massobreloslunes

lunes, 3 de octubre de 2011

La piel que habito (Almodóvar, no me denuncies, porfa)

Hoy he ido a hacer la compra al Mercadona, lo que es una novedad desde que me pasé al Carrefour al llegar a Cádiz. Escuchar la musiquilla del Mercadona (Mercadooona, Mercadona) en vez de la del Carrefour (Pa, pa, pa, papapapá, parapá), no saber muy bien dónde se ubicaban los productos y comparar precios mentalmente me ha hecho sentir un poco desorientada.

He declarado este mes como el Octubre de la Austeridad, que después de vivir todo el verano como si no hubiera un mañana, o más bien como si lo hubiera y en él no tuviera que utilizar el dinero, me he dado cuenta de que ya está bien de autorrobarme. Parte de mi plan austero consiste en hacer cosas como comprar la carne congelada y comparar precios a ver si el Mercadona compensa. Mi conclusión es que no, que no compensa, porque lo que me ahorro en comida, que tampoco es tanto, me lo gasto en esmalte de uñas, que hoy me he comprado un naranja fluorescente horterísima de la vida para subirme la moral y me hago daño en los ojos cuando me miro los dedos.

Mis compras últimamente son la mar de tristes. Después de un año luchando con el Acné del Averno y su potencial relación con la dieta, estoy TAN cansada de pensar en comida que he llegado a un punto donde compro y cocino todas las semanas prácticamente lo mismo. Ahora mismo estoy siguiendo una versión sin lácteos de la perfect health diet, que es una dieta bastante molona porque te permite comer arroz, patatitas, boniatos y otros carbohidratos. Esto se agradece después de que en verano me pasara un mes en cetosis alimentándome básicamente de yemas de huevo. Así que ahora hago las compras sin pensar y procuro no mirar los largos estantes de productos prohibidos, que son casi todos. Al menos estoy contenta con los resultados. Tengo la impresión de que estoy viendo una luz al final del tunel cutáneo, aunque ya sé que he dicho esto un montón de veces y cada vez que abro mi bocaza mis poros me sorprenden con otro brote infernal.

Como ya he dicho, pronto hará justo un año desde que decidí dejar la píldora en particular y los remedios tradicionales en general. Desde aquellos tiempos infernales en que la regla me bajaba cada dos meses y parecía que me había lavado el pelo con tocino, la cosa ha mejorado bastante. Ya os he contado que no se trata tanto de lo que como o de con qué me lavo la cara, sino de que mi relación con mi piel y mi chip mental respecto al tema han cambiado mucho. Me hace gracia pensar cómo cuando empecé con esto de la cura natural me decía "si en un mes no se me ha quitado, vuelvo a la píldora". ¡Ja! Un mes, dice la tía. Por mucho que prometa Loren Cordain, uno de los primeros en proponer una solución dietética al acné, un mes no es nada en comparación con un organismo descolocado por años de yatrogenia.

Si tuviera que dar consejos ahora, echando la vista atrás, a personas que padecen de acné y que quieren intentar la vía natural, serían los siguientes:

Primero: olvídate de los dermatólogos. En cuestión de acné, son el mal. A lo mejor tú perteneces a ese sector de personas afortunadas a las que se le quitaron los granos con el Peroxibén, con el Proderma o con una única tanda de Roacután. Pero, por si acaso, no te arriesgues. ¿En serio quieres que te inunden a antobióticos, que te manden una medicación tan fuerte que tienes que firmar un papel para no quedarte embarazada, que sustituyan las hormonas de tu cuerpo por otras artificiales, que te abrasen la piel con productos que podrías utilizar para limpiar el baño? Yo de ti pasaría. Te lo digo por experiencia.

Sé paciente. Se muy, muy paciente. No te aturrulles y no intentes hacerlo todo a la vez. Me acuerdo de mis tiempos buceando en el foro de acne.org y leyendo experiencias de gente que decía haberse quitado el acné dejando de masturbarse o de beber agua con las comidas. Al final mi vida era una sucesión de pequeños gestos encaminados a mejorar mi cara, seguidos de una obsesión constante con el espejo y una incapacidad brutal para decidir si algo de lo que intentaba estaba o no haciendo efecto. Ahora creo que el acné es una expresión de que algo va mal en todo el cuerpo, y que cuando el cuerpo sana también lo hace la piel. Es un efecto simple para una causa compleja, así que necesita un tiempo para arreglarse como es debido.

