La última vez que viajamos con mi padre fue a Port Aventura. Lo gracioso es que ya habíamos estado allí antes. Yo, concretamente, dos veces: una con mis padres, con los dos, cuando era tan pequeña que no llegaba a la línea que marcaba el límite para montarse en las atracciones peligrosas. Recuerdo cómo miraba de lejos el Dragón Khan, intentando imaginarme el calibre de la experiencia de sentir mi cuerpo manejado en esas direcciones, a esas velocidades. Después volví en el viaje de fin de estudios del colegio y por fin me atreví a subirme en el Dragón Khan, y hasta compré la foto de recuerdo, en la que salimos la PK y yo agarradas de la mano. Era de noche, era nuestro último viaje de la jornada y recuerdo cómo puse todos mis sentidos en aquel momento, intentando cristalizar una felicidad que se me escapaba.
El caso es que mi padre decidió ir allí, no sé por qué. Le había cogido el gusto a las montañas rusas desde que le convencí para probar el Space Mountain, en Eurodisney. Creo que para mi padre las montañas rusas fueron como para mí la escalada: la prueba de que todavía podía ser otro tipo de persona. Continuamos con el Jaguar, en Isla Mágica; si queréis mi opinión, las montañas rusas colgantes están a años luz de las normales. Creo que el balanceo compensa la fuerza centrífuga y la sensación es mucho más descafeinada.
No recuerdo mucho de aquel viaje. Lo que sí recuerdo es que sólo saqué un par de fotos. Mi padre dejó de hacer dos cosas en los viajes cuando se separó: una era poner música en el coche, y la otra hacer fotos de los viajes. Luego, directamente dejamos de viajar todos juntos, pero bueno; eso fue ya hace demasiado tiempo como para ponerme melancólica. También recuerdo que el segundo día compramos unas pulseras rojas que te daban prioridad para montarte en las atracciones importantes: el Dragón Khan, una barca gigante que se tiraba desde un volcán y te ponía chorreando y nosequé otros sitios. Y cuando cruzamos las puertas de entrada con nuestras pulseras en las muñecas, mi padre dijo algo como: "A ver, por favor, que alguien nos vaya apartando pobres", y a mí me hizo mucha gracia.
Me encantaría volver a Port Aventura. No sé si habrá hueco para eso en mi apretada agenda de viajes de escalada/ jippys/ couchsurferos/ low cost, pero en algún punto de mi vida me gustaría gastarme el absurdo precio de la entrada y quizá el absurdo precio de una pulserita de ricos, y entrar en ese universo controlado de experiencias de imitación. Restaurantes que imitan a mexicanos. Espectáculos que imitan las danzas indonesias. Enormes montañas rusas que imitan las mariposas en el estómago, o las emociones, o quizá el amor.
Me gustan mucho, mucho, mucho las montañas rusas. Ninguna otra atracción se les parece: ni las caídas libres, ni las ruedas infernales. Las montañas rusas son un viaje. Va, recordadlo ahora. Cómo te subes, te colocan las protecciones de seguridad y algún empleado desganado les pega un tirón para ver si están bien fijas. Luego eres tú quien se pone a dar tirones para probar mientras subes la primera cuesta, esa que va tan despacito y que te hace plantearte qué coño pintas aquí, pudiendo estar abajo hartándote de nachos de imitación. Te preguntas qué harías si te dieras cuenta ahora de que tus protecciones están sueltas. ¿Te oirían si chillaras? ¿Podrías bajarte y descolgarte por los hierros? Después empieza el recorrido, la velocidad, el miedo controlado y el cielo mezclado con la tierra. Gritar sin censuras; ahora que lo pienso, a lo mejor la gracia de las montañas rusas está en poder gritar.
Recuerdo otra cosa de Port Aventura con mi padre. Volvimos en coche desde Salou hasta nuestro hotel en Barcelona, ya de noche. A mi padre nunca le ha gustado conducir de noche, y creo que de ahí he heredado yo una precaución casi supersticiosa a viajar cuando está oscuro. Mi hermano se había quedado frito en el asiento trasero; me lo imagino tirado con el cuello torcido y la boca abierta, como dormía de pequeño. Mi padre me prohibió dormirme. "Necesito que hables conmigo durante el viaje - me dijo - para no dormirme yo y que no tengamos un accidente". Y no sé de qué hablaríamos: supongo que del Dragón Khan, de lo que queríamos ver en Barcelona o de lo divertido que había sido jugar a ser ricos con nuestras pulseras prioritarias. Pero sí recuerdo las luces en la carretera, la intuición del silencio detrás de los cristales y esa sensación, ahora tantas veces repetida, de que con mis palabras estaba cumpliendo una misión importante.
PD: Me chivó mi hermano hace poco que hay una nueva montaña rusa en Port Aventura y acabo de buscarla en Google. Se llama Shambhala, y aunque me dé pena que a su lado el Dragón Khan parezca hasta pequeñito, me encantaría probar en algún momento sus enormes y salvajes curvas blancas.
martes, 2 de octubre de 2012
domingo, 30 de septiembre de 2012
Más sobre los lunes
¿Alguna vez he explicado por qué este blog se llama así? Seguramente se me haya colado en alguna entrada.
