massobreloslunes

jueves, 29 de marzo de 2012

Eyes wide open

Dentro de un mes y medio cumplo veintisiete años. Que se dice pronto. Veintisiete. Me parece que fue ayer cuando tenía ganas de cumplir trece para ser adolescente y tener tetas (ilusa de mí), y miradme aquí, con más años que un gnomo. Cumplir años no me molesta. Sólo me importa porque soy un poco demasiado vieja para empezar a escalar, y mi progresivo fortalecimiento va a la par con la sospecha de que me lo estoy lesionando TODO (¿tú sabes lo que me estoy lesionando yo?, diría el Kpot).

El caso es que mientras más años cumplo, más cosas aprendo y de manera más distinta veo la vida. Que de un tiempo a esta parte, ya os he dicho, es como si se desplegara ante mí cada vez con más colores y más matices. Una vez leí que la vida es corta, pero ancha, y cada vez tengo más esta sensación.

Me ha sorprendido la acogida del post anterior. No creo que empiece a escribir sobre nutrición, porque ya era lo que le faltaba a este blog heterogéneo y absurdo, pero sí querría resaltar algo en lo que se refiere al blog, al Acné del Averno y a los problemas en general: que las soluciones existen la mayoría de las veces. Lo que no va a la par es nuestra capacidad para ponerlas en marcha.

Yo he hecho cosas muy raras para librarme del AA. Iba a poner unos cuantos ejemplos, pero creo que ya os hacéis una idea de lo absurda que puedo llegar a ser, así que paso de ponerme en ridículo. Más. La cosa es que a partir de cierto punto abres tu mente y te das cuenta de que bueno, margen de acción siempre tienes. No existe el "lo he probado todo". Siempre hay nuevos caminos para viejos problemas; basta con comprometerse a no cometer dos veces el mismo error.

Hace ya tiempo, cuando trabajaba en el equipo, hice una primera consulta a una inglesa. Me la cascaron a mí porque era la única que podía defenderse en inglés durante una entrevista. Resulta que la mujer tenía un insomnio del Averno y llevaba luchando contra él como veinte años. Me la mandaban porque el médico de cabecera no le quería recetar hipnóticos por no crearle dependencia. Era una de estas guiris mesuradas y dulces que lo explicaba todo con un precioso acento británico. Me contó que llevaba buscando soluciones para el tema del insomnio durante muchísimo tiempo. Que había estado en neurólogos, endocrinos, naturópatas; había hecho relajación, yoga, psicoterapia, gimnasia y mil historias. Y que simplemente era como si el interruptor de su cerebro no funcionara. Que los hipnóticos eran lo único que le ayudaba a conciliar el sueño.

Después me miró a los ojos y dijo: pero si tienes alguna propuesta, estoy dispuesta a escuchar.

Yo le contesté que no. Que no se me ocurría ninguna otra cosa. Que me parecía que ella ya estaba haciendo su camino y buscando soluciones, y que si en ese momento necesitaba los hipnóticos, a mí no me parecía mal que los tomara. He visto recetar psicofármacos por mucho menos. Así que escribí un informe para el médico de cabecera y le di el alta. "Gracias por tu respeto", dijo ella.

El tema es que bueno, por una parte uno siempre tiene que estar dispuesto a escuchar, incluso a una PIR que lleva seis meses ejerciendo, incluso después de veinte años de búsqueda. Por otra parte, uno también tiene que asumir responsabilidades. Y permanecer en el camino. Porque lo que está claro es que es complicado encontrarse con la solución a los problemas así, de repente; uno encuentra información buscándola, abriendo la mente, experimentando.

Creo que esto no sólo se aplica a problemas concretos, sino en general a la vida. Al amor, al trabajo, al propio carácter, a la manera de hacer las cosas. Hay tantas posibilidades. A veces basta con pararse e intentar mirar alrededor. Hay una expresión inglesa que me gusta mucho: eyes wide open. Los ojos muy abiertos, los ojos anchos. Mirar con los ojos anchos a nuestro alreedor y darnos cuenta de que realmente tenemos elección casi todas las veces.