El aturrullamiento no es más que miedo. Miedo a experimentar en todo su dolor absoluto la experiencia desagradable de tener acné. La falta de control, las ideas chungas sobre una misma y todo lo que esa piel enrojecida expresa sobre lo que hay debajo. Cuando empecé con esta historia hacía cosas como encargar jabones a Lush por correo urgente porque había leído en un foro que a una chica se le había quitado el acné con él, o comprar suplementos en páginas extranjeras esperando que alguno de ellos me salvase la vida. De nuevo, bendita ingenuidad.

Si te enfocas en el aspecto psicológico saldrás ganando. Si consiguieras que no te importara el acné, te daría igual tener acné, ¿no? Esto es más fácil de decir que de hacer, pero en mi caso mientras menos atención presto a mi cara, mejor se pone. Además, las cosas importantes siguen invariables, quien te quiera lo hará con o sin acné e incluso es posible conocer bíblicamente a tíos cafremente buenos teniendo acné. Lo de la belleza interior no es un mito tan falso.

Cuidado con los suplementos. Que le funcionaran a alguien no quiere decir que te vayan a funcionar a ti. Son caros, y si estás tomando mil millones a la vez serás incapaz de decidir cuál está ayudando y cuál no. He aquí los suplementos que he tomado yo en estos meses (no todos, a la vez, la mayoría de forma intermitente):
- Vitamina C.
- Levadura de cerveza.
- Antioxidantes del mercadona.
- Omega 3.
- Aceite de hígado de bacalao.
- Taurina.
- Saw Palmetto (tiene traducción al castellano, pero no me acuerdo ahora).
- Melatonina.
- Cromo.
- Magnesio.
- Zinc.
- Multivitamínicos.
- Aceite de onagra.
- Agnus Castus.
- Boldo.
- Triptófano.

Y seguro que me dejo alguno. Si alguien quiere hacer el cálculo del dinero que le he echado a esta enfermedad del Mal, que no lo comparta conmigo, por favor. Lo mejor del asunto es que en estos momentos, que es cuando no estoy tomando NINGÚN suplemento por el bien del Octubre Austero, tengo la cara la mar de bien.

Ya os digo: suplementad con cuidado y con lógica, sabiendo para qué estáis tomando cada cosa y cuáles son los efectos que esperáis.

También es importante ser sistemático. Si lo haces todo a la vez, no sabrás qué es lo que funciona y qué no. Esto es muy, muy complicado, y sólo se consigue (y tampoco mucho) cuando ya llevas tanto tiempo peleando que te da igual esperar un poco más o un poco menos. Para mí lo ideal sería ir probando distintas estrategias y modificar variables una a una, pero hay que tener mucha fuerza de voluntad, energía y paciencia para hacer eso.

La dieta sí que es importante, y la gente puede decir misa. También lo es tu estado emocional, pero no todo es emocional, y de hecho la dieta también está relacionada con las emociones. Si te empeñas en que todo es emocional, al final te acabas sintiendo como una chiflada que no es capaz de autogestionarse. Yo creo que no estoy TAN mal por dentro como lo ha estado a veces mi cara, aunque sí que es verdad que una cosa tiene que ver con la otra... pero también es verdad que hay gente que está como unas maracas y tiene una piel fabulosa. Sin duda el cambio de dieta me ha ayudado en muchos sentidos.

Sobre todo, como le dije aquella vez al chico de la alopecia: es TU lucha. No es la lucha del dermatólogo, ni la del homeópata, ni la del vecino de enfrente. Nadie lo va a solucionar por ti, aunque haya quien pueda ayudarte. Se aprende mucho con esto, también, y vienen regalos inesperados y colaterales. Por ejemplo, yo empecé a nadar por el Acné del Averno, entre otras razones, y fue en la piscina donde vi el cartel que anunciaba el curso de escalada, que ha sido de lo mejorcito que me ha pasado este año. Así que fíjate.

