massobreloslunes

miércoles, 24 de octubre de 2012

Creando recuerdos

Parece ser que hay un ejercicio de terapia no sé si familiar o estratégica que consiste en prescribir a la familia que cree recuerdos. Se supone que, igual que uno se esfuerza por salir guapo en las fotos para mirarlas luego, hará su vida más agradable si la piensa como material de futuros recuerdos. Yo últimamente tengo a menudo la sensación de estar creando recuerdos. Porque algunos momentos de mi vida cotidiana son de una belleza impactante, y no belleza de puestas de sol, que también, sino belleza humana, mental, sensible: llamémosle belleza vital.

En eso pienso en la guardia del sábado con el MIR, que es amor. Es la única persona del mundo capaz de quitarte la angustia de los falsos viernes pre-guardias y hacerte llegar con ganas al hospital. La tarde es muy tranquila y la pasamos charlando entre la cafetería y los escalones al sol, junto a la puerta lateral del edificio antiguo. ¿Cuántas horas seguidas charlamos?, me pregunto después. Si echas la cuenta, pueden haber sido cuatro o cinco, de forma relajada pero ininterrumpida. Tomamos cocacolas sentados frente al tanatorio. Recordamos a los pacientes que compartíamos en Agudos. Entablamos amistad con una gata romana y flaca que se frota entusiasmada contra nuestras piernas.

Por la noche quedamos con la adjunta para tomar algo en la cafetería. A ella no le gusta el sandwich de pollo, así en general, pero se pide uno, porque ha educado a todo el personal de la cafetería para que se lo haga a su manera: con dos tostadas en lugar de con tres, sin mantequilla y muy tostadito. Mientras se lo preparan, le ponen una tapa de croquetas y se toma una cerveza con el codo apoyado en la barra. Lo hace en todas las guardias, todas las noches. Es absurdo, es decir: podría limitarse a pedir algo que sí le gustara en vez de traer en jaque a los camareros con el sandwich de pollo. Pero el sandwich es su cosa, y le da motivos para esperar un rato acodada en la barra y charlar con quien quiera que se esté quejando en ese momento de tener que aplastarle las rebanadas de pan bimbo con la espátula.

Cada uno tiene su cosa en las guardias, ¿verdad, MIR?, le comento mientras nos acercamos a la cafetería. Creo que mi cosa van a ser los colacaos de media noche, digo luego; desde que descubrí que la cafetería abre 24 horas no me puedo resistir a un colacao calentito justo antes de meterme entre las sábanas tiesas de la habitación de residentes. Pero después de la cena lo que me apetecen son conguitos, no sé por qué, y el MIR y yo cruzamos el vestíbulo desierto en dirección a la máquina de vending, que sólo puede ofrecerme unos M&Ms normales. Me los como con entusiasmo mientras el MIR fuma, intento que la gata se coma un yogur que he robado del comedor y la bautizo como Julia, por algo tan sencillo como que el gato de la adjunta del sandwich se llama Julio.

Nos vamos al dormitorio y charlamos otro rato. A ver si no llaman, dice el MIR, colocando con cuidado el busca sobre la mesilla de noche. Ya verás como no, contesto, ya verás como todo va a ir bien. Tú siempre haces que sienta que las cosas van a salir bien: me haces sentir segura. A pesar de que creo firmemente en lo que digo, a las dos suena la musiquilla de Nokia y nos levantamos sin una queja, y mientras caminamos por los pasillos desiertos que comunican el edificio viejo con el nuevo, miro la marca de las sábanas en la mejilla del MIR y pienso en la poquísima vergüenza que tiene el hospital recortándonos dinero de las guardias a los residentes. Después vemos al paciente, me deleito en la calma bondadosa del MIR y volvemos a la cama. Antes, eso sí, paso por la cafetería para tomarme mi colacao de media noche. Porque es mi cosa. Buenas noches, le deseo por segunda vez al MIR antes de dormir. Piensa en cosas bonitas. Tú también, me dice él. Piensa en Julia.