Acabo de pintarme las uñas color café. He hecho un primer intento con el coral, pero resulta que después de quitarme el último esmalte, color azul, también mis uñas han quedado azules y parece que estoy muerta. Y el coral no es lo bastante oscuro para tapar el azul, así que he probado con el café. Pintarme las uñas color café quiere decir que me estoy reconciliando con el otoño. De un año para otro me cuesta recordar lo mal que me sienta la llegada del frío. Estoy muerta de calor, deseando poder dormir con el edredón, y se me olvida de que los cambios de tiempo me ponen los nervios de punta, como a los ancianos.
Mientras se secaban las uñas, he abierto mi ejemplar de "El gozo de escribir". No me había dado cuenta de que estuviera tan viejo ya. Lleva conmigo unos doce años: le ha cambiado el olor de las páginas y las cubiertas están rajadas por los bordes. Lo ojeaba para ver si encontraba un fragmento sobre conocer a los demás. Algo como que un amigo de la autora le decía: este libro debería tener mucho éxito, porque al acabarlo uno siente que conoce a quien lo ha escrito. Quería encontrar ese fragmento a cuenta de la encuesta, porque alguien me ha preguntado sobre su finalidad. La finalidad de este blog, al final, es que me conozcáis; la de la encuesta, más o menos, es conoceros yo a vosotros.
"Conectar con otros, relacionarse con otros, es una de las principales fuentes de satisfacción de la vida", me decía el otro día Anxo mientras conducía hacia Vejer. Es verdad. Yo no sé qué tiene de bueno el vínculo, ni sé por qué a mí me interesa saber de las vidas de otra gente y a otra gente de la mía. Pero es así. Es como tantas otras cosas que no hace falta comprender para saber que son ciertas.
No he encontrado el fragmento que buscaba, pero he aprovechado para releer el capítulo titulado "Más sobre los lunes". Es gracioso, porque como mi blog se llama así desde hace tanto tiempo, se me olvida que el capítulo estaba antes y por un instante pienso que vaya coincidencia.
Siempre he dicho que hablo de los lunes porque me parece que están hechos de una sustancia muy parecida a la vida. Levantarse temprano, el olor de los bares a café y tostadas, el susurro triste del autobús camino del curro. Los rostros serios de la gente, los paseantes voluntariosos junto a la playa, la rutina descolgándose despacio frente a nuestros ojos cansados porque el domingo, para variar, nos acostamos más tarde de la cuenta.
Cuando estaba en Málaga estudiando el PIR, J. siempre me pedía que me quedara a dormir con él los domingos. Decía que la víspera del lunes dormía fatal. Digo yo que el estado de ánimo de tu domingo por la tarde dice mucho de la calidad de vida de tus lunes pero, aún así, yo entendia a J., y solía pasar las noches de los domingos acariciándole la espalda. Él se sobresaltaba un par de veces entre mis brazos y se quedaba frito; a veces se despertaba inquieto a media noche y siempre se alegraba de verme allí.
Hoy ha sido un día muy, muy raro. Ha empezado saliente de guardia, conmigo soñando despierta en la cama de la habitación de residentes. Por la mañana estaba muy triste, nivel de verdad que no puedo sola con esto, entendiendo esto como gestionar mis días sobre la tierra de forma decente. Luego he visto el nuevo capítulo de Anatomía de Grey, que también es como para cortarse las venas: ¿podrías, por favor, Shonda Rhimes, dejar de matar gente de una vez? Menos mal que a las cinco he conducido hasta la casa de mi tío Quique para pasar la tarde dibujando. Ha montado un taller gratuito como protesta pacífica contra la crisis: si me quitan dinero, yo enseño gratis. No es muy práctico como revolución, pero me gusta la idea.
Ahora estoy de vuelta, más tranquila que en toda la semana, y de verdad que todo esto nos lleva a alguna parte. A que más sobre los lunes tiene que ver también con hacer los lunes más tolerables. Quiero escribir para quitarle a los domingos la angustia y poder empezar las semanas extremadamente avionil. Quiero escribir como única arma que me queda ante el miedo y la rutina, porque incluso cuando me parece que estoy exprimiéndome el cerebro como un limón seco, hay una parte de mí que sabe más que yo y que se alegrará de leer esto en el futuro.
Más sobre los lunes porque los domingos por la noche nadie debería estar solo. Y escribir aquí ahora mismo es la única forma que se me ocurre de poner en esa empresa mi granito de arena.
Acabo de pintarme las uñas color café. He hecho un primer intento con el coral, pero resulta que después de quitarme el último esmalte, color azul, también mis uñas han quedado azules y parece que estoy muerta. Y el coral no es lo bastante oscuro para tapar el azul, así que he probado con el café. Pintarme las uñas color café quiere decir que me estoy reconciliando con el otoño. De un año para otro me cuesta recordar lo mal que me sienta la llegada del frío. Estoy muerta de calor, deseando poder dormir con el edredón, y se me olvida de que los cambios de tiempo me ponen los nervios de punta, como a los ancianos.