Y ya paro, que esto me está quedando como supermotivacional, ¿no? Que me voy a tener que ganar la vida dando conferencias por Estados Unidos en plan motivada de la tele.

Feliz viernes a todos.

miércoles, 28 de marzo de 2012

El típico post que desde el principio se gana la etiqueta de "Cosas absurdas que sólo me interesan a mí"

NOTA PREVIA: como este post trata sobre nutrición, aprovecho para decir que si alguien tiene interés por las soluciones dietéticas/naturales al Acné del Averno, puede escribirme a massobreloslunes (arroba) gmail.com y le mando un documento que he elaborado al respecto. También os agradecería que difundierais la información si conocéis a alguien que sufra este problema. FIN DE LA NOTA PREVIA.

Quería escribir sobre la huelga, pero tengo tantas lagunas en política y economía que iba a quedar cutre como el infierno. Así que resumo: yo voy a la huelga. Porque no me gusta lo que veo. Y porque si no voy yo, que soy joven, sin cargas, que me puedo permitir un bocado en la nómina, que no voy a ser despedida ni, de hecho, contratada cuando termine el PIR... entonces decidme a mí quién cojones va. Así que eso: que voy.

Por lo demás... mi vida prosigue en su tranquilo cauce. No ha aparecido la ballena, pero sí un pescadito curioso en forma de viaje de escalada a Marruecos la semana que viene. En otro orden de cosas, últimamente paso la mayor parte de mi tiempo libre haciendo cosas inmensamente frikis, como entrenar en el rocódromo con inusitado empeño o leer sobre teorías psicológicas de la obesidad.

Resulta que en los paleoforos la última idea sobre la obesidad tiene que ver con lo que se llama "food reward", o recompensa alimentaria. El tema es, resumiendo, que la comida que comemos en la actualidad está tan procesada, inundada de sabor y texturas y sumamente llena de calorías que actúa sobre nuestro cerebro como una droga, nos motiva a conseguir cada vez más y nos impide saber cuándo estamos realmente llenos.

A mí la nutrición me fascina. Es curioso, porque antes de toda esta historia del Acné del Averno me importaba un carajal, más o menos. Tenía mis ideas sobre lo que era "comer de todo", y una vaga intuición de que lo integral era mejor que lo refinado. Desde que empecé a investigar la nutrición paleo se me ha abierto una ventana al futuro y está llena de comida.

Lo de la comida como recompensa me tiene subyugada. Llevo tres días leyendo sin parar sobre el asunto y contándoselo a quien me quiera oír. Que la comida tenga poder sobre ti creo que es algo que sólo se entiende si la comida tiene poder sobre ti. Y sobre mí lo tiene. No sólo el chocolate. Me gustan los sabores fuertes, las texturas, lo agridulce, lo ácido. Me gusta que la comida me estimule, me entretenga y me consuele. Y bueno, resulta que eso puede ser un problema en un momento dado. Porque cuando la comida no es comida, sino droga en el sentido cerebral de la palabra, no la valoramos como comida, sino como una droga. ¿Cómo funcionan las drogas? Dejándonos siempre con ganas de más.

Es un tema precioso del que tal día como hoy podría hablar hasta el infinito. De hecho, ni siquiera pensaba escribir hoy sobre ello. Me parece la típica frikada que no le importa a nadie nada más que a mí. Pero es una teoría tan sumamente bonita y explicativa que de verdad que creo que puede marcar el futuro de la investigación sobre obesidad. El hecho de alimentarse todo el rato con comida rápida e hiperprocesada trastorna tanto tu cerebro que hace que pierda el norte acerca de qué peso y porcentaje de grasa corporal es ideal para ti; de esta forma, te vuelves incapaz de regular tu ingesta y te pones gordo como un zollo.

(Vale, igual este post está siendo un coñazo. Si habéis llegado hasta aquí y comentáis, decid "gatito".)

