Si tuviera que apostar por mí misma escribiendo la Nanovela, iría a por el no en un 90% de las posibilidades. Digamos que hoy es lunes por la noche, no he cobrado, estoy premenstrual como el Averno, odio a los hombres y el hecho de tener sentimientos, me duelen las yemas de los dedos de escalar en arenisca y me siento gorda. Mañana es el primer día de noviembre. Planeo levantarme no muy temprano, hacerme un buen desayuno y ponerme a escribir. Lo que sea. Dos mil palabras, más si puedo.
He estado pensando en echarme reflejos pelirrojos. En mis veintiséis años de vida, nunca jamás he teñido ni uno solo de mis dorados cabellos. Sólo les echo camomila para que el invierno no me los deje castaños. Mi rubiez es parte de mi identidad: me encanta ser rubia y que me brille el pelo al sol refulgentemente, me encanta que me digan "rubia" así como con cariño y que a veces me confundan con una guiri. Por otra parte, siempre he querido ser pelirroja, y al mismo tiempo siempre he pensado que seguro que me queda fatal.
Y ahora os preguntaréis: Marina de mi alma, tú eres una escritora con experiencia que sabe lo que es la cohesión en un texto, así que explícame por favor qué tiene que ver el primer párrafo con el segundo.
Pues tiene que ver en que he estado planteándome muy seriamente teñirme de pelirroja mañana, así a lo loco, y después ponerme a escribir mi novela. Como si la yo pelirroja fuera la yo capaz de escribir cincuenta mil palabras en un mes. De alguna forma, es como si todo se decidiera mañana. No tengo más que unas cuantas ideas, esbozos de personajes y un atisbo levísimo de algo que no es una trama, sino como mucho un hilo argumental. Por no tener, no tengo ni motivación ni excesivas ganas. Así que si mañana me pongo a escribir y saco algo en claro, si soy capaz de escribir dos mil palabras absurdas, quizá esto tenga algún futuro. Si veo que me atasco y/o si me puede la ansiedad frente a la hoja en blanco, terminaré por abandonar.
Y me pregunto por qué no he abandonado ya, si en realidad no me apetece, si no tengo la idea nada clara, si encima me han puteado esta mañana inscribiéndome en un curso complementario de la residencia que es mortal de la vida. Creo que es porque en el fondo tengo esperanzas sobre la novela; no sobre el resultado, sino sobre el hecho de escribir. Tengo esperanzas sobre sentirme feliz escribiendo y disfrutar del proceso. Pienso que puedo hacerlo si encuentro el valor necesario para seguir adelante sin saber lo que hago.
Os contaré mañana cuántas palabras he escrito. Y prometo sacar fotos si al final me tiño el pelo.