Apóyate en la gente que te quiere y déjate querer. Déjate hacer fotos de cerca. Luego se retocan con photoshop y no pasa nada. Déjate acariciar. A mí un chico me dijo "cuando te miro nunca veo tu acné", y luego otro me dijo "eso es sólo la piel de fuera", y esas dos frases tan pequeñas me han sostenido en los malos momentos como no lo ha hecho ningún jabón de farmacia.

Total, que a ver si hay suerte y sí que es cierto que esto va camino de desaparecer. Estoy consiguiendo el dudoso logro de juntar el acné con las arrugas y ya estoy harta. Quiero ser adulta y tener cara de adulta. Quiero que mi piel deje de tener miedo. Quiero pensar en otras cosas y hacer de vez en cuando compras locas con mucho lácteo, mucho gluten y mucho azúcar.

Hasta entonces, seguimos en la lucha y seguiremos todo el tiempo que haga falta.

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NOTA:

Aquí hay algunos recursos que pueden ser útiles si tienes problemas de acné. Están todos en inglés y hay que dosificárselos si no te quieres volver loco, pero a mí me han ayudado.

The Love Vitamin: la chica es un encanto, aunque es un poco demasiado happy flowers, no es muy sistemática y lo que hace es colgar vídeos, que se entienden bastante bien pero a mí me da un poco de pereza ver. Aun así, ya os digo: un encanto de chica.

Clear For Life: yo compré el ciberlibro y todo. Da una visión de conjunto del asunto bastante buena, incluyendo consejos sobre estilo de vida y aproximación psicológica. A partir de ahí, uno tiene que ir experimentando, sobre todo en el tema de la dieta.

Acne research: para mi gusto esta gente se centra demasiado en los suplementos y la exposición solar, pero da información útil y alerta sobre posibles timos.

Skin Deep: Un ciber libro gratuito interesantísimo sobre la relación mente-piel. Yo no lo he terminado, porque es algo espeso y te rayas a tope, pero puede ser útil cuando todo lo demás falla.

Stop picking on me: una página sobre por qué hay que dejar de tocarse los granos, muy clara y que acojona bastante.

Acne.org: la web americana de acné por excelencia, merece la pena bucear en el foro para leer experiencias de gente. También tiene un montón de opiniones sobre distintos productos, tanto tópicos como orales, y sus efectos en la gente. Es una página útil, peor corres el riesgo de volverte un poco loco con toda la información que hay. Importante contrastar lo que se lee allí con otras fuentes.

Mi blogroll sobre paleodieta: aquí tengo enlazados varios blogs que sigo sobre dieta paleo. Lo paleo es el futuro, que lo sepáis, aunque como no hay mucho consenso sobre algunos aspectos críticos uno tiene que ir probando y ajustándose a lo que le va mejor.

PD: Si conocéis a alguien con acné adulto, me encantaría que les dierais la dirección de este blog por si algo de lo que he escrito les puede ser útil. Si alguien quiere consejo o saber algo más sobre mi experiencia, que me escriba sin reparos. Me encantaría poder ayudar a los demás con este tema igual que otros me han ayudado a mí.

domingo, 2 de octubre de 2011

El amor

Te enamoras cuando sólo ves las cosas buenas.
Cuando no te importa la parte de dolor que conlleva la experiencia.
Te enamoras cuando piensas constantemente en ello y estás deseando repetir.
Y quieres conocer más, saber más, involucrarte más, compartir más.
Cuando sacrificas tu tiempo, tu esfuerzo y tu dinero, y aun así todo te parece poco.
Te enamoras cuando el objeto de tu amor te pone una sonrisa en la cara cuando piensas en él.
Cuando no puedes creerte que todo haya encajado tanto y esté saliendo tan bien.
Cuando los astros se alinean y te ayudan, cuando te parece que la vida se ha puesto de tu parte.
Te enamoras cuando ese amor saca lo mejor de ti y te cambia.
Cuando te ayuda a desarrollar cualidades que ni siquiera sabías que tenías.
Cuando te sientes más fuerte, más capaz y más grande.