Mientras se secaban las uñas, he abierto mi ejemplar de "El gozo de escribir". No me había dado cuenta de que estuviera tan viejo ya. Lleva conmigo unos doce años: le ha cambiado el olor de las páginas y las cubiertas están rajadas por los bordes. Lo ojeaba para ver si encontraba un fragmento sobre conocer a los demás. Algo como que un amigo de la autora le decía: este libro debería tener mucho éxito, porque al acabarlo uno siente que conoce a quien lo ha escrito. Quería encontrar ese fragmento a cuenta de la encuesta, porque alguien me ha preguntado sobre su finalidad. La finalidad de este blog, al final, es que me conozcáis; la de la encuesta, más o menos, es conoceros yo a vosotros.
"Conectar con otros, relacionarse con otros, es una de las principales fuentes de satisfacción de la vida", me decía el otro día Anxo mientras conducía hacia Vejer. Es verdad. Yo no sé qué tiene de bueno el vínculo, ni sé por qué a mí me interesa saber de las vidas de otra gente y a otra gente de la mía. Pero es así. Es como tantas otras cosas que no hace falta comprender para saber que son ciertas.
No he encontrado el fragmento que buscaba, pero he aprovechado para releer el capítulo titulado "Más sobre los lunes". Es gracioso, porque como mi blog se llama así desde hace tanto tiempo, se me olvida que el capítulo estaba antes y por un instante pienso que vaya coincidencia.
Siempre he dicho que hablo de los lunes porque me parece que están hechos de una sustancia muy parecida a la vida. Levantarse temprano, el olor de los bares a café y tostadas, el susurro triste del autobús camino del curro. Los rostros serios de la gente, los paseantes voluntariosos junto a la playa, la rutina descolgándose despacio frente a nuestros ojos cansados porque el domingo, para variar, nos acostamos más tarde de la cuenta.
Cuando estaba en Málaga estudiando el PIR, J. siempre me pedía que me quedara a dormir con él los domingos. Decía que la víspera del lunes dormía fatal. Digo yo que el estado de ánimo de tu domingo por la tarde dice mucho de la calidad de vida de tus lunes pero, aún así, yo entendia a J., y solía pasar las noches de los domingos acariciándole la espalda. Él se sobresaltaba un par de veces entre mis brazos y se quedaba frito; a veces se despertaba inquieto a media noche y siempre se alegraba de verme allí.
Hoy ha sido un día muy, muy raro. Ha empezado saliente de guardia, conmigo soñando despierta en la cama de la habitación de residentes. Por la mañana estaba muy triste, nivel de verdad que no puedo sola con esto, entendiendo esto como gestionar mis días sobre la tierra de forma decente. Luego he visto el nuevo capítulo de Anatomía de Grey, que también es como para cortarse las venas: ¿podrías, por favor, Shonda Rhimes, dejar de matar gente de una vez? Menos mal que a las cinco he conducido hasta la casa de mi tío Quique para pasar la tarde dibujando. Ha montado un taller gratuito como protesta pacífica contra la crisis: si me quitan dinero, yo enseño gratis. No es muy práctico como revolución, pero me gusta la idea.
Ahora estoy de vuelta, más tranquila que en toda la semana, y de verdad que todo esto nos lleva a alguna parte. A que más sobre los lunes tiene que ver también con hacer los lunes más tolerables. Quiero escribir para quitarle a los domingos la angustia y poder empezar las semanas extremadamente avionil. Quiero escribir como única arma que me queda ante el miedo y la rutina, porque incluso cuando me parece que estoy exprimiéndome el cerebro como un limón seco, hay una parte de mí que sabe más que yo y que se alegrará de leer esto en el futuro.
Más sobre los lunes porque los domingos por la noche nadie debería estar solo. Y escribir aquí ahora mismo es la única forma que se me ocurre de poner en esa empresa mi granito de arena.
Por último, os enseño mi dibujo de esta tarde. Sí, sé que lo mío es obsesión más que amor; qué le vamos a hacer :)
Hu ha artístico :D
viernes, 28 de septiembre de 2012
Encuesta de mercado con PREMIO!!!!!!!!!!! (Atraer vuestra atención, lalalalalalaaa)
Queriditos:
En este afán mío de no conflictuarme escribiendo, he dedicado la última hora a algo que tenía ganas de hacer desde hace tiempo:masturbarme crear una encuesta de mercado. Por una parte, me gustaría conocer un poco más el perfil, preferencias y lo que queráis/ tengáis que decir sobre éste mi blog. Por otra parte, estoy pensando en sacar algo escrito más largo y quería saber qué tipo de libro os gustaría más. Así que he diseñado un cuestionario no demasiado largo y salpicado del humor y entretenimiento que me caracteriza, y me encantaría que lo contestarais.
Ahora bien; como no sólo de amables peticiones vive el hombre, ¡¡la encuesta tiene un sorteo y el ganador se llevará un premio!!