Últimamente, cuando tengo que hacer algo que no me apetece, como sacar la ropa de invierno, o lavar los platos, o acercarme a dar apoyo moral al roco nuevo que estamos construyendo aunque no sepa soldar hierros, me digo: Marina, ésta es tu vida, es la única que tienes y es tu responsabilidad hacer que funcione. Y me pongo al lío. Y, en general, estoy orgullosa de esta vida que estoy construyendo: de su gente, sobre todo, y de que sé que en el futuro me acordaré del MIR y de mí, juntos y contentos en las guardias de sábado, burlando la muerte sentados a las puertas del tanatorio y tentando a los gatos perdidos con colacaos de medianoche.


domingo, 21 de octubre de 2012

Queridos todos:

Después de quince años, creo que por fin he aceptado una cosa.

Tengo acné.

Sorpresa.

Esto es complicado de explicar. No es que antes no lo supiera. Claro que lo sabía, y vosotros sabéis que lo sabía. Pero no era capaz de aceptarlo o, más bien, no era capaz de vivir sin el consuelo hipotético de que en un momento dado el acné se iría y mi cara estaría bien. Mi presente era intolerable. La idea de "por qué tengo que ser precisamente yo y precisamente mi cara" me resultaba muy, muy desagradable.

El último ataque de acné ha sido un poco desmoralizante. Más que nada, porque ya llega un punto en que te hartas y te dices: por Dior, si tengo arrugas ya, esto es cansino. Paralizada por el pánico de seguir empeorando, hace un mes empecé la enésima dieta hiperrestrictiva de mi vida, compuesta de aproximadamente quince alimentos y para de contar. Estuve dos semanas cuidándome como un paleotemplo. Entonces me fui un día a escalar y en ese único día de autoconciencia y estrés por no comer nada no permitido, me atacó un brote del mal. Mientras volvía a casa en el coche sintiendo perfectamente todos y cada uno de los granos y quistes que brotaban nuevos en mi carita, tuve un insight:

Va a ser el estrés.

Y decidí que al carajo la dieta y que iba a hacer de manejar mi estrés y mi relación emocional con mi piel el núcleo central de mi lucha contra el AA. También decidí empezar a comer cosas normales y que simplemente contribuyeran a hacerme sentir bien en general. Y relajarme. Y dormir más. Y volver a maquillarme. Por último, algo hizo clic en mi cerebro y decidí que tenía por fin que empezar a identificarme con la chica con acné. Que mi cara no es lo que sería si el AA se fuera. Que yo soy esa, la de la piel de mierda, y que no es tan terrible; los que me rodean pueden aguantarlo. Cada uno tenemos nuestro tema y a mí me ha tocado esto, y tanta lucha no tiene mucho sentido.

A partir del día siguiente, empecé a hablar conmigo misma cada vez que me miraba al espejo. Parecía una absurda autoayudera conversando mi niño interior, pero me esforcé en sustituir la habitual inspección de "a ver con qué me sorprende hoy mi carteo" por un "eres preciosa, maravillosa y un ser humano estupendo, y te quiero". Decirse te quiero frente al espejo es de perdedora, yo lo sé, pero me sentaba extrañamente bien. Como a favor de mí misma después de mucho tiempo. Después me maquillaba y procuraba pensar en el AA lo mínimo posible.

Un par de días después de empezar con la autoterapia de "vamos a reconciliarnos de una puñetera vez con nuestro destino maligno", fui a ver a una paciente mía que está ingresada en el hospital. Es una chica estupenda, que sufre mucho pero que es muy fuerte. Cuando me vio entrar desde la cama, sonrió un poco sorprendida, y después lo primero que dijo fue "¡qué guapa!". Yo llevaba una camiseta roja, pantalones marrones anchos, pendientes de plata, el pelo suelto y la bata del hospital, y las palabras de mi paciente tuvieron un efecto de insight muy curioso. Pensé: la gente se da cuenta. No ya de mi autoterapia ni nada, sino de esa parte bonita de mí; al menos alguna gente en algunos contextos. Y esa es la gente que me interesa: la gente que me aprecia.

Llevo un par de semanas sintiéndome mortal de guapa, de verdad. Guapa entera y como concepto, y pelándomela mortal el AA. También creo últimamente que el AA cuida de mí, es decir: pensad en la cantidad de cosas buenas que hago por mi cuerpo gracias a él. Duermo más, procuro relajarme, me trato bien, como bien, hago deporte. El AA sabe lo que me conviene.