Yo me he enamorado.

Más concretamente, me he enamorado de escalar.

Y la cosa parece que cada vez tiene menos remedio.

La diversión

Pues bueno, estamos aquí, es domingo y otra vez me voy a acostar más tarde de lo que debería. El que hasta ayer era mi codo bueno se ha convertido en mi codo malo. Llevo la marca de la camiseta tatuada en la espalda porque a alguien se le ha ocurrido que era buena idea escalar al sol, como si en Andalucía pudiera no hacer calor al sol en casi cualquier época del año. Estoy muy, muy cansada, creo que las microfisuras constantes en mis rodillas me dejarán inválida antes de los treinta y veo inviable mantener una manicura decente durante más de un día.

Voy a escribir dos post seguidos sin que sirva de precedente porque quería ampliar la idea del anterior. Sé que esto debería ir en mi blog de escalada, pero qué queréis que os diga; me da igual. Creo que las pasiones son universales y os quiero explicar lo que esto está significando para mí. Hablar de las cosas felices no se me da bien y no sé si me gusta. Parto de la idea de que yo soy envidiosa de la muerte, y cuando le leo a la gente demasiada felicidad me da como coraje. Pecados capitales: los tengo todos. Pero igual que os cuento cuando estoy queriéndome morir del asco, os tengo que contar esto.

Al final hacía un levante del Averno con alerta naranja en el estrecho, así que el sábado decidimos pasar de Bolonia y enfilar otra vez hacia Grazalema. Que últimamente veo más al tío del bar de los desayunos del pueblo que a mi familia. Pero fue una gran decisión, porque allí había más gente que en la guerra pero era toda gente guay, y fuimos un grupo estupendo, y nos reencontramos con amigos, y conocimos a más gente, y escalé mucho muchísimo y bien, y cantamos con la guitarra en la furgo, y compuse odas al escalar con la melodía de la bamba, e hicimos una cata de vinos peleones del Mercadona, y de verdad que no se puede uno reír tanto de cosas tan absurdas, y Andalucía es tan, TAN bonita, y el mollete es un invento tan genial, y escalar mola taaaaanto...

Yo sé que la felicidad no es una cosa fácil de alcanzar, ni siquiera esos momentos puntuales felices que buscamos todos y que se empeñan en publicitar los anuncios de productos para el desayuno. Yo sé de verdad que la felicidad es una cosa frágil y que cuesta llegar a ella, que hay que currársela un montón. Hoy, mientras paseaba un rato a solas entre los pedruscos de Benaocaz y cantaba Vetusta Morla, y miraba a mi gente escalando y sentía esa felicidad como una droga poderosa y adictiva en mi sistema nervioso, pensaba "joder, cómo me estoy divirtiendo". Ésa era la palabra.

Hace tres años, cuando vivía con las alemanas en Granada y mi vida era un caos, recuerdo estar en mi salón una tarde de sábado mirando por la ventana. Debía de ser invierno, porque la luz del sol estaba teñida de la fragilidad de saber que anochecería temprano, y yo probablemente no tenía más plan que el de maldecir mi incapacidad emocional y aprender alemán por mera exposición. Entonces pensé que hacía mucho que no me divertía. Me acordé de los scouts y de lo bien que me lo pasé allí durante todos los años que estuve apuntada. Pensé que echaba en falta eso: divertirme, divertirme mucho como si no hubiera un mañana, pasármelo muy muy bien durante mucho rato seguido, sin dramas, sin pensar en lo fatídico de la vida y en la desdicha inherente al alma humana.

Y hoy me he dado cuenta de que eso es lo que tengo ahora. Me estoy divirtiendo tanto, gente. Y es una diversión tan sumamente sana que abrazo su fragilidad porque sé que es algo precioso y que por su naturaleza también es efímero. Lo disfruto sabiendo lo que cuesta alcanzarlo y lo delicado que es su equilibrio. Busco alimentar lo que propicia que continúe y procuro ser agradecida.

