría que pagarme la compañía aérea por hacer que su avión viaje liviano y seguro.

Gracias al posteo programado de blogger, podré dejaros alguna muestra de mi escritura maravillosa para que no me echéis mucho de menos, que ODIO a la gente que se va y me deja huérfana durante semanas con la excusa de "blablabla, estoy de viaje, blablabla". Sí, claro; cuando vuelvas de tu viaje y estés otra vez metido/a en tu rutina miserable, ¿a quién le suplicarás para que te deje comentarios y alegre un poco tu triste vida?

Bah, no me hagáis mucho caso hoy. Estoy premenstrual y previaje. Se me pasará.

jueves, 3 de julio de 2008

Confusiones



Cuando fui a mi primer taller de escritura, allá por mis años mozos, nuestro profesor de entonces nos habló del famoso minicuento de Augusto Monterroso. Seguro que lo conocéis:

Cuando se despertó, el dinosaurio aún estaba allí.

Este minicuento, por muy famoso que sea, tiene un problema: es sintácticamente confuso. Leedlo atentamente y entenderéis a qué me refieiro. Así que la primera vez que lo escuché y hasta mucho tiempo después, pensé que era el dinosaurio el que se había despertado. Pero resulta que no: el protagonista del cuento es otro, un él invisible, que es quien ve al dinosaurio cuando se despierta. Ahí está la gracia, se supone. Sin embargo, a mí el minicuento me parecía lo suficientemente fascinante con el significado que le daba yo (me lo ponía de nick en el messenger y, en aquella época de mi vida -turbulentos diecisiete-, ése era el mayor honor que podía darle a una frase). Todavía me lo parece: despertarme cada mañana y descubrir que aún estoy aquí, que sigo siendo Marina en el cuerpo y la vida de Marina, en general me parece normal, pero a veces me sorprende. Éste es un concepto muy raro que creo que ahora no podría explicaros bien, porque estoy muy cansada, pero tiene que ver con que me resulta un poco extraño mantener una identidad constante a lo largo de la existencia: con la de posibilidades que tiene ser humano, y a nosotros la vida no nos ha dado más que una. Otro día amplío la idea, lo prometo.

Otro caso curioso de confusión gramatical lo protagoniza el omnipresente J., que durante mucho tiempo pensó que la máxima del relato "no decir, mostrar" (o sea, no explicar los sentimientos, sino hacer que el lector los perciba y pueda vivirlos) era una prohibición de decir la palabra "mostrar". Menos mal que no es un verbo de uso muy común en los relatos.

En otro orden de cosas, he empezado mis vacaciones y cambiado la posición sentada típica del estudio por la horizontal del vagueo indiscriminado. Así que no os preocupéis por mí si no escribo mucho.

lunes, 30 de junio de 2008

Se me ocurre

Esto de los blogs es un putiferio. Admitámoslo. Quien no se haya enrollado nunca con un bloguero (y con "enrollarse" quiero decir "tener sexo con", que luego algunos se meten con mi lenguaje de instituto), que tire la primera piedra. Vamos de intelectuales y de follar con las mentes a lo Martín Hache, pero luego ahí andamos todos lanzándonos las cañas y viendo a ver si pica algo.

A mí eso me parece muy bien. Yo estoy a favor del amor en general y del guarreo en particular. Lo que pasa es que a veces es difícil dar con la media naranja por este medio tan proclive a las exageraciones y a las ligeras distorsiones de la realidad. Luego se encuentra uno con que a ese chico que escribe tan bien el Señor no le dio ningún otro don, o que ese otro chico que parecía tan maravilloso tiene una novia formal que no se entera de nada. Para evitar estos malentendidos y preservar en lo posible la integridad de nuestros corazones, opino que podríamos montar una especie de Meetic bloguero, una página de contactos donde se resumiera la información importante para los potenciales interesados en mantener relaciones romántico-sexuales con otros blogueros. Así pasaríamos un primer filtro y reuniríamos sólo a la flor y nata de la red (o a los que no tenemos otra cosa que hacer que actualizar tonterías, claro, rasgo de carácter que, por otra parte, a mí me parece un valor).

He preparado un pequeño cuestionario (deformación profesional) donde resumo las preguntas que considero básicas para iniciar una relación internáutica. Os doy permiso para reproducirlo, enlazarlo en la barra lateral de vuestro blog y/o enviárselo al próximo que pretenda vuestro corazón cibernético, así como para añadir las preguntas que consideréis convenientes.