[Marina: manipulando mediante el tamaño de fuente desde 1990 (aprox).]
El premio consistirá en un pack de lector de massobreloslunes. Consistente en:
1. Alguno de mis libros favoritos, dedicado y autografiado. El libro se consensuará entre el ganador y yo, más que nada para asegurarme de que no lo ha leído y de que le apetece hacerlo.
2. Una recopilación de textos inéditos en el blog (algunos relatillos, fragmentos de diarios, artículos antiguos y más material interesante que encuentre por ahí).
3. Un pintaúñas de color genial y calidad comprobada + el esmalte de secado rápido de Mavala que cambiará tu vida (si eres tía). Una foto de mis pechos (si eres tío) (bromeo; si eres tío ya buscaremos algo).
3.Una tableta de mi chocolate favorito.
Todo ello enviado a domicilio (o entregado en mano si eres de por aquí cerca), envuelto bonito y con más sorpresas que se me vayan ocurriendo por el camino.
EXTRA: Además, si consigo que más de cincuenta personas completen la encuesta, ME COMPROMETO seriamente (y no como el año pasado) a que dedicaré el NaNoWriMo de este año al libro que salga ganador.
Creo que todo lo anterior es un soborno lo suficientemente potente como para que contestéis. Muahaha.
Pasos a seguir:
1) Contestad la encuesta. Como veréis, hay preguntas que son obligatorias y otras que permiten permanecer en el economato y/o no pronunciarse sobre temas más o menos delicados.
2) La última pregunta es de respuesta libre. Ahí deberéis indicar, además de sugerencias y comentarios:
a) Vuestro nombre o nick si no os importa no permanecer en el economato.
b) Una palabra clave si queréis participar en el sorteo pero no queréis que sepa quién sois porque resulta que habéis contestado en todas las preguntas que me odiáis.
3) IMPORTANTE: Si queréis participar en el sorteo, comentad en este post:
- O bien con vuestro nombre/ nick.
- O bien con la palabra clave que habéis incluido en la encuesta. Había pensado en un sistema más complejo para verificar luego que el ganador es quien dice ser y no cualquier que dice que fue él quien puso "esternocleidomastoideo" como palabra clave, pero creo que voy a confiar en vuestra buena voluntad. Sencillamente, cuando haga el sorteo anunciaré la palabra clave y esa persona podrá ponerse en contacto conmigo. Si pensáis que así habrá problemas y se os ocurre algún sistema mejor, estoy dispuesta a escuchar.
Y sin más, os dejo con la encuestita. Muchas gracias por vuestra colaboración, ¡no os arrepentiréis!
IMPORTANTE:La fecha límite para contestar será el 14 de octubre (poco más de dos semanas).
[Editado: me comentan que al contestar la encuesta se puede ver el apartado de respuesta libre de los demás. No sé cambiarlo, así que no escribáis ahí nada del tipo "soy tu vecino de enfrente y TE AMO" o "aprovecho para contarte que aunque blogueo como un chico joven y guapo, en realidad soy una monja mayor y parcialmente obesa". Gracias y disculpad las molestias]
En este afán mío de no conflictuarme escribiendo, he dedicado la última hora a algo que tenía ganas de hacer desde hace tiempo:
Ahora bien; como no sólo de amables peticiones vive el hombre, ¡¡la encuesta tiene un sorteo y el ganador se llevará un premio!!
[Marina: manipulando mediante el tamaño de fuente desde 1990 (aprox).]
El premio consistirá en un pack de lector de massobreloslunes. Consistente en:
1. Alguno de mis libros favoritos, dedicado y autografiado. El libro se consensuará entre el ganador y yo, más que nada para asegurarme de que no lo ha leído y de que le apetece hacerlo.
2. Una recopilación de textos inéditos en el blog (algunos relatillos, fragmentos de diarios, artículos antiguos y más material interesante que encuentre por ahí).
3. Un pintaúñas de color genial y calidad comprobada + el esmalte de secado rápido de Mavala que cambiará tu vida (si eres tía). Una foto de mis pechos (si eres tío) (bromeo; si eres tío ya buscaremos algo).
3.Una tableta de mi chocolate favorito.
Todo ello enviado a domicilio (o entregado en mano si eres de por aquí cerca), envuelto bonito y con más sorpresas que se me vayan ocurriendo por el camino.
EXTRA: Además, si consigo que más de cincuenta personas completen la encuesta, ME COMPROMETO seriamente (y no como el año pasado) a que dedicaré el NaNoWriMo de este año al libro que salga ganador.
Creo que todo lo anterior es un soborno lo suficientemente potente como para que contestéis. Muahaha.
Pasos a seguir:
1) Contestad la encuesta. Como veréis, hay preguntas que son obligatorias y otras que permiten permanecer en el economato y/o no pronunciarse sobre temas más o menos delicados.