La vida, gente. Qué cosa más curiosa y más guay. Hasta los lunes molan cuando existen estos domingos.

sábado, 1 de octubre de 2011

Supervivencia emocional II: cuándo huir

Me han preguntado por el formspring cómo sabe uno cuándo tiene que huir, imagino que de una relación sin posibilidades de éxito. He escrito una respuesta muy larga y sensata, pero no acaba de convencerme, porque creo que el asunto es mucho más sencillo que eso. Me recuerda un poco al capítulo del libro sobre supervivencia ("Quién vive, quién muere y por qué") donde te aconseja cuándo abandonar, y creo que muchos de los consejos también valen para el duro mundo de las actividades de riesgo amoroso.

Si el peligro es demasiado grande, huye. Si la caída es muy mala, si te puedes lesionar de gravedad, si puedes matarte y no estás dispuesto a asumir ese riesgo, huye. Cada uno sabe lo que puede poner en juego, que depende de cuánto tienes y de hasta qué punto te importa.

Si sientes que el reto sobrepasa a tus capacidades, huye. Tal vez te exige demasiado. Tal vez no puedes o no quieres sentir el miedo. Tal vez simplemente ese día no estás en buena forma, o no te apetece afrontarlo.

Si las condiciones no son buenas y no tienen pinta de cambiar, huye. Si el tiempo no acompaña, una de dos: o esperas a que mejore o te marchas por donde has venido. Lo que no puedes hacer es actuar como si los condicionantes no existieran. Ojalá fuera así y todo diera igual, pero puedes acabar con hipotermia o con un rayo friéndote los sesos sobre una roca.

Si estás haciéndolo por los motivos equivocados, huye. Si te guían el ego o el apego en lugar del amor, si no estás pendiente de lo que puedes aprender sino del miedo paralizante que tienes, si no estás disfrutando de la mayoría de los pasos que das, abandona.

Tu corazón lo sabe. Cierra los ojos y pregúntate: ¿Es esto lo que quiero? Si la respuesta es no, surgirán en seguida un montón de excusas: "cambiará", "aunque no sea para siempre voy a disfrutar el tiempo que dure", "puedo adaptarme a esto", "nada es perfecto". Pero tu corazón lo sabe.

Recuerda: hay más días para probar y más vías para hacerlo. Es importante que estés seguro de lo que haces antes de lanzarte a sudar sangre en la roca de las relaciones. Es importante que, aunque no salga bien, lo hagas por los motivos correctos. Y saber cuándo retirarse es quizá la manera más sencilla y efectiva de convertirse en superviviente.


Edito porque no puedo sino fardar de esta mención tan bonita que me ha hecho Primaveritis. Gracias, guapa.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Aquellos años, que en verdad no eran tan maravillosos pero que lo parecen ahora a través del tiempo

Nadar me divierte bastante últimamente, y el hecho de ir a la piscina también. Es curiosa esa intimidad súbita con desconocidos, todos allí medio en pelotas haciendo estiramientos y exhibiéndonos con esos gorritos tan antilujuria. En la piscina no hay término medio: o un tío te pone brutísima o se te quitan los instintos heterosexuales. Ves maravillas de la naturaleza y aberraciones de la especie. Últimamente voy a la misma hora que el equipo juvenil de natación. Son diez o doce adolescentes fuertes como limones que nadan rapidísimo, y me encanta ver sus piernas levantando espuma y sus brazos hundiéndose veloces y precisos en el agua.

Cuando termino tarde, coincido en la ducha con las adolescentes nadadoras. Son en general feíllas pero bellas, con sus cuerpos altos y fuertes y sus espaldas anchas. Yo, que siempre he sido de las blanditas y me estoy dando al deporte a la vejez, admiro sus músculos potentes de guerreras del agua. Al mismo tiempo, me pone de los nervios que griten en la ducha mientras yo intento encontrar algo parecido al relax después de darme la paliza.