No sé muy bien si hoy he expresado lo que quería al escribir aquí, porque es muy difícil verbalizarlo sin que suene a chorrada new age. Pero es como que he descubierto realmente el tipo de belleza que quiero que la gente vea en mí y no tiene nada que ver con mi piel. Y esto parece tonto o ingenuo, y de hecho a ver cuánto me dura antes de que la desesperación me sacuda de nuevo, pero ahora mismo, en este preciso momento, es genial.

sábado, 20 de octubre de 2012

Imaginación

El chico de la sonrisa bonita llevaba tanto tiempo solo que un día le dio por acordarse de sus amigos imaginarios. De pequeñito, siempre le habían dicho que tenía mucha imaginación, pero lo decían como algo negativo: la tutora movía la cabeza mientras lo comentaba con los padres, la psicóloga del colegio rebuscaba entre los papeles de su escritorio el dibujo que había hecho en clase la semana pasada. Lo de los amigos imaginarios no lo sabía nadie; incluso de niño, intuía que la idea podía no tener un efecto positivo entre los que le rodeaban.

Su primer amigo se llamaba Darwin y era un pájaro carpintero. ¿Por qué carpintero? Porque cuando el chico de la sonrisa bonita estaba en clase, mirando distraído por la ventana, le gustaba imaginar que el pájaro agujereaba con su pico el techo o las paredes del aula y que él podía ver cosas fascinantes. El despacho de la directora, a la que siempre imaginaba sacándose mocos cuando no la observaba nadie. El cogote de los niños de la clase de al lado. También imaginaba que el pájaro podría picar en la nuca al profesor de educación física, o comerse la coliflor del almuerzo cuando su madre no miraba.

Cuando le regalaron su primer coleccionable de dinosaurios, se dio cuenta de que quería uno. Para no ser desleal a Darwin, se lo imaginó volando feliz en dirección a los mares del sur, y justo después imaginó a Santi, su dinosaurio, saliendo de un huevo violeta en mitad del patio de recreo. El dinosaurio, sin embargo, duró bien poco; pronto se hizo demasiado grande para la clase y para transportarlo en coche hasta su casa, y al final no tuvo más remedio que dejar que se marchara libre en dirección a los campos de cultivo, montando con sus grandes patas jurásicas un estruendo que sólo escuchaba él.

Después vino Leo, que era un chico un par de años mayor que él. Leo lo sabía todo: cuándo y cómo empezar a afeitarse, qué curaba más rápido un grano inoportuno o qué eran las pajas esas de las que hablaba todo el mundo. Cuando el chico de la sonrisa bonita quería entablar conversación con una chica desconocida, Leo le susurraba al oído las palabras adecuadas. El chico se habría muerto antes de admitir que tenía un amigo imaginario cuando se suponía que debía estar comprando porno a escondidas, y se habría dejado torturar durante días antes de confesar que, en el fondo fondo, no creía que fuera imaginario. Que una parte de él pensaba que Leo existía en un plano de realidad alternativo.

El caso es que, como decía al principio de este relato, el chico llevaba tanto tiempo solo que decidió inventarse una novia imaginaria. Lo hizo más bien como un juego. Era bonito imaginar que había una chica esperándole en la cama antes de dormir. Quiso ponerle un nombre, pero no le salía, así que pensó en una inicial. Tenía que ser la inicial de una chica con la que no hubiera estado nunca antes y que fuera complicado encontrar después, así que la llamó Hache.

Podía imaginarse perfectamente la cara de Hache. Era preciosa, claro que sí, pero nada vulgar: tenía unos ojos marrones y cálidos, los labios gruesos y un pelo castaño y brillante cayéndole por la espalda. Apenas usaba maquillaje; sólo un poco de brillo de labios. La imaginaba siempre con vaqueros y siempre descalza, con unos pies muy bonitos de uñas pintadas asomando por las perneras. Por la mañana, cuando el chico de la sonrisa bonita se desesperaba por tener que ir otra vez a trabajar, se daba la vuelta en la cama y se imaginaba a Hache. Con la mejilla apoyada en la mano, los ojos medio cerrados, el pelo suave cayéndole sobre la frente sólo un poquito desgreñado. Hache le daba ánimos, porque sabía que no tenía ganas de levantarse, y luego él le contaba lo que había soñado por la noche y le daba un beso en la mejilla antes de ir hacia la ducha. Le gustaba marcharse de la casa e imaginarla todavía dormida y calentita bajo el edredón.