2) La última pregunta es de respuesta libre. Ahí deberéis indicar, además de sugerencias y comentarios:
a) Vuestro nombre o nick si no os importa no permanecer en el economato.
b) Una palabra clave si queréis participar en el sorteo pero no queréis que sepa quién sois porque resulta que habéis contestado en todas las preguntas que me odiáis.
3) IMPORTANTE: Si queréis participar en el sorteo, comentad en este post:
- O bien con vuestro nombre/ nick.
- O bien con la palabra clave que habéis incluido en la encuesta. Había pensado en un sistema más complejo para verificar luego que el ganador es quien dice ser y no cualquier que dice que fue él quien puso "esternocleidomastoideo" como palabra clave, pero creo que voy a confiar en vuestra buena voluntad. Sencillamente, cuando haga el sorteo anunciaré la palabra clave y esa persona podrá ponerse en contacto conmigo. Si pensáis que así habrá problemas y se os ocurre algún sistema mejor, estoy dispuesta a escuchar.
Y sin más, os dejo con la encuestita. Muchas gracias por vuestra colaboración, ¡no os arrepentiréis!
IMPORTANTE:La fecha límite para contestar será el 14 de octubre (poco más de dos semanas).
[Editado: me comentan que al contestar la encuesta se puede ver el apartado de respuesta libre de los demás. No sé cambiarlo, así que no escribáis ahí nada del tipo "soy tu vecino de enfrente y TE AMO" o "aprovecho para contarte que aunque blogueo como un chico joven y guapo, en realidad soy una monja mayor y parcialmente obesa". Gracias y disculpad las molestias]
jueves, 27 de septiembre de 2012
Heart in a box
Como no me quiero acostar muy tarde, estoy rebuscando entre los post antiguos algo que reciclar. Y, mira tú por dónde, he encontrado este texto. Lo escribí en noviembre de 2011, hace ya casi un año.
Esta entrada es toda ella un spoiler del último capítulo de Anatomía de Grey. Pero vamos, que no spoilerea partes muy importantes, así que aunque os mole la serie y queráis mantener el intríngulis, la podéis leer sin problema.
Esta entrada es toda ella un spoiler del último capítulo de Anatomía de Grey. Pero vamos, que no spoilerea partes muy importantes, así que aunque os mole la serie y queráis mantener el intríngulis, la podéis leer sin problema.
Resulta que en el capítulo en cuestión Christina Yang, la china fea que ya con el tiempo y la mera exposición no me parece tan fea, está redactando una lista de operaciones de corazón que le gustaría hacer. Para los que no sepáis de qué va la serie, trata de unos cirujanos muy, muy frikis de la cirugía, así que la lista de operaciones de Yang es más o menos como mi lista de maromos ideales o de autores a los que me gustaría parecerme.
Al principio del capítulo, Yang y Altman, su adjunta cardióloga, sacan un corazón para un transplante y lo conectan a una máquina que hace que no deje de latir. El receptor muere antes de poder recibir el corazón, así que Christina tiene que quedarse todo el día vigilando al corazón en la caja mientras hace su lista de operaciones. No sabe cuáles escoger, y entonces el ex jefe, que es mayor y experimentado, le dice que el corazón en la caja tiene la respuesta.
Varias escenas después aparece en la sala Avery, que es algo así como un dios mulato de la cirugía. Está tan increíblemente bueno que seguro que lo han generado por ordenador como a los extraterrestres de Avatar. El caso, que me disperso, es que Avery se encuentra a Yang consultando al corazón en una caja como si fuera un oráculo. Lee una cirugía, mira al corazón latir y decide si la incluirá o no en su lista.
Avery: ¿De qué va esto?
Christina: Es el corazón en la caja. Él tiene la respuesta.
Avery: ¿Cómo puede tener la respuesta un corazón?
Christina: Cuando sacas un órgano para transplantarlo, ¿qué haces?
Avery: Lo pones en hielo.
Christina: Exacto, lo pones en hielo y coges un helicóptero hasta el donante, lo colocas y rezas para que ese órgano frío y muerto vuelva a la vida. Pero él nunca ha dejado de latir. Nunca ha parado de estar caliente. Nunca ha parado de vivir. Es un maldito milagro. Estás sentado enfrente de un milagro. Y, cuando te das cuenta, cambia tu perspectiva. Así que lo que hago es lo siguiente. Miro una cirugía, luego miro el corazón, y si la cirugía no es ni la mitad de increíble que el corazón, no merece mi tiempo. Te hace saber lo que es importante para ti. Eso es lo que hace el corazón en la caja.
Hay que ver cómo hay momentos que te atraviesan en algo tan pueril como Anatomía de Grey. Me he preguntado cuál es el corazón en mi caja.
Ahí me quedé cuando escribí el post. No sabía muy bien cómo terminarlo ni si podía resultar interesante. Y ahora que lo releo pienso que bueno, casi un año después sigo sin haber encontrado el amor, entendido como querer a alguien y que ese alguien también me quiera a mí.
Pero, curiosamente, creo que sí que he encontrado el corazón en la caja. El sitio a donde mirar la próxima vez que quiera saber si lo que tengo entre manos merece la pena.