Ayer estaban especialmente expansivas. Yo intentaba sentir la calma mientras me ponía mascarilla de miel y karité y dejaba caer el agua ardiendo sobre mis hombros maltratados, y ellas hablaban a gritos de una esquina a otra de un tal Óscar que no les comentaba en el Tuenti. Cuando entramos al vestuario seguían con la historia de Óscar, y entonces una de ellas dijo que había una canción que le recordaba un montón a él. Sacó su smartphone con funda rosa y puso a toda pastilla a Álex Ubago, más concretamente "Me muero por conocerte".

La ostia, gente. Eso es de cuando yo tenía dieciséis, es decir: de hace diez añazos. Para estas chavalas será hasta antiguo, como cuando yo a su edad escuchaba Sergio Dalma. El primer disco de Álex Ubago me recuerda a cuando representé Jesucristo Superstar en el colegio y estaba superenamorada de mi amigo José Luis, que hacía de Pilatos y pasaba de mí. Se enrolló con otra chica de la obra, Alejandra, una preciosidad de ojos verdes y pelo rizado, y yo suspiraba mirando a las estrellas mientras ellos se daban el lote en el jardín de su casa. Luego él la dejo de forma dramática y ella empezó a odiarme porque pensaba que había sido mi culpa; como si yo pudiera hacer algo para influir en la testaruda cabeza de mi amigo José Luis.

Así que pienso en Álex Ubago y lo que recuerdo es a mí y a José Luis en el jardín de su urbanización, sentados juntos en un banco una noche de verano. Habíamos montado algún tipo de fiesta con la gente del teatro en la pérgola comunitaria y nos escabullimos con un porro y un par de vasos de calimocho a charlar de literatura y viajes, de un futuro próximo en el que él se iría a estudiar a Madrid y yo me quedaría terminando el bachillerato y añorándole en silencio.

Entonces empieza a sonar Álex Ubago a lo lejos, más concretamente "Me muero por conocerte", y yo le digo:
- Esta canción me recuerda a ti, no sé por qué -. Aunque claro que sé por qué: porque la canción describe exactamente lo que yo siento, cómo quiero saber lo que él piensa, cómo me muero por quererle y darle todo el amor de mi corazón exagerado.

Él me mira con intensidad, sonríe bajo sus rizos y sus gafillas de intelectual aficionado y contesta:
- A mí Álex Ubago me recuerda a Alejandra.

La segunda peor frase que me ha dicho un tío. Ya os contaré la primera en un post que me quede menos largo y disperso que éste.

Ahora tengo veintiséis años, estoy en el vestuario de una piscina en Cádiz y sólo me doy cuenta a ratos de lo lejísimos que me queda la adolescencia. No ya la edad, que no es más que un número, sino ese morir de amor y desesperación silenciosa, y escuchar a Álex Ubago, y aguantar como una capulla el tirón en los bancos de un parque mientras piensas que, si lo deseas con la suficiente intensidad, el chico que tienes al lado girará la cabeza y te verá de verdad de una vez por todas.

Las nadadoras ponen la misma canción en bucle y la cantan a gritos. Se hacen fotos con el móvil y luego dicen "sácame otra, que se me ve mucha barriga", sin saber que nunca tendrán tan poca barriga como ahora. Mientras yo me peino despacio y me echo crema en los codos, ellas salen por el pasillo en dirección a los secadores, con el móvil todavía sonando, pisando fuerte con sus gemelos de atleta. Yo canto bajito, porque me sé la canción entera, y recuerdo aquellos días dulces de teatro, amores platónicos, canciones ñoñas y barbacoas en la pérgola. Mola la adolescencia y esa turbia intensidad siempre inconclusa.

Y después de este bonito momento interpersonal, patrocinado por Nabaiji (la marca de natación del Decathlon), esta niña se va a dormir para ver si el viernes llega antes.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Relax (take it easy)

Esta mañana el terapeuta ocupacional del centro donde trabajo me ha invitado a hacer relajación con él y con una paciente. Es un tipo un poco extraño que colecciona smileys y está especializado en risoterapia. A mí tanta risa así por huevos no me inspira confianza; me resulta un poco agresiva. No en vano reírse es enseñar los dientes.