Stephan Guyenet, un bioquímico americano que está hecho una máquina de divulgar vía este blog y que se ha convertido en la última semana en mi ídolo-absoluto-al-que-me-tiraría-sólo-por-lo-mucho-que-me-mola-lo-que-investiga, propone soluciones para todo este asunto de la adicción de la comida. Soluciones que pasan por un camino tan trillado como novedoso: SIMPLIFICA. Evita los alimentos procesados. Deja de echarle mayonesa a todo. Usa menos sal. Usa menos aliños. Disminuye la variedad de tus comidas. No salgas tanto a comer fuera. Come tus comidas una por una. Yo añadiría: no hagas de la comida tu principal fuente de placer. Encuentra formas alternativas de divertirte, de relacionarte, de aliviar el estrés.

La gente escucha estas cosas y se echa las manos a la cabeza. ¿Qué? ¿Renunciar a la comida superrica? ¿Renunciar a mis oasis de placer y autosatisfacción en medio de una vida estresante y ocupada? A nadie le gusta escuchar esto. Queremos creer que si quitamos las grasas, o quitamos los carbohidratos, o sólo comemos proteínas puras y salvado de avena, podremos prepararnos cosas igualmente buenas y permanecer delgados.

Y bueno, el tema no es la comida. Aunque la comida es muy importante. El tema es un poco el concepto, ¿sabéis? El concepto de la simplicidad, del sacrificio o de lo que verdaderamente importa en la vida. El hecho de juntarse para consumir cosas (objetos, alimentos, bebidas, drogas) en vez de para hacer cosas. Escalar me gusta por muchas razones, pero una de las más importantes es que no consumes nada, aparte del material y las barritas de muesli. Vas allí a hacer algo. Algo que te importa mientras lo haces, por la simple satisfacción de hacerlo, por superarte a ti mismo, por poner a prueba tus límites. Sobrepasas la incomodidad física, el dolor y el miedo. Vives, joder.

Así que si este asunto de la comida como recompensa y de la dieta simple como solución se populariza, no tengo claro que guste. A nadie le gusta darse cuenta de que parte de la solución a lo mejor es disminuir un poco el nivel de placer que se espera obtener con las cosas. Dejar de enfocar la vida como si fuera un surtidor de sensaciones. En fin, yo qué sé. Este mundo cada vez me gusta menos. Cada vez querría imaginarme más en un entorno tranquilo, menos estimulante, más silencioso. Donde las horas fueran más largas. Donde poder leer en un rincón o compartir historias bonitas. Donde escribir y escalar, claro.

Y lo dejo aquí, que se me ha ido el coco y que en mi camino hacia la simplicidad voy a tener que dejar este blog para ver si consigo irme a dormir antes.

lunes, 26 de marzo de 2012

Actualización: ¿el fin del Acné del Averno?

[NOTA: No sé qué cxxxnes le pasa a Blogger con el formato, pero la entrada sale rara. Mañana lo arreglo, que tengo sueño.]

Pues creo que ha llegado el momento de dejar de tener miedo al gafe y decirlo públicamente. Pero bajito.

Creo que me he curado.

Iba a colgar fotos, pero estoy esperando a que se borren las marcas y el antes-después sea aún más impresionante.

Estoy guapérrima.

¿Cómo lo he hecho? Pues la verdad es que no lo tengo del todo claro. Empecé a mejorar tomando omega 3 concentrado de alta calidad (que cuesta aproximadamente lo mismo que el líquido cefalorraquídeo de un unicornio primogénito). Después seguí mejorando cuando cambié de jabón y crema para la cara. Mejoré todavía más con una dieta hiperrestrictiva que lo quitaba básicamente TODO. No sé cuál de estas cosas surtió efecto; a lo mejor, como dice mi madre, simplemente ha llegado el momento de curarme. A lo mejor tanta dieta paleo, ejercicio, vida sana e intentos razonables por ser feliz han acabado por dar resultado. A lo mejor, siguiendo a los teóricos de la psicosomática, he resuelto algún tipo de conflicto interior y ya no necesito a mi acné.

El caso es que se ha ido.

No sé si va a durar para siempre. No sería la primera vez que vuelven los Brotes del Averno cuando creía que todo había terminado. Pero de momento disfruto de esta extraña libertad. Los que me leéis desde hace tiempo sabéis lo increíblemente duro que ha sido para mí todo este tiempo. Creo que ya lo he dicho. No tener acné no te hace automáticamente feliz, pero a mí personalmente tener acné me hace bastante infeliz casi todo el rato. Ahora que hago cosas como mirarme en todos los espejos sin evaluar previamente el tipo de luz, pintarme los ojitos sin que me perturbe estar tanto rato frente a mi propia imagen, acariciarme la cara a ratos como con sorpresa o hacerme fotos de cerca, me doy cuenta de hasta qué punto me dolía antes. Era una mierda, de verdad.