Y eso es bueno.
Ahí me quedé cuando escribí el post. No sabía muy bien cómo terminarlo ni si podía resultar interesante. Y ahora que lo releo pienso que bueno, casi un año después sigo sin haber encontrado el amor, entendido como querer a alguien y que ese alguien también me quiera a mí.
Pero, curiosamente, creo que sí que he encontrado el corazón en la caja. El sitio a donde mirar la próxima vez que quiera saber si lo que tengo entre manos merece la pena.
Y eso es bueno.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Amigos
- Tienes que leer este artículo - dice Rosa en cuanto escucha entrar a Vicente por la puerta.
- ¿Qué? - él se está quitando la chaqueta y los zapatos, que cambia por unas zapatillas de felpa azul. Entrar en el piso, calentito y recubierto de parqué, es un poco como entrar en un útero.
- Este artículo - Rosa está sentada en la mesa de la cocina. Vicente se agacha un poco, le da un beso breve y levanta los ojos hacia la olla que hierve sobre la vitrocerámica de inducción -. Albóndigas, hay albóndigas.
- Estoy muerto de hambre.
Se desplaza hacia el fondo de la cocina casi como bailando, arranca el pico de la barra de pan que asoma por la panera y abre la olla. Le sorprende un poco que Rosa no le diga que se esté quieto. Claro, que él eso nunca lo ha entendido: si no quieres que coma pan, no compres pan. Lo que no puedes es ir todos los días a por una barra blanca, calentita y crujiente y pedirme que me controle. Que no soy de piedra.
- Dice que la clave para que un matrimonio sea feliz es la amistad. Que llega un punto en el que la pareja tiene que ser más amiga que amante.
- ¿El artículo dice eso?
- Sí.
Vicente se encoge de hombros.
- A ver, qué pasa, por qué pones esa cara, ¿eh? No es tan raro.
- Yo qué sé, Rosa...
- ¿Yo no soy tu amiga?
Vicente la mira ahí sentada en medio de la cocina. Hace apenas unos meses que hicieron la obra y el hijo mayor insistió en que pusieran los muebles en naranja. Demasiado moderno, decía Rosa, pero como no sabe negarse a lo que le pide el niño, naranja lo pusieron. Y ahora él la ve allí, con el vestido ligero que se pone para estar por casa, el pelo recogido en una pinza, sosteniendo la revista en la mano, y le parece un poco extranjera, como deportada.
- A ver, mi amiga, mi amiga... eres mi mujer. Es que amigos es otra cosa.
- Por ejemplo, si tú tienes un problema me lo cuentas a mí primero, ¿no?
Vicente duda si coger otro trozo de pan para mojarlo en las albóndigas. Luego decide que no, que en realidad sí que está bien contenerse un poquito.
- ¿Un problema? Pues sí, claro, ¿a quién se lo voy a contar? ¿Al frutero?
- Vale, pues eso es lo que tienes que hacer. Y yo también. Que tengamos una relación de confianza, de intimidad.
Vicente se rasca la cabeza.
- ¿Viene el niño a comer?
- Desde luego, hijo mío, no se puede hablar contigo de nada, ¿eh? - Rosa se levanta de la mesa, apaga el fuego y saca los platos del aparador para servir las albóndigas. Él coge los cubiertos, los platos y los vasos y los lleva al cuarto de estar.
Almuerzan escuchando la voz del noticiario. Mientras mira a Rosa, Vicente piensa que se ha perdido algo, porque cualquiera diría que se está enfurruñada. Ella también come pan, aunque lo corta en pedacitos muy, muy pequeños, como si no quisiera que su estómago lo viera. La mira debatirse con cada bocado, alternar la carne con la ensalada, rebañar un poquito menos de salsa del que le gustaría, y siente una repentina ternura. Agarra un pedazo grande de pan, lo empapa en salsa y se lo acerca a Rosa.
- Ay, ¿qué haces? Quita, que eso es mucho.
- Venga, boba, abre... di "aaahhh", que viene el avión...
Rosa abre la boca para protestar y Vicente aprovecha para meterle el trozo de pan. Después le pasa un dedo por la barbilla para quitarle la salsa que se le ha quedado en la comisura. Terminan de comer en silencio, pero Rosa tiene un amago de sonrisa privada, como cuando la travesura de un niño te hace gracia pero no quieres que se entere para que no la repita.
Por la tarde no tiene muy claro por qué lo hace, pero cuando baja al estanco a por tabaco y después a la frutería a por unos plátanos que le ha encargado Rosa, Vicente decide que va a comprar también una piruleta roja, de esas en forma de corazón, y con el mismo ánimo valiente que no tiene claro de dónde sale decide llamar a la puerta en vez de abrir con la llave. Cuando aparece Rosa delante con el trapo en la mano, los rizos pegados a la nuca por el sudor y cara de "pero se puede saber quién es a esta hora", extiende la mano con la piruleta como un colegial pelota.
- ¿Quieres ser mi amiga? - le dice.