En cualquier caso, me apetecía relajarme esta mañana. Hace un par de días que empecé a meditar de nuevo, en la típica disyuntiva de o medito o me vuelvo loca, y cada vez que lo retomo después de un tiempo sin sentarme paso unos días terribles, con las emociones a flor de piel. Es como si abriera una presa invisible y tuviera que aguantar el violento empuje del agua antes de que pueda volver a su cauce.

La paciente me ha explicado que lleva dos años viniendo a relajación y que le está siendo muy útil. "Ya sólo me tomo el valium cuando no puedo más", comenta antes de empezar. La sala es grande, está cubierta de parqué y huele a incienso. Suena una de esas musiquillas cutres de flauta y campanitas tipo Natura y las persianas están bajadas. La paciente se tumba en la camilla y yo coloco dos aislantes en el suelo. Me quito las sandalias, el reloj y los pendientes, me tumbo boca arriba y me tapo con una mantita ligera, porque sé que en breve el aire acondicionado empezará a molestarme.

El risoterapeuta habla de sentir el cuerpo y decirse a uno mismo "estoy bien, estoy en calma, estoy tranquila". Las instrucciones son un poco batiburrillo entre relajación, meditación y visualización, pero procuro no juzgar y hacer lo que me dice. Yo visualizo fatal. Me hago un lío con las perspectivas. Por ejemplo, si estoy tumbada y visualizo un campo, ¿el campo tiene que estar horizontal al suelo o paralelo a mi cara? No sé si me explico. Parece una duda estúpida, pero a mí me perturba.

Más que relajarme, me abandono a no hacer nada. Es agradable, en el sentido de que mientras estoy ahí tumbada y el risoterapeuta sonriente enuncia las instrucciones con voz grave, me siento cuidada de una forma colateral. Cuando te acostumbras a estar en el otro lado (el lado que escucha, el lado que dice las instrucciones, el lado que asiente y comprende y empatiza), es raro cambiar de frente y que alguien intente hacerte sentir bien a ti.

Vivimos en un mundo en el que la gente pasa de la gente, eso está claro. A mí en general no me cuida nadie. Me cuido yo bastante bien, las cosas como son, que hacia mí misma soy una mezcla entre autoindulgente y hedonista, pero nadie más. Me acuerdo de cuando estuvo MQEN visitándome hace un tiempo. Yo tenía que descargar un programa para uno de los módulos que tenemos que hacer en la residencia y no era capaz de encontrarlo. Estaba cansada y quería dormir la siesta. MQEN me dijo que podía dormir mientras él lo buscaba, y esa sensación de alguien haciéndose cargo me resultó extraordinaria. No estoy acostumbrada a eso últimamente. Yo reconozco que voy por la vida como si no me hiciera falta nadie y tal, pero hoy, mientras intentaba visualizar un prado horizontal a mi cara tumbada en los aislantes, me ha dado miedo de que ese cuidado indirecto y ridículo me hiciera llorar.

Esta noche estoy triste y dolorida. A veces una hace lo que puede: medita, nada, charla con amigos y escribe, y aun así se siente el corazón como debajo de una apisonadora. Menos mal que es pasajero y menos mal que sé que el agua correrá tranquila si le doy el tiempo suficiente para que lo haga. Pero por hoy es mejor dormir, así que buenas noches.

martes, 27 de septiembre de 2011

Formspring, o en mi curro me aburro

Lectores de mi amor:

He estado dudando un tiempo sobre si hacer esto o no, porque a veces me parece que lo único que me gusta de la web 2.0 es bloguear. Como twittera no sirvo, al menos hasta que consiga centrar mi atención dispersa y/o me compre un iPhone. Como facebookera sí que he eclosionado a tope, pero no todos me tenéis en Facebook. El Formspring me parece como un canto al ego en do menor, pero yo qué sé. Me apetece escribir y tengo un montón de tiempo libre en el trabajo, así que... ¡preguntadme cosas!

Edito para aclarar que el Formspring consiste en enviar preguntas y que el autor en sí te las responda. Las preguntas pueden ser anónimas y sólo las veo yo hasta que decido publicarlas. Podéis preguntar sobre lo que queráis y ya veré yo lo que contesto. Es una manera bonita de establecer contacto. Vamos a probarlo y a ver qué tal.