Otros días, sin embargo, la realidad te atrapa y te sobrecoge, y tú no puedes más que asistir boquiabierto y asombrado a las muchas maneras de sufrir que tiene la gente. Y yo hoy me he reído y casi he llorado también cuando después de su entrevista la pequeñita se resistía a marcharse del despacho, y nos miraba a los ojos, y nos preguntaba si íbamos a acordarnos después de ella... y antes de cerrar la puerta me ha dicho adiós con la mano, así enfundada en su bata naranja, y el psicólogo me ha mirado y me ha dicho "qué ganas tiene de establecer un vínculo, ¿verdad?". Y yo me he tenido que morder los labios para no llorar.
Porque en una unidad de agudos uno puede ver de verdad que la soledad y el abandono taran a la gente, y que algunas familias, algunos entornos, convierten a ciertos seres sensibles en carne de cañón. Buceas por las historias de pacientes antiguos y ves ingresos y más ingresos y salidas y otros ingresos, listas y listas de fármacos, diagnósticos, entrevistas. Todas las veces que alguien se ha sentado delante de ese paciente y le ha preguntado "a ver, qué te pasa", y tú como profesional lo haces con la mejor intención, claro, pero no puedes obviar la realidad de que después te vas a tu casa y tus pacientes se quedan solos. También la pequeñita. A mí de verdad que a ratos me estruja el corazón pensar que ahora estoy aquí en mi casa y que ellos están tumbados en las habitaciones azules de la planta, con esos pijamas tan horrorosos que les dan, en medio de su angustia o de su pena. Esa angustia psicótica tan solitaria, esa certeza de que el mundo es raro y tú no entiendes las cosas y hay mucha gente que quiere hacerte daño sin que sepas por qué. Que en realidad no se diferencia de la angustia de cualquiera más que en una cuestión de grado.
Abro el google y no sé por qué mierda pero me salta siempre con publicidad de periódicos que no quiero leer y estúpidos artículos de suplemento para mujeres. Ventajas de ser soltera, se titula uno: anímate, la soltería está de moda. Sustitutos para el sexo, se llama otro, verídico, y menciona el chocolate, el deporte y la danza del vientre. Yo me cabreo porque no es esa la solución. Porque todos necesitamos vincularnos hasta el punto de terminar haciéndonos los remolones para salir del despacho del psiquiatra que nos trata. Necesitamos amor de una forma enorme e indescriptible, y no es malo, no es nada malo, es completamente normal, y la solución no es atiborrarse de chocolate mientras se piensa en lo genial que es ser independiente. No sé cuál es la solución, pero estoy harta de solterismo irracional y también de familias taradas. Los humanos venimos mal hecho, faltos de equipamiento, incapaces para el vivir, y al final los que pagan el pato son mis queridos renglones torcidos de Dios, que vagan por los dispositivos de salud mental preguntándose qué les está pasando.
Esta tarde tenía muchas cosas que hacer y al final me he escaqueado de la mitad. Porque ha sido una mañana dura, aunque bonita, aunque dura, y necesitaba descansar de ella. Todavía no sé si quiero seguir toda la vida en esto. Me enseña cosas, está claro, seguramente las cosas más importantes que puede aprender uno, y a veces pienso que tiene la culpa de que se me esté poniendo esta cara de adulta que apenas reconozco. Pero a veces me pregunto si el precio que tengo que pagar por aprenderlas no puede llegar a ser demasiado alto.