Y cuando ella coge la piruleta con una mano mientras le sacude suavemente con el trapo, y suelta un "pero qué tonto estás", y después se da la vuelta riéndose otra vez medio en silencio, Vicente piensa que vaya chorradas que escriben las revistas, y que no tiene muy claro si ha pillado bien lo de la amistad, pero que se podría pasar el resto de su vida sonsacándole a Rosa sonrisas secretas, y que a lo mejor con eso ya les basta a los dos.
Almuerzan escuchando la voz del noticiario. Mientras mira a Rosa, Vicente piensa que se ha perdido algo, porque cualquiera diría que se está enfurruñada. Ella también come pan, aunque lo corta en pedacitos muy, muy pequeños, como si no quisiera que su estómago lo viera. La mira debatirse con cada bocado, alternar la carne con la ensalada, rebañar un poquito menos de salsa del que le gustaría, y siente una repentina ternura. Agarra un pedazo grande de pan, lo empapa en salsa y se lo acerca a Rosa.
- Ay, ¿qué haces? Quita, que eso es mucho.
- Venga, boba, abre... di "aaahhh", que viene el avión...
Rosa abre la boca para protestar y Vicente aprovecha para meterle el trozo de pan. Después le pasa un dedo por la barbilla para quitarle la salsa que se le ha quedado en la comisura. Terminan de comer en silencio, pero Rosa tiene un amago de sonrisa privada, como cuando la travesura de un niño te hace gracia pero no quieres que se entere para que no la repita.
Por la tarde no tiene muy claro por qué lo hace, pero cuando baja al estanco a por tabaco y después a la frutería a por unos plátanos que le ha encargado Rosa, Vicente decide que va a comprar también una piruleta roja, de esas en forma de corazón, y con el mismo ánimo valiente que no tiene claro de dónde sale decide llamar a la puerta en vez de abrir con la llave. Cuando aparece Rosa delante con el trapo en la mano, los rizos pegados a la nuca por el sudor y cara de "pero se puede saber quién es a esta hora", extiende la mano con la piruleta como un colegial pelota.
- ¿Quieres ser mi amiga? - le dice.
Y cuando ella coge la piruleta con una mano mientras le sacude suavemente con el trapo, y suelta un "pero qué tonto estás", y después se da la vuelta riéndose otra vez medio en silencio, Vicente piensa que vaya chorradas que escriben las revistas, y que no tiene muy claro si ha pillado bien lo de la amistad, pero que se podría pasar el resto de su vida sonsacándole a Rosa sonrisas secretas, y que a lo mejor con eso ya les basta a los dos.
lunes, 24 de septiembre de 2012
La marisma me dejó...
Acabo de recibir un correo de Omar Janaan, un dibujante malagueño con muy poco interés por vender sus viñetas. Desde el cariño lo digo. Porque ya hace varios meses que le escribí mostrándole mi entusiasmo imperecedero por una de sus láminas y pidiéndole que me la vendiera y enviara, por ese orden, y hasta hoy nada. La lámina en sí representaba (creo que ya os lo conté) un muro detrás de un montón de personas grises y tristes, abrumadas por la vida cotidiana. Subido al muro había un chico muy sonriente que observaba un sol brillante al otro lado. Me gustó un montón. Sentí que, en este momento concreto de mi vida, yo soy ese chico: escalando los muros de forma literal y buscando el sol que brilla.
El caso es que esta semana la he convertido oficialmente en mi semana de balneario mental. Lo que quiere decir que priorizaré el descanso, el sueño y el ejercicio suave y placentero. ¡Basta de autoexigencia! ¡Al carajo todo! (Todo esto dicho con tono de "para las manchas, ¡una solución quiero!"). Necesito mucho dormir más. Necesito manejar mi estrés personal, profesional, emocional, familiar, artístico y cutáneo, en lugar de esconderlo bajo capas de energía superpositiva. Sobre todo, necesito dormir más (¿lo he dicho ya?). Llevo meses necesitando dormir.
En el contexto de mi enésimo plan de mejora personal, implementado para reducir el aburrimiento del celibato, he rescatado mi bicicleta de la casa de mi tía: un híbrido campo-ciudad del Decathlón muy cómoda, muy sólida y con guardabarros. "Los guardabarros son muy importantes", me decía J. Ya ves tú; como si viviéramos en Holanda o como si yo tuviera la mínima intención de coger la bici o de hacer algo en cuanto llueve un poco. No way. Pero mi bici es preciosa y le tengo mucho cariño. De hecho, si lo piensas bien, mi bici fue el paso uno en ser la Marina que soy. En tercero de carrera iba a vivir con una chica que estudiaba Bellas Artes, tenía una gata, iba a todos lados en bicicleta y era atlética, fuerte y estilosa. Quedamos un día en la plaza de Mariana Pineda y la vi acercarse rauda y veloz con su bicicleta, unas preciosas sandalias camper negras y su tatuaje de un pez en el empeine del pie. Pensé: jo, quiero ser como ella. Con bicis, gatos y tatuajes.
