Vamos a hablar de cuentos/relatos/llámalo X. El cuento es un género gourmet: poco leído pero muy valorado. Yo no os voy a engañar: donde se ponga una buena novela, que se quite lo demás. El problema de los relatos cortos es que uno tiene que realizar demasiadas veces en poco tiempo el esfuerzo de meterse en una historia, y también que a veces te quedas con ganas de saber más de los personajes. Pero cuando un relato está bien construido, proporciona un momento breve de belleza, una especie de satori del alma, que a veces a las novelas les cuesta alcanzar.
Si no estáis acostumbrados a leer relatos, aquí tengo algunas recomendaciones para comenzar. Leer cuentos da mucho glamour cuando te preguntan qué tipo de literatura te gusta: te rascas la cabeza, te subes las gafas y dices "yo soy un admirador del relato corto como género, ya sabes: herederos de Carver y Chéjov, realismo sucio... todo eso". Y la gente flipará con tu gafapastismo. Ya en serio: está muy bien leer relatos de vez en cuando, abre nuevas posibilidades a la ficción y a tu cabeza.
Se me ha ocurrido esta entrada porque sigo leyendo a Bernhard Schlink; concretamente, los relatos de "Amores en fuga". Qué puedo decir. Hoy le he dado un beso al libro. Un beso. A un libro. Así, por la cara: lo he sacado del bolso para colocarlo en la mesilla y he visto su cubierta amarilla diseño Anagrama, repleta de amor y belleza y vida y todo lo que me gusta de la literatura, y me ha salido del alma. Espero que mi vida no resulte ser al final como el show de Truman, porque entonces estoy haciendo el ridículo pero bien.
Schlink, cojones, eres GRANDE. De verdad. Excepto uno de los relatos, que no me ha hecho mucha gracia porque no me he enterado muy bien de la trama política, el resto son una maravilla. Bien construidos, conmovedores, imaginativos, maravillosamente escritos. Con un gran equilibrio entre reflexión y acción, y con una mirada sobre el mundo que es sensata y trágica, esperanzada, realista, compasiva y triste, si se puede ser todo eso al mismo tiempo. Brillante. Compradlo. Leedlo. Ahora.
Otro libro de cuentos que es bueno para llorar es "Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo", de Irvine Welsh. Welsh, en general, es muy grande: es el autor de Trainspotting y de su segunda parte, Porno, que son tan duras como divertidas. Pero el libro de relatos me impresionó: es muy, muy bueno. Y si sólo tenéis que elegid uno, por favor, leed "Miss Arizona", que es una de estas historias que no vais a poder olvidar nunca. Escribo el título y se me pone la piel de gallina sólo de pensarlo. Welsh, por cierto, me ha recordado a "Fantasmas", de Chuck Palahniuk, que no es un libro de relatos, sino una sucesión de historias unidas por una trama común pelín floja, para mi gusto. Los relatos son durísimos pero brillantes. Ésta es la historia que comienza la novela. Aviso que es un poco escatológica/desagradable. Bastante. Mucho. Pero está tan bien construida que te da igual que al terminar tengas que ir a potar al baño.
Grace Paley fue profesora de A.M. Homes, que no es relatista pero también es muy buena. Su recopilación de relatos casi me hace llorar. Paley es la que decía en el prólogo: "los escribí con toda la verdad y la belleza de la que fui capaz", y vaya si lo hizo. Ahora es cuando me da rabia no tener el libro aquí, porque recuerdo un párrafo sobre el amor, que simplemente hablaba de cómo el marido antes compartía con ella sus cigarrillos y ahora no, que te parte el corazón.
Cortázar. En la lista de cosas que de verdad de verdad me animan en la vida, y no me refiero a salir por ahí con los colegas o irme a nadar, que puede animarme o me puede dejar igual, sino medicinas emocionales con un 100% de fiabilidad, está la escritura, está Extremoduro y está Cortázar. Cortázar, queridos, es otra historia. Sabe algo que los demás no sabemos. Es de estos escritores de los que dices: me follaría a su cerebro, pero no a él como escritor porque es listo, sino que le encontraría erotismo a su materia gris así pura y repugnante, porque está llena de belleza y de ideas hermosas. Hay Que Leer A Cortázar.