Lo más gracioso es que no sé si la gente se da cuenta. Algunas chicas me lo dicen. Los chicos me dicen que estoy más guapa, pero no sé si caen en la cuenta de por qué o simplemente no hacen referencia a la piel por educación. Todavía no se me caen los maromos rendidos a mis pies, pero dadme tiempo. Y creo que más importante que los demás es que me doy cuenta yo: estoy segura de que miro distinto y ando distinto.

El tema es que me siento orgullosa. ¿De qué, exactamente? Hace algún tiempo murió Michel Montignac, el autor de la dieta Montignac. Sabiendo lo que sé hoy de nutrición, la Montignac no es lo que se dice una dieta perfecta, pero fue pionera sacando a la luz muchos conceptos que hoy en día son básicos, como el índice glicémico o las grasas buenas. Pero, sobre todo, recuerdo algo que escribió Amanda sobre él cuando murió: que fue un hombre que tenía un problema (era gordo), se puso a investigar e hizo lo necesario para solucionarlo. Y que si toda la gente funcionara así, probablemente el mundo sería un lugar mejor.

Así que cuando me miro al espejo últimamente (y lo hago mucho; estoy desarrollando una especie de Síndrome de Narciso post Acné del Averno preocupante) lo que veo es un poco eso. Una persona capaz de solucionar sus problemas. Es duro decir esto, sobre todo porque yo me gano la vida intentando ayudar a la gente a arreglar los suyos, pero al final mi padre tiene razón, y la mano que nunca te falla está siempre al final de tu brazo. Y me vienen a la memoria las decenas de consultas con dermatólogos, naturistas y esteticienes; los miles de consejos bienintencionados; los cientos de pastillas y cremas y mascarillas y jabones y sus putos muertos. La de veces que he llorado este último año, no ya por verme fea, sino por verme SOLA; por sentir que nadie entendía lo que estaba haciendo, qué era eso de la paleodieta o por qué se alineaban todos esos suplementos encima de mi frigorífico.

Y bueno, aquí estoy. Guapa. Solucionada, por lo menos de momento. Y lo he hecho yo sola. Me preocupa la posibilidad de un nuevo brote. Hasta tengo pesadillas sobre el tema. Pero me preocupa menos que antes. ¿Por qué? Antes mejoraba por razones externas y los brotes llegaban como algo maligno y fuera de mi control. Como una plaga bíblica. Ahora no es que los controle porque, de hecho, ya os digo que no tengo claro qué he hecho para mejorar. Pero lo que tengo claro tal día como hoy es que en casi todos los problemas se pueden intentar soluciones nuevas. Siempre hay nuevas opciones, cambios, maneras de hacer las cosas. A veces el tema no es que no existan soluciones, sino que aún no somos lo suficientemente valientes o comprometidos como para ponerlas en práctica. Pero están ahí.

Silvia me escribió un post precioso donde hablaba de cosas muy bonitas, como mi ingenio, mi sabiduría o mi maravillosa vitalidad (cito textualmente). Habla de "esa persona que podríamos ser después de limpiarnos las costras de la superficie, los días, los abandonos, las adaptaciones cotidianas al miedo y la comodidad". Yo no sé si soy esa persona. Soy consciente de que me quedan muchos miedos, limitaciones y abandonos. Pero lo intento. Intento vivir lo mejor que puedo y hacerme cargo de mis problemas. Y si algo quiero transmitir aquí, además de que la vida es preciosa, y nuestro tiempo en ella es limitado, y debemos tirar adelante lo mejor que podemos... es que luchar siempre se puede. El AA ha sido para mí una gran batalla y aquí estoy: al otro lado. Así que luchad las vuestras, sean las que sean. Yo ya estoy preparándome para la siguiente.