Al salir del trabajo, Hache le esperaba sentada en el murete del parque cercano. Fumaba tabaco de liar y balanceaba sus piececitos perfectos sobre la hierba. Él se sentía orgulloso de verla ahí, tan preciosa y tan joven, y se acercaba para recibir un abrazo estrecho que olía a sudor dulce y colonia de baño. "Estoy hasta los huevos de la crisis", decía, y Hache le consolaba, le contaba un par de chistes y tapaba con su manita el viento mientras él encendía un cigarro.

Le gustaba imaginar a Hache de muchas formas. Acodada en la barra del bar con todos sus amigos, riéndole los chistes, buscándole la mirada para marcharse cuando estaba cansada. Sentada al extremo de la mesa familiar los domingos al mediodía, sonriendo cuando le veía resoplar por la octava burrada que su hermano el pijo había dicho sobre la editorial del ABC. Quedándose dormida sobre su hombro en el cine, sin que parecieran molestarle en absoluto los tiros de las pelis de acción que él elegía siempre. Sobre todo, le gustaba imaginársela a su lado por las noches. Él leía bajo la lámpara y Hache, que siempre decía que tenía demasiado sueño para concentrarse, apoyaba la cabeza en su hombro y se quedaba dormida. Él pasaba las páginas con muchísimo cuidado, para no despertarla, y al final se deslizaba bajo el edredón como un gusano enamorado y también se quedaba frito.

Unos meses después, el chico de la sonrisa bonita conoció a una chica que también tenía una sonrisa bonita y que trabajaba con él. Parecía simpática, estaba soltera y, más aún, parecía interesada en él. Le esperaba para ir a comer al mediodía. Se acercaba a su ordenador con excusas. Una tarde de viernes le interceptó justo cuando salía de la oficina en dirección a casa. "Voy a ver una exposición al centro esta tarde - le dijo -, ¿te apetece?". Él pensó que sería agradable. La chica tenía una sonrisa muy bonita. Pero luego miró a Hache, que fruncía ligeramente sus bonitas cejas justo un metro detrás y se sacudía la melena con ese gesto que demostraba que estaba enfadada aunque intentara disimularlo. Se encogió de hombros. "Lo lamento mucho - dijo -. Me encantaría, pero no puedo. De verdad que no puedo".

jueves, 18 de octubre de 2012

¡¡SORTEO!!

¡¡¡Ya está hecho el sorteo!!!

Y para dar testimonio de tan magno momento, nada mejor que... ¡un vídeo!

Al revisarlo me he dado cuenta de que la calidad visual es muy mala (¡¡salgo deforme!!) y de que encima no se ve el número que sale cuando lo enseño, así que os tendréis que fiar de mí.




Enhorabuena al/la premiado/a (jijiji vais a tener que ver el vídeo para averiguarlo) y estaremos en contacto.



miércoles, 17 de octubre de 2012

Resultados de la encuesta

Queriditos:

Mañana se celebrará el GENIAL SORTEO. Para entretener la emocionante espera, aquí tenéis los resultados de la encuesta de lectores, copiados y comentados.

Primero: la edad. Entre los 25 y los 35 se mueve la cosa; más o menos lo que me suponía. Echo en falta a algún abuelito lector.

Lo del sexo ya me lo imaginaba por los mails que recibí cuando privaticé el blog. Once maromos para cuarenta y una maromas. Insisto en que así no conseguiré mi objetivo oculto del blog, que es casarme, así que dad la dirección a vuestros amigos. Recordad los requisitos: buena persona, divertido, listo, amable, moreno, escalador y guapete. Rubios guapos también me valen. 

Por cierto: debo de estar madurando si he puesto "buena persona" antes que "moreno". Me va a ir mejor en el amor a partir de ahora, ya lo veréis.

La mayoría llegó al blog por un enlace de otro blog. Me preocupa esa persona que me conoce en la realidad y se ríe de mí en silencio. Modo paranoide on.

 Me congratula tener lectores tan fieles. Casi un cuarenta por ciento de la muestra lleva aguantándome más de dos años, y nueve personas me leen desde hace cinco. Eso es mu bonito, gente. 
 También me alegra saber que la mayoría os pasáis por aquí todos o casi todos los días. Me motiva para escribir a diario o casi a diario.