Truman Capote también es un buen cuentista. A mí me gustaron más sus relatos que "A Sangre Fría", que es un libro que, por la temática y la forma de tratarlo, y sobre todo por la historia de perversión moral que lleva detrás, a saber: Capote no queriendo interceder por los asesinos de los Clutter para que los ejecutaran y poder publicar su novela... me pone un poco los pelos de punta, en el mal sentido. Pero los relatos son conmovedores y humanos, muy América profunda y esas cosas que me gustan.
Paul Auster no tiene relatos, pero tiene una recopilación espectacular de historias reales y curiosas llamada "Creía que mi padre era Dios", que no es que te guste, sino que te engancha exactamente igual que una buena novela. Son relatos cotidianos llenos de casualidades extrañas, situaciones absurdas, amor, sueños, amigos, familias... Pura vida. Muy recomendable.
Bolaño, que también es grande grandísimo, tiene un libro de cuentos, "Llamadas telefónicas", que me gustó mucho. Aunque si queréis empezar con Bolaño, leed "La pista de hielo": menos amenazador que sus mamotretos tipo "2666" pero hermoso, hermoso, hermoso.
No sé si Nick Hornby tiene libros de relatos suyos; ahora mismo creo recordar que no, pero hizo una recopilación de cuentos de otros escritores, "Hablando con el ángel", cuyos beneficios iban destinados a una asociación de autismo. Y ahí el propio Hornby decidió partir la pana y escribió él mismo el cuento más bonito y conmovedor del libro y, en general, casi de todos los que he leído en mi vida. Un cuento sobre un guardia de museo y un cuadro que te hace pensar: me da igual que el mundo sea una basura y la crisis y el hambre y todo, porque existe esto, existe un humano en el planeta con esta sensibilidad y, como en Sodoma y Gomorra, sólo él basta para salvarnos a todos. Así de bueno es el cuento.
Ishiguro, que oscila peligrosamente entre la magia y el aburrimiento, sacó hace poco unos "Nocturnos", relatos con la música como elemento común, que afortunadamente cayeron del lado de la magia. Quim Monzó también escribe muy buenos cuentos, aunque son más soprendentes que conmovedores, y quizá por eso me inquietan un poco.
Éstos son los que se me han ocurrido. No son los mejores relatistas de todos los tiempos. Podéis leer a Chéjov, obvio, y a Carver, obvio. A Dorothy Parker, a Flannery O'Connor, a Kafka, a Poe, a Aldecoa, a toda esa gente que recomiendan en los talleres. Podéis leer hasta a Clarice Lispector que, ojo, a mí No Me Gusta, lo siento por el gafapastismo. Pero las de antes son recomendaciones con sello de garantía massobreloslunes, es decir: que me atrevo a afirmar que si os gusta este amasijo literosentimental que escupo todas las noches, más os van a gustar los cuentos que he recomendado.
Y ahora os voy a decir algo: podéis saltaros todas las recomendaciones anteriores, pero todos y cada uno de vosotros, sea cual sea vuestra edad, condición, extracción social, sexo u orientación sexual, todos, TODOS...
TENÉIS QUE LEER A ROALD DAHL. Es fundamental. Os alegrará el día, mejorará vuestro humor, os hará personas más risueñas, sorprendidas y fascinadas de lo que sois ahora. Se os olvidará el mal de amor y el dolor de tripa. Dejaréis de escribir si sois escritores, y lloraréis en la cama por no poder crear historias como las suyas. Como decía Aracne, Roald Dahl es una recomendación segura para cualquier amigo, porque si no le gusta puedes dejar de ser su amigo sin sentimiento de culpa. Leed "Relatos de lo inesperado", "Historias extraordinarias" o cualquier otra recopilación de cuentos suyos: todos son buenos. Y, por supuesto, si no lo habéis hecho aún, leed sus libros infantiles, sin importar la edad que tengáis. Roald mejoró este mundo. Fue un ser humano de categoría A, mejor que la mayoría, así os lo digo, al menos en proporción a los niveles de felicidad que ha producido y seguirá produciendo.
Y sin más me voy a dormir para despertar, desayunar, coger el bus y seguir leyendo allí a Bernard Schlink, porque esta semana, sin duda, él ha sido lo mejor de mis mañanas.