Y va, no me puedo contener. Ésta soy yo tal día como hoy, en este momento en particular. La cam difumina, pero creo que se aprecia el efecto.



Os mando un besito porque me siento sexy.

Jejeje.

domingo, 25 de marzo de 2012

Ganas de ballena



Esta mañana iba yo en autobús camino de Cádiz después de terminar la guardia. Ah, el saliente. Ese momento en que el hospital te deja libre después de tenerte veinticuatro horas bajo sus garras, y todo (el sol, el mar, los desayunos y hasta los perros) te parece más brillante y bonito.

Iba leyendo con los tapones de los oídos puestos, intentando obviar la música maquinera de la radio, pero al final ha sido más fuerte que mi capacidad de concentración y he cerrado el libro. Me he quedado con la mirada así un poco perdida y el cuello descolgado sobre el asiento del autobús, observando las marismas y las calles solitarias de Puerto Real. Ha hecho un fin de semana de mucho viento, algunas nubes e incluso un par de gotas del fenómeno atmosférico anteriormente conocido como lluvia. Un tiempo malo, pero ideal para estar encerrada en el hospital 24 horas viendo a gente muy rara con problemas mentales, porque piensas: vale, yo estoy jodida, pero los de fuera también.

Cuando hace levante en Cádiz, el agua de la bahía se vuelve gris amarronada y se llena de olas cortas y espumosas, y yo me imagino el mar arrastrando la arena del fondo y removiendo los bancos de peces. Hoy reflexionaba sobre eso cruzando el puente de Carranza cuando he visto una roca muy grande que quedaba al descubierto sobre las olas. Entonces he pensado: y si fuera una ballena. Fíjate qué pensamiento más absurdo, que sólo me ha durado dos segundos. Porque no hay ballenas en Cádiz, ni creo que haya posibilidad de que llegue ninguna; desde mi desconocimiento oceanográfico lo digo. Pero entonces he imaginado muy claramente cómo sería que aquella roca fuera una ballena. La he visualizado saltando a cámara lenta y salpicándolo todo de gotitas transparentes, y los pasajeros del autobús asombrados sacando los móviles para hacer fotos y colgarlas en Facebook.

Ayer estuve hablando con mi padre, que me llama los miércoles y los sábados como mínimo y un poco más desde que me tiene como número preferido y le salgo gratis. A mi padre, que es cirujano, le gusta que haga guardias. Creo que se siente orgulloso, como si me estuviera enfrentando a las cosas duras de la vida o como si él hubiera conseguido transmitirme parte de su legado. Me preguntó qué tal me van las cosas. Bueno, no sé, bien, contesté. Últimamente es lo que contesto cuando me preguntan. Bueno, no sé, bien. Hace un par de meses estaba... no sé cómo decirlo... más entusiasmada. Ahora, le explico a mi padre, es como cuando estás leyendo un libro y pasan capítulos y más capítulos, y tú sigues leyendo porque el libro no está mal, pero al mismo tiempo te preguntas: ¿cuándo se supone que va a empezar lo emocionante?

Bueno, hija, me contesta mi padre. Yo creo que la vida no da mucho más de sí.

Así que creo que tengo ganas de ballena. Porque estoy bien, claro que sí, pero a lo mejor no exactamente infeliz, sino un poco aburrida. Preguntándome si al escritor que me escribe no se le dará tan mal hilvanar buenas tramas como a mí. Y esta mañana, mientras miraba por la ventana del autobús, ha sido eso lo que he reconocido detrás del absurdo impulso de imaginar cosas raras un domingo por la mañana. El aburrimiento existencial mezclado con mi optimismo incorregible. Las ganas de que llegue algo bonito que me sorprenda, con la misma cualidad inesperada y asombrosa de una gran ballena gris en la bahía de Cádiz.
Estoy de guardia y me resulta difícil inspirarme aquí, así que os dejo con el precioso post que me ha dedicado Silvia. Mil gracias, guapina. Yo prometo escribir largo y tendido mañana. Os quiero, deseadme buena noche.

jueves, 22 de marzo de 2012

Copa menstrual: lo que nadie te ha contado

O quizá sí te lo han contado, pero ¡queda tan interesante titular así un artículo! Pensadlo. Queda bien con casi cualquier cosa:
"Sexo oral: lo que nadie te ha contado".
"Tortillas francesas: lo que nadie te ha contado".
"Leer a Proust: lo que nadie te ha contado".