AMOR BLOGUERO: CUESTIONARIO DE COMPATIBILIDAD CIBERNÉTICA

Nombre o nick:

URL:

Temática del blog:

Frecuencia de actualización:

Soy un psicópata que utiliza el blog para atraer a sus víctimas.
a) Sí.
b) No.

(Si contestó "Sí" a esta pregunta, por favor, no siga respondiendo al cuestionario)

Lo que escribo en mi blog es
a) 100% verdad.
b) 100% ficción.
c) mitad y mitad.

Tengo pareja
a) Sí, pero me va la marcha.
b) No, podrías ser tú.

Busco
a) A mi media naranja y/o alma gemela.
b) Guarreteo sin más.

Encontrarás fotos mías en mi blog
a) Sí.
b) No.

(Contestar sólo si se respondió "b" a la pregunta anterior) No pongo fotos porque
a) Me hago el interesante.
b) Objetivamente tengo un físico regulero.

Ligo por Internet porque
a) Me parece una buena manera de conocer gente con la que tengo cosas en común.
b) En persona pierdo.
c) Soy un freak.

Faltas de ortografía
a) Las tolero.
b) No las soporto.

Valoro el físico
a) Sí.
b) En su justa medida.
c) No.

Estoy dispuesto a llegar
a) Hasta comentarios con un grado variable de carga sexual.
a) Hasta intercambio de mails y tonteo por el messenger.
b) Hasta donde haga falta.

La distancia
a) No me importa. Viajaría por tierra, mar o aire para conocerte.
b) Sí me importa. Abstente si no eres de mi provincia o limítrofes.

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domingo, 29 de junio de 2008

Perfeccionando lo simple I: Macarrones a la putanesca

Queridos lectores/as:

Aprovecho el inicio del verano para inaugurar esta nueva sección. Desde que soy estudiante con asignación monetaria restringida, me he visto obligada a encontrar los pequeños lujos de la vida que combinan su escaso coste en tiempo y en dinero con su exquisitez más allá de toda duda. Perfeccionando lo simple es algo más que una estúpida categoría en un estúpido blog: es una filosofía de vida, una visión del mundo. Se basa en la creencia de que hasta lo más sencillo puede mejorarse y alcanzar cotas de perfección que hacen la vida más hermosa y agradable. También tiene que ver con la voluntad de disfrutar de las pequeñas cosas y no estar esperando siempre a que nos toque una semana gratis en un spa o que nuestra pareja nos lleve a comer marisco. Esta sección abarcará muchos aspectos simples y perfeccionables de nuestra vida: desde recetas de cocina hasta paseos bajo la lluvia o posturas eróticas. Espero que disfrutéis.


Hoy: MACARRONES A LA PUTANESCA

Empezamos con comida por una razón muy sencilla. Mi padre me dijo de pequeña que lo importante de saberse cocinar no es tanto la autonomía (al fin y al cabo, cualquiera puede apañarse para sobrevivir) como la calidad de vida. Ser capaz de prepararme para mí sola una deliciosa cena de dos platos y postre me hace sentir rica de espíritu. Por eso, creo que es importante perfeccionar lo simple en la cocina, sobre todo cuando se cocina para uno y a veces sólo hay ganas de hacerse un sandwich.

Una amiga mía dijo una vez: "la pregunta no es ¿qué comemos hoy?, sino ¿qué le echamos a la pasta?". El precio y la versatilidad de este alimento italiano, unidos al hecho de que hace falta ser oligofrénico para cocinar mal un plato de pasta, la convierten en un elemento indispensable en la cocina de cualquier estudiante o mileurista de a pie.

La cuestión es que a veces el tema de la pasta se hace un poco monótono. No tenemos tiempo, así que acabamos echándole un chorreón de tomate y un poco de sazonador para espaguetis marca Hacendado y para el buche. Tenemos buenas ideas, claro, pero esas ideas requieren tiempo y ganas de cortar, sofreír, dejar cocer a fuego lento, etc etc.

¿Existe un término medio entre la pasta de gourmet y los macarrones de comedor del colegio? ¿Cómo encontrar un plato de pasta que se prepare rápido yque sea exquisito? Tranquilos, tengo la solución: Los macarrones a la putanesca made in Marina.

El procedimiento es el siguiente. Se pone a hervir abundante agua en una olla grande. Mientras, puede uno dedicarse a fregar los platos del día anterior o a inspeccionar la nevera en busca de alimentos en estado avanzado de descomposición (una práctica muy útil en un piso de estudiantes). Una vez que el agua ha hervido, se le echa una cucharadita de sal e inmediatamente después, los macarrones. Aquí uno puede tirar del Mercadona o, si realmente quiere perfeccionar lo simple, marcársela con unos Barilla o algo parecido. Sin embargo, el espíritu de esta sección implica recortar gastos, y en cualquier caso lo bueno que tiene este plato es que va a estar rico igual. Hemos escogido macarrones porque su forma hueca facilita el atrapado de los tropezones y la salsa, un punto muy importante para la degustación de esta receta.