Contenta de que os parezca buena la frecuencia de posteo, porque a veces me preocupa ser cansina. Un beso especial para esa personita que quiere que escriba todos los días, varias veces al día, porque nunca tendrá suficiente; es amor.

Y me quedo tranquila también con la longitud de las entradas, que a veces me da cargo de conciencia saturar vuestras retinas con mi verborrea.

Esto me ha gustado: que leáis más de una entrada al llegar. Es guay :)

Os molan la psicología, el amor y la bendita rutina o mi absurda vida. Está bien, porque en general es sobre lo que más me gusta escribir a mí. Algunos me habéis comentado que echáis de menos Psicosupervivencia; a Dios pongo por testigo de que si consigo terminar el NaNoWriMo, el siguiente proyecto será volver a escribir allí.


Sobre lo que echáis en falta: la ficción, los post absurdos y más psicología (¡¡¡más, más, que estamos muy locos!!! Jijiji) Veré qué puedo hacer en todos los campos. Creo que, efectivamente, debería trabajar más el absurdo.


Lo que más os gusta del blog es el enfoque. También me alegro de saber que nadie me lee sólo para saber si no acabaré sola y comida por los perros.

Me conmueve y masajea mi ego mortalmente que nadie piense que escribo mal. ¡¡Gracias!! La mayoría habéis contestado muy amablemente que os gusta todo, y eso es genial. El 33% piensa que me quejo demasiado por no tener novio; aun así, haré caso al 67% restante y seguiré dando la tabarra y preguntándole al mundo a voces por qué no me devuelve el amor que entrego.

¿¿¿¿¿¿Por qué, Señor?????? Si soy rubia natural. De verdad. Puedo demostrarlo de formas sólo parcialmente vergonzosas.



Esta pregunta me quedó un poco rara, pero bueno. Gracias por interesaros por mí y mi absurda vida. Me alegro de caeros bien.


Jijiji sois unos yonkis del blog. Qué genial.

Aquí es donde me enmarronáis para que escriba una novela este noviembre, ¿verdad? Con lo fácil que habría sido recopilar inocentes relatitos. Pues nada; ahí va a estar la tía. Será novela.



Sobre si saldrá en ambos formatos, pues imagino que sí. Depende del perezón que me dé maquetarlo para que se imprima bien en papel. Ya lo iré viendo.

¿De qué vais los que queréis que sea aireriana? Como si no tuviera bastante ya con lo mío. Me ha sorprendido que votéis mayoritariamente por un precio digno. Al final, lo más seguro es que venda el libro por la voluntad, así que todo el mundo quedará satisfecho.


Bueno, pues esto a ver si es verdad. Luego no quiero a nadie con excusas, ¿eh? Cincuenta libros vendidos, mínimo. Jo, la verdad es que vender cincuenta libros conmovería mi (solitario) corazón. Cuando empecé a escribir, nunca pensé que me leería alguien más allá de mi madre.

Está bien que no os haga pasar vergüenza ajena a ninguno, y también que la mayoría recomendéis el blog con gran entusiasmo. Los dos que no quieren compartirlo me parecen muy tiernos y les mando un abracito. 
Y después de este largo masaje en el ego, os dejo en la espera expectante del sorteo. Muchos besitos de miércoles y mil gracias a todos por contestar. 

lunes, 15 de octubre de 2012

Lista de participantes en el sorteo

Aquí os dejo la lista de participantes en el sorteo. La he sacado del formulario, así que si alguien sólo se apuntó en los comentarios de la entrada igual no aparece: avisadme y os incluyo. En dos o tres días se realizará el sorteo (chantatachán) y notificaré quién va a ser el afortunado ganador.

Esto es emocionante. Jijiji.

Sobre la finalidad de la encuesta. Pues la primera y principal es masajear mi ego, que es una razón tan buena como cualquier otra. La segunda, que necesito cierta motivación para escribir algo de más envergadura que este blog, y quería saber vuestra opinión y el posible recibimiento que tendría una iniciativa así. La tercera, que por raro que parezca, a mí me mola tela el feedback. Si no me gustara, escribiría un diario. Escribo aquí porque me gusta contactar con gente en el sentido más primario: establecer contacto, como los cablecitos que sueltan chispas. Y me gusta que me conozcáis y también conoceros. Y eso es guay. Los comentarios de la encuesta han sido muy dulces, amables y cariñosos, y oye, una tiene su corazoncito y esas cosas son el equivalente escrito a un colacao.