¡Qué sugerente todo!

Una vez hecha esta introducción absurda, advertencia: este post va a ser asqueroso. Asqueroso nivel hablar de sangre menstrual con cierto detalle. Así que los que no tengáis interés por saber más de los misterios femeninos que nosotras intentamos llevar con cierto pudor una vez al mes, podéis absteneros. El que avisa no es traidor. Las mujeres que no tengan interés en recrearse en el evento maligno menstrual, también pueden pasar.

Vale, ahora los que quedamos. ¿Por qué hablar de la copa menstrual? Yo no sé vosotras, pero a mí me da la impresión de que me paso toda la puñetera vida con la regla. Es como "no me puedo creer que ya me toque otra vez, por el amor de Dios pero si terminé hace dos días". Esto se debe a que la regla es mala, porque no me pasa con las cosas buenas. No digo "no me puedo creer que ya me toque otra vez que me paguen, si parece que fue ayer"; es más bien algo del tipo de "o cobro ya o a mi cuenta naranja voy a tener que empezar a llamarle mi cuenta roja". Así que bueno, si hay algo que podría mejorar mínimamente nuestra calidad de vida en esos días del mes, creo que es mi obligación divulgativa y humana compartirlo.

La regla la inventó Satanás Dios cabreado, que para el caso es lo mismo. Es más: si Dios ha creado el mundo, probablemente tiene mucha más mala leche que Satanás o, por lo menos, una mala leche más creativa. Cuando tienes la regla te encuentras mal, tienes penita, angustia, dolor, hinchazón, gases, estreñimiento o todo junto. Aumentas un kilo o dos de peso y odias a tu báscula. Se apaña para coincidir con excursiones sexuales esporádicas. Tú querrías ponerte un cartel en la frente para que la gente te respetara, pero además es un tema no exactamente tabú, pero tampoco como para contarlo a los cuatro vientos. Si dices algo, normalmente la reacción varía en función del sexo:

- Mujeres: ponen cara de dolor empático. Saben por lo que estás pasando. Te tocan el hombro, te dan palmadas de apoyo, te ofrecen espidifén y/o chocolate. Comparten contigo su drama particular (ejemplo: "pues yo el primer día me tengo que poner un tampón cada media hora porque sangro a chorros" o "pues a mí me dura una semana y no quiero más que morirme").

- Hombres: asienten intentando ser comprensivos, pero lo que ves en sus caras es pánico. Algo como "cambia de tema YA", o como "¿¿¿¿Y ahora qué deberá decir????". Suelen solucionarlo con un "ah... vaya" o un "lo siento" casi de pésame. Yo lo entiendo. Si ellos sangraran por sus partes una vez al mes, yo también me preocuparía.

En fin. La cuestión es que la regla no es optativa, aunque a mí me encantaría confirmar de una vez que no me voy a reproducir y extirparme todo el aparato reproductor, en plan "to palante". Pero conservo la esperanza y me resigno. Entonces llegan los problemas de logística. ¿Qué utilizar?
- Compresas: las mujeres que utilizan compresas así como única opción me parecen adorablemente arcaicas. Porque las compresas son incómodas y sucias, aunque los de la tele inventen anuncios con colorines e instrumentos de viento. ¿A qué huelen las cosas que no huelen? ¡A sangre! Y no nos engañemos: la sangre huele.

- Tampones: importantísima mejora, sí, pero no la panacea. Digan lo que digan: los notas. Si los quieres usar de noche en los días de más flujo, te tienes que cambiar o poner compresa adicional. Si te los tienes que cambiar en sitios recónditos, como el campo o sórdidos baños callejeros, puede ser un problema qué hacer con el que ya has usado. Si no calculas bien el tiempo, puedes mancharte. Si te los pones en el agua se producen interesantes efectos en los que los conceptos "mi útero" y "agua salada o con cloro" están preocupantemente cerca.