Al año siguiente me compré una bicicleta. La antigua Marina era una niña miedosa y precavida que se pasó semanas estudiando la dirección, inclinación y seguridad de todas las calles de Granada para saber por dónde podía ir en bici a los sitios. La antigua Marina era una absurda. Aun así, me apañé para coger bastante la bicicleta aquel año. De entonces me recuerda Silvia llegando a la danza del vientre, toda mona y hippy, y amarrando la bicicleta en la baranda del Genil.
Desde entonces, la pobre bici es un querer y no poder. Lleva un montón de años siendo usada de higos a higos. Me la llevé a Villa Dramática y la utilicé literalmente una vez. Después la arrumbé en casa de mi tía y hasta ayer. Es que a mí montar en bici, en el fondo, me da miedo. Por mi torpeza. No se me dan bien los deportes en los que hay que manipular objetos. Me da miedo pegármela subiendo un bordillo, o perder el equilibrio, desviarme y estamparme contra un coche.
Pero hoy mi vida ha cambiado. Porque hoy he descubierto que a cinco minutos literales del Zulo Autolimpiable está el entorno natural bicicletísticamente más perfecto que puede existir, a saber:
Las marismas.
Las marismas lo tienen todo. Un silencio tranquilo aliñado con el vientecito de poniente. Planicie absoluta: nada de "a la ida cuesta abajo - qué bien; a la vuelta cuesta arriba - qué mierda", o viceversa. Nonono: uniformidad relajante. Pocos viandantes. Kilómetros y kilómetros de camino que va dando vueltas entre los charquitos de agua salada de manera misteriosa y casi onírica. Empiezas a pedalear y punto; no tienes que pensar ni decidir ni nada. Sigues el caminito como Dorothy la del mago de Oz hasta que sientes que se te han acabado la mitad de las fuerzas; entonces te vuelves.
Las marismas.
Cádiz: no es para agorafóbicos.
La belleza era muy loca incluso para Cádiz. A mis espaldas, los edificios desaliñados de La Isla recortados contra un cielo ardiendo; frente a mí, los turquesas desvaídos y mezclados con violeta de la noche de otoño. En medio, la luna. Y yo, toda pequeña y contenta, pensando en que, como para el hombrecito de la viñeta, la parte linda de la vida está en general mucho más cerca de lo que pensamos. Poco antes de llegar al final, me he sentado en un banco de madera a mirar la luna y comer pastelitos de boniato. Es que me he comprado un libro sobre el boniato (verídico) y estoy probando recetas. Los pastelitos de boniato son como torrijas sin gluten y están exquisitos. He tenido un momento muy zen mirando la luna sobre las marismas. Luego, lo confieso, he sacado el móvil y he mirado el correo.
Mientras pedaleaba he tenido una idea sorprendente incluso para mí misma. Pero no os la puedo contar hasta que vea que es factible. Es una idea sólo parcialmente loca, pero puede ir bien.
Y bueno, este post es literariamente un desastre. Nada más que ir poniendo frases una detrás de otra; ninguna idea impactante, nada de finales redondos ni de llevar el relato a un punto donde convergieran la bici, la luna, los pastelitos de boniato y un exquisito maromo moreno. Pero bueno: así es la vida. Ir en bicicleta para bajar el colesterol o para que te ruede el coco hacia la inspiración. No hay tanta diferencia.
Buenas noches, ciruelitos. Encontrad el muro que os separa del sol y escaladlo con valentía y con fuerza. Como si fuerais capaces de hacer un montón de dominadas. Como si no hubiera un mañana, ni ahora ni nunca.
God I'm lovin' it. Quiero decir, que estoy aquí sentada con las gafas de sol graduadas puestas, porque no encuentro las de ver y las lentillas se me estaban pegando a la córnea, y llevo un rato leyendo y leyendo posts antiguos, y no sólo posts, también los comentarios, las conversaciones, y simplemente recordando, reviviendo momentos, repasando con los ojos este atípico álbum de recuerdos que es el blog. Anticipando el cansancio de mañana e importándome un carajo. Sintiéndome otra vez bastante viva. Pensando que, joder, sí que he llegado lejos. Que da igual, exactamente igual, que no escriba una novela jamás, aunque la voy a escribir y no por nada, sino porque quiero. Pero que da igual porque ya he llegado muy, muy lejos; porque estoy motherfucking orgullosa de todas estas palabras, que son mías, de todo el esfuerzo y el amor y la entrega que he puesto en ellas. De mis lectores nuevos y mis lectores de lustros. Estoy muy orgullosa y contenta hoy, de verdad. Es algo grande (no es "En busca del tiempo perdido", lo reconozco, pero no está mal). Echaba de menos esta sensación. En serio: I'm lovin' it.
Y ya sí, me voy a dormir, que si no a ver mañana quién es la guapa que sube en modo avión las nueve plantas hasta endocrino para entrenar pulmones.
PD: La escritura ciclotímica mola excesivamente.
Y ya sí, me voy a dormir, que si no a ver mañana quién es la guapa que sube en modo avión las nueve plantas hasta endocrino para entrenar pulmones.
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