Si queremos que el aprovechamiento del tiempo sea óptimo, éste es el momento de empezar a cocinar la salsa. Ponemos al fuego un cazo pequeñito en el que mezclamos (del tirón, no importa el orden de los ingredientes ni tienen que hacerse unos antes que otros):

- Un buen chorro de tomate frito. Después de una larga experiencia con la cesta de la compra, he seleccionado algunos productos que pueden comprarse de marcas blancas y otros en los que, sin duda, merece la pena gastarse el dinero para comprárselos de marca. Uno de ellos es el tomate frito: comprad Orlando, por favor. Hacedlo por mí. Además, la modalidad con aceite de oliva tiene una tapita que se abre y se cierra y es la mar de práctica.
- Otro buen chorro de cerveza o vino blanco. Nota: el vino blanco se vende en tetra briks pequeñitos, como los de los batidos del cole. Son muy útiles si sólo lo utilizáis para la comida o si queréis que vuestros hijos tengan un recreo divertido.
- Una cuantas aceitunas negras partidas en trocitos.
- Otras cuantas aceitunas verdes partidas en trocitos.
- Aceitunas negras y verdes enteras o por la mitad. Esta variedad en el tamaño de los tropezones es otro de los ingredientes principales del éxito del plato, así que no os saltéis este punto.
- Un puñadito de alcaparras. Mi vida como cocinera y como persona tiene un antes y un después de las alcaparras. Si uno prueba una alcaparra, en general encontrará su sabor indefinible y asqueroso; sin embargo, si se mezcla con salsa de tomate se produce el milagro y uno se pregunta cómo ha podido su paladar vivir hasta ese momento sin esa explosión de sabor.
- Un par de cayenas enteras. La cayena debe dejarse un rato, en función de lo mucho o lo poco que os guste el picante. Para amantes de las emociones fuertes, recomiendo machacar la cayena en el mortero y añadirla a la salsa. Para los demás, no os olvidéis de sacarla de la olla antes de servir el plato. Masticar una guindilla en plena comida la convierte en algo muy alejado de la perfección.
- Sazonador de espaguetis del Mercadona y otras especias al gusto.

Todo este mejunje se deja hervir tranquilamente mientras se hacen los macarrones. Para que la pasta esté en su punto, hay que sacarla del fuego un pelín antes de que esté hecha y verterla en el colador con un chorrito de aceite. Una vez allí, ella sola terminará de cocerse con el calor residual. Esto me lo enseñó J., a quien a su vez se lo enseñó su compañero de piso italiano. Me hace gracia que los italianos sean tan sibaritas para cocinar algo tan simple como la pasta. Realmente, ellos están muy en el espíritu de este post.

Una vez hecha la pasta, se mezcla en la olla pequeña con la salsa. Si sois más de poner los macarrones en el plato y verter la salsa por encima, allá vosotros, pero a mí me gusta más mi sistema porque todo coge más el sabor de todo. Soy muy maniática con la temperatura de la comida, así que lo remuevo hasta asegurarme de que está al rojo vivo.

Para terminar, se sirve en el plato y se espolvorea con queso rallado. Recomiendo rallar un poco de Grana Padano por encima: en el Mercadona venden trozos a tres euros, y creedme que por l o que dura y por la medida de la mejora que introducirá en vuestras vidas, merece la pena. El Grana Padano lo mejora prácticamente todo en la cocina (a excepción, quizá, del gazpacho).

Recomiendo comer con cuchara para coger bien los tropezones, pero allá cada cual.
¡Que aproveche!


Próxima entrega de Perfeccionando lo Simple: La siesta.

sábado, 28 de junio de 2008

Cuerdos entre locos

Una cosa que me gusta mucho de mi carrera (y que nunca pensé que me interesaría) son los experimentos. Pero no los de ahora, no. Los de ahora sólo averiguan estupideces, como que la latencia del potencial p300 es ligeramente mayor en daltónicos zurdos cuando llueve en Murcia. Qué va: molaban los de antes, los de la primera generación de psicólogos, cuando todavía estaba todo por descubrir y uno podía contestar a las grandes preguntas: ¿qué es el racismo? ¿por qué los guapos caen mejor? ¿cómo puede un país entero aficionarse de pronto a la Eurocopa?. Además, por aquel entonces la ética era un rumor del que apenas se oía hablar en universidades y laboratorios, y hacían cosas divertidísimas sin que ningún mojigato levantara la voz.