Y aquí llega, chanchanchan... La Copa Menstrual. El invento del que tu madre nunca te habló porque... bueno, porque no existía. ¿En qué consiste? Es una especie de embudo lógicamente cerrado por abajo y hecho de silicona. Se pliega, se introduce en tu potorro y allí se expande y recoge la sangre. Cuando está lleno se saca, se vacía en el baño, se limpia muy bien con agüita y jabón y se mete de nuevo.

Los básicos sobre la copa los podéis leer muy bien explicados en este post de Pétalo. Para qué vamos a repetir lo que ya se ha dicho. Si escribo este post es para aclarar que ¡ojo! La copa menstrual NO es la panacea sagrada que cambiará tu vida y te convertirá en la chica feliz de los anuncios. Si partimos del concepto sangrar como un cochino durante tres días seguidos, podemos prever que nada lo hará.

Así que, después de seis meses utilizando el artilugio en cuestión (concretamente la talla pequeña de la marca Diva Cup), he aquí una lista de ventajas y desventajas.

Ventajas:

1) Es ecológico. Si me imagino una bolsa llena con todos los tampones y compresas que habría usado en estos últimos seis meses, salen un montón. Si calculamos unos 15 tampones + 5 compresas por regla, nos salen un total de 120 cacharros de celulosa que le he evitado al Amazonas. Viva y bravo. No soy particularmente ecologista, pero creo que sólo con este gesto podemos aportar un granito de arena a la salud del planeta.

2) No te manchas jamás. Esto es fabuloso. Incluso si la cosa se pone chunga y tardas más tiempo del que pensabas en poder cambiarte, la cosa nunca rebosa y empieza a mancharte. Sólo pasa si está mal colocada, lo que es muy muy raro.

3) Es bastante más fácil de usar de lo que parece. No requiere mucho más entrenamiento que los tampones.

4) Hay que cambiarla con mucha menos frecuencia, lo que la vuelve muy cómoda, especialmente en situaciones donde no te puedes cambiar todas las veces que querrías. Excepto el primer día, que normalmente manchas más, los demás días a mí me basta con vaciarla por la mañana y por la noche. Esto es una graaaaan ventaja, sobre todo si pasas el día fuera de casa: en la playa, de viaje, escalando... en lugar de convertirte en un radar humano buscador de baños públicos, puedes vivir tu vida.

5) Es razonablemente cómoda. Insisto: razonablemente. De esto hablaremos más en el capítulo de las desventajas.

6) Si te vas de viaje, no tienes que ir cargando con veinte millones de tampones y compresas por si te baja la regla, o gastarte un dineral en comprarlos en sitios precarios donde te los venden a precio de cocaína. Te llevas tu copa y punto.

7) Te la puedes poner en plan "por si acaso". Por ejemplo, el día que prevés que te va a bajar la regla, si eres muy puntual, o los últimos días, cuando apenas manchas. No es como el tampón, que en teoría es malo malísimo si ya manchas poquito y que por supuesto no puedes ponerte antes de tiempo. Esto también es muy cómodo. Si no te baja la regla o si ya has terminado del todo, la copa no te va a hacer ningún daño.

Y ahora vamos con las DESVENTAJAS

1) La comodidad es relativa. A ver: no deja de ser un cuerpo extraño más o menos grande metido en tu vagina. Yo la noto. Y no sólo la noto: me presiona la vejiga y me da ganas de mear. Los que me conozcáis en persona ya sabréis que tengo un problema con eso, así que ahora imaginadme con un cacharro ahí apretando. El baño y yo somos uno.

2) Los días de más flujo la lías parda cuando te cambias. A ver: es que entre que la pliegas, la sacas y la vacías, si hay mucha sangre pues se esparce a medias entre tus partes pudendas, tu mano y el váter, y aquello puede llegar a parecer la matanza de Texas. Luego tienes que limpiarte muy bien, para lo que recomiendo llevar toallitas y tal, y por supuesto tener un lavabo cerca: no ya por la copa sino por tu propia persona.