¿Curiosidad por conocer los resultados? Los publicaré en estos días, cuando pille un ratito para dedicarme a hacer capturas de pantalla y pegarlas en un post en condiciones. Anticipo que un 82% de la muestra dice tener un serio problema de adicción al blog (muahaha), mientras un 31% opina que me quejo demasiado por no tener novio. Vale, chavales: vais a flipar. Voy a sumergirme en mis celivibraciones (esas frecuencias que emito constantemente y que hacen que los hombres pasen de mí) y a obviar el asunto novio PARA SIEMPRE. Se acabó. Soy una monja virtual, entregada a sus amigos, libros, pacientes y rocas, no necesariamente por ese orden. Estoy muerta de cintura para abajo. He dicho.

Y sin más, ahí va la lista y sus números correspondientes. El número será como vuestra papeleta para el sorteo.

1. Aldery – hiperrealidad
2. Deira
3. Atún
4. Nym
5. Rorschach
6. Xocotajas
7. Els
8. Erizogirl
9. Cigi
10. Francesca
11. Bandini
12. Miscelánea
13. Chiguagua
14. Oviedo
15. Señorita Fuegos
16. Virginia Wolf
17. Marta (Galicia)
18. Yellow-5 (Salt)
19. Autocaravana
20. Viva usted
21. Laura_Madrid
22. Pescaíto Frito
23. Maik
24. Leti-cole
25. Ana María
26. Mon
27. Pájaros de barro
28. J – el lurker mandrileño
29. Tiklia
30. Briginoria
31. TambiénMarina
32. Alaisa18
33. Aran
34. Cruz de palabras
35. Batalecotal
36. Eire
37. Rubia Roneante
38. Ella
39. Majo
40. Primaveritis
41. Estrella
42. Georgina
43. "Mira, un buho", V+.
44. Ale R.
45. Neikos
46. Conan

Hale, corderitos, buenas noches.

domingo, 14 de octubre de 2012

(No me he muerto)

He pensado que quizá, pero sólo quizá, escribir un post sobre mi muerte y luego desaparecer tres días, y no anunciar que he regresado sana y salva de pasar el puente en El Chorro podía sonar siniestro. Así que aquí estoy con, por orden alfabético: cansancio, dolor muscular, hambre, heridas, resaca y el esmalte de uñas hecho una mierda. Lo último quizá no encajaba mucho en el orden alfabético, pero es cierto.

Podría escribir, acostarme tarde y empezar la semana en un bucle de sueño y agujetas, o no escribir, irme ya a la cama y comenzar mi lunes como si viviera en un anuncio de actimel. Os quiero, pero elijo la opción B. A cambio, os notifico dos cosas importantes:

1) 50 incautos justicos han contestado la encuesta para lectores. De esos 50, 13 querrían leer una novela mía, y como ganan por un margen estrecho a las otras opciones, no voy a tener más remedio que apuntarme otra vez al NaNoWriMo. Eso sí, con mejoras sobre el intento del año pasado que ya os iré comentando.

2) A lo largo de esta semana, por lo tanto, se celebrará el sorteo del pack de lector. Como soy un ser de amor y mañana es lunes, algo así como el patrón del blog, si alguien se ha quedado descolgado puede contestar. Por la noche publicaré el listado final de participantes. No os he confirmado a todos los que me habéis preguntado si se habían registrado vuestras respuestas porque no me ha dado tiempo, pero así por encimilla parece que sí. De todas formas, si alguien se echa en falta en la lista de participantes, que me avise.

Hale, pues a dormir. Y un beso especial a alguien, no recuerdo ahora mismo el nombre/ palabra clave, que en la parte de comentarios de la encuesta ha escrito que cree que me quiere de una forma virtual-rara. Eso es muy bonito y, seas quien seas, yo también te quiero a ti de una forma virtual y rara, aunque igual más camuflada en la masa (masilla) de lectores. Mil gracias.

Buenas noches a todos.

PD: Escalar mola.