Por ejemplo, Milgram, que descubrió que la mayoría de nosotros estamos dispuestos a freír alegremente al prójimo sólo por obedecer a la autoridad. O Rosenthal, que dijo a unos profesores que la mitad de sus alumnos eran especialmente brillantes y la otra mitad mediocres (era mentira, claro: los niños habían sido divididos al azar), y encontró que al final del curso, en efecto, los resultados de los tests de coeficiente intelectual habían variado en función de cómo los profesores trataban a los niños. O Rosenhan, que se metió en un manicomio haciéndose pasar por esquizofrénico para probar que los psiquiatras no podían detectar que mentía.

Os cuento esto porque hoy, estudiando Neuropsicología (mi asignatura favorita del mundo mundial) me he encontrado, una vez más, con el famoso caso H.M. H.M. era un señor con unas fuertes crisis epilépticas que no remitían con medicación. Su neurólogo decidió que la única solución era extirparle el lóbulo temporal, que es el que se encarga de la capacidad de aprender y consolidar conocimientos nuevos. Así que el pobre H.M. se curó de la epilepsia, sí, pero también se quedó sin memoria anterógrada: no retenía nada a partir del día de la lesión. Cada nuevo día era para él un día nuevo. Literalmente.

¿Qué hicieron los psicólogos de su alrededor? Practicarle pruebas como locos para ver si averiguaban dónde estaban localizados los distintos tipos de memoria, de qué se encargaba exactamente la parte que le faltaba, etc., etc., Más de 100 estudios hay hechos con el pobre H.M. Y hoy estaba yo preguntándome cómo habría consentido el buen señor en ser cobaya humana durante tanto tiempo. Hasta que he pensado: cómo no va a consentir, si no se acordaba de todos los experimentos anteriores. Me he imaginado a los investigadores entrando cada mañana en el dormitorio de H.M. y diciéndole: “Buenos días, señor M., somos psicólogos de la Universidad de Massachussets (es un poner), ¿le importaría colaborar con nosotros en un estudio?”. Y el pobre señor: “Uy, un estudio, qué interesante, ¡claro que sí!”, sin acordarse de que el día anterior le habían tenido toda la tarde aprendiendo a dibujar en espejo o alguna chorrada de este tipo.

Me he reído mucho hoy pensando en el pobre H.M. y en los científicos crueles convirtiéndole en un galeote de la investigación neuropsicológica. Bueno, al fin y al cabo lo mismo le daba, ¿no? Y la investigación, o al menos los investigadores, se han beneficiado mucho de su colaboración.

Además, quién sabe: a lo mejor a todos nos iría mejor si pudiéramos empezar cada día como si fuera completamente nuevo, sorprendidos como por primera vez por nuestro despertador, por nuestra casa, por la cara de nuestra esposa, sin que nos cansara nunca el repetitivo latido de la vida.

Extirpaciones temporales para todos. Pensadlo.

viernes, 27 de junio de 2008

Justicia poética (III) (y fin)

Esta historia empieza aquí y continúa aquí.

V

Al final, el jurado falló a favor de los demandantes, y la jueza, una afroamericana poco agraciada que había intentado sin éxito que la quisieran por su interior, condenó a medio Hollywood a pagar unas cantidades desorbitadas a la AVICOR. Éstos, en un gesto que les honra, donaron gran parte del dinero a la Fundación Corazones Rotos, destinada a ayudar, al menos en lo económico, a otras víctimas del gran engaño hollywoodiense. La Fundación lo mismo pagaba una semana en un spa para que el afectado se relajara y se olvidara de su amor perdido, que cubría el seguro médico en caso de daños físicos o costeaba las bajas si el dolor impedía trabajar al afectado.

Gary Osman encontró a otra mejor amiga. Lesbiana.

Tracy Mitchell se apuntó a un seminario sobre “El amor en la vida real: más allá de la Red”. En él aprendió mucho sobre habilidades de seducción y se convirtió en una consumada devorahombres. Le partió el corazón a K.

Angus McDonald, que ahora es rico, no ha tenido problemas para acostarse con todas las chicas guapas de su instituto.


Eva Méndez aún busca el amor; entretanto, se ha hecho fan de las pelis de Bruce Willis.

Meg Ryan se ha mudado a Europa a hacer películas de cine independiente. Aún intenta que Almodóvar le de un papel.