3) El tema del lavabo. A mí personalmente me parece un poco asqueroso lavar mi sangre menstrual en un lavabo ajeno. Yo sé que es sangre y ya está, pero si yo supiera que otra lo está haciendo en mi lavabo no me convencería mucho. Intento solventarlo cambiándome en mi casa siempre que es posible y lavándolo todo bien en los baños ajenos, aunque sea con jabón de manos. Aun así, ya os digo: me da un poco de repelús.

4) El tema de qué narices hago si no hay un lavabo cerca. Porque lo que dicen de lavarla con una botellita que puedas llevar en el bolso o, en casos límites, no lavarla, pues yo qué sé... tengo mis reservas. Sobre todo por lo que os decía: porque te manchas al quitarla y ponerla, y esto es una verdad como un templo o yo soy muy torpe.

Y esto es todo. El tema de la incomodidad igual se solucionaría con una más flexible o más blandita. La propia Pétalo probó una de estas características (patrocinada, por cierto... ejem ejem, fabricantes de copas: me ofrezco también a que me patrocinéis), y quizá me iría mejor, porque la Diva Cup es bastante rígida. En general, la verdad es que las ventajas son más numerosas e importantes que las desventajas, pero asumamos que la regla es lo peor de la vida y que ni todo el espidifén del mundo combinado con maravillosas copas menstruales de colores pastel te sacarán de ese embrollo. Al final siempre te encuentras observando cómo la sangre brillante y roja mana de tu cuerpo y preguntándote qué le pasa al útero con el gasto indiscriminado de recursos: ¿no sabe que hay crisis?

En fin. Y después de esta entrada tan pedagógica, me despido hopefully hasta mañana, que es viernes y que intentaré compensar con algo bonito, creativo y profundo.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Vacío

Hoy es uno de esos días en los que la vida me supera. Llevo aquí un buen rato intentando escribir algo y la pura verdad es que me duele. Me siento vacía. Hacía mucho, pero mucho que no me pasaba esto. Quiero decir, que en los últimos meses siempre que me he sentado aquí he sido capaz de sacar algo. Bueno o malo, pero algo. Y hoy, sin embargo, es como si hubiera demasiado dolor que se niega a ser expresado. No es grave, no os preocupéis. Tiene que ver con que hoy he pasado con creces la cuota de sufrimiento humano que soy capaz de presenciar. He visto a un hombre con síndrome de cautiverio: ha tenido un infarto cerebral en el troncoencéfalo y ahora está completamente paralizado, pero con la sensibilidad y la conciencia intactas. Cuando digo completamente quiero decir que no puede mover nada. Apenas los ojos, y sólo en dirección vertical. Ese hombre no puede hacer nada ahora mismo: nada. Todo lo que la vida significaba para él se ha venido abajo. Todo. No estoy hablando de correr, caminar, escalar, conducir.... estoy hablando de comer, rascarse, lavarse los dientes, besar, cantar, hablar, bostezar. Todo. Y bueno, una no es de piedra, y a veces cuesta mucho, pero mucho, intentar averiguar qué hacemos en un mundo en el que cabe un sufrimiento tan gigantesco. ¿De qué va esto, en serio? ¿De qué va?

Pero supongo que no sólo se trata de eso. Hoy me duele el corazón como si estuviera lleno de cosas que no pueden ni deben ser expresadas. Hoy me siento extraña y muda como hacía tiempo que no me sentía. Como media Marina. Normalmente, cuando sufro soy capaz de encontrar las razones, de ponerle palabras. Hoy no, y esto que estoy haciendo aquí es apenas un intento para no dejar sin nada el hueco del día. No quería darme por vencida.

Imagino que es un cúmulo de cosas. La regla, el cansancio post-roco, el recuerdo de los ojos del paciente, los demás pacientes de la Unidad que dan vueltas por los pasillos sumidos en su particular locura. La gente que no está en la Unidad y que también vive dentro de locuras particulares que me resultan incomprensibles. En serio, ¿de qué va esto?

Lo voy a dejar aquí. Ya se me pasará. Volverán los días de pensar que todo es taaaaan maravilloso y brilla con tanta luz. Pero hoy no la veo. La luz. Supongo que en el alma, como en el cielo, a veces las nubes lo cubren todo y cuesta recordar que hay un sol brillando por arriba, ahí en algún lugar, en la estratosfera.