massobreloslunes

jueves, 24 de noviembre de 2011

Aquí tenéis a la criatura

Queridos todos:

Aquí está el blog nuevo con su primer y flamante post. No tenía muy claro por dónde empezar, y al final he dejado cualquier cosa.

Antes de que me acuséis de antidemocrática, o de para qué colocas una encuesta si al final le vas a llamar al blog como te salga de los huevos, os explico. He estado muy a puntito de quedarme con el título de "La felicidad subversiva", porque en realidad me gusta y es como sugerente, y porque dado que mi intención oculta es convertirme en un best seller de Internet como Paulo Coelho (pero por Internet) estoy a favor de hacer lo que decidan las masas. Pero resulta que esta semana me he dedicado a votar por "Psicosupervivencia" desde todos los ordenadores de mi curro, con lo cual los resultados están un poco alterados. Y he pensado: Marina, corazón, si a ti te gusta ese título pues pónselo, que para eso el blog es tuyo.

Una vez hecha esta aclaración me voy a dormir, porque me va a estallar la cabeza de escribir intentos de post inaugurativos.

Nota: Prometo mejorar el diseño del blog. Con las plantillas de blogger y tal, no os esperéis gran cosa. De momento a escribir, que es lo prioritario.

Felicidad. O algo.

Hoy no ha venido mi tutora, así que he dedicado la mañana a ocultarme tras la puerta semientornada de su despacho, preparar la sesión clínica que tengo en diciembre y escribir. Intentaba comenzar el blog nuevo, pero no termino de encontrar el tono para el primer post. Reflexionaba sobre la felicidad, sobre qué tiene de subversiva, sobre qué creo yo que puedo aportar al ya saturado mundo de la psicología de andar por casa y la autoayuda medio coherente.

Ahora acabo de llegar a casa después de una cena demasiado opípara con la gente del roco. Estoy bebiendo agua con sal de frutas a sorbitos lentos, a ver si consigo hacer lo suficiente la digestión como para no tener pesadillas. Me pregunto qué es la felicidad, por qué soy yo aceptablemente feliz y qué puedo hacer para transmitir eso a los demás.

Hace poco colgué en mi cuarto un tablón de anuncios para colocar fotos, poemas y chorradas varias. Escribí con tiza en la parte superior "No hay mañana", que es una frase que me encanta y que he puesto de moda entre la rockypandi (nombre que da mi R mayor a mis amigos de la escalada) para ser aplicada en la roca y en la vida.

Y he pensado que últimamente, cuando me voy a dormir y leo la frase que está escrita en el tablón pienso "Sí que hay un mañana, y es genial". Me acuesto después de un día bueno y sé que al día siguiente me espera un día bueno. Hoy he trabajado, he escuchado a un paciente interesante, he hablado de zapatos con mi tutora. He comido paleocrepes de coco y boniato muy, muy ricos, he cogido el tren para Puerto Real y me he pegado una minisiesta con las Lecciones Express del Guerrero de la Roca abierto en el regazo. Después he entrenado razonablemente duro, me he ido a tomar café con el Kpot y hemos pasado como dos horas seguidas encadenando absurdeces y riéndonos sin parar. Luego hemos ido a casa de Ara, hemos cenado cosas super ricas y ahora estoy aquí, escribiendo, que lo que más me gusta hacer en el mundo.

De eso van mis días ahora. Los puedo mirar uno a uno sin desear grandes cosas ni aspirar a metas lejanas. Simplemente, mis días están llenos de cosas buenas. Eso es más o menos mi felicidad. Eso es lo que aspiro a transmitir. Porque cuando uno tiene mucho, repartir lo que pueda es una obligación moral.

Espero encontrar pronto el tono del primer post y poner en marcha el blog. Mañana quizá no, que curro todo el día, pero pronto, pequeños, muy pronto.

lunes, 21 de noviembre de 2011

50000 momentos, o más

Queridos: He tenido una idea de estas que parecían geniales en mi cabeza pero que se me ha ido un poco de las manos...

El tema es que ya hemos pasado las 50000 visitas y yo os quería dedicar una entrada. Pero así medio personalizada y tal. Con un breve comentario sobre cada uno de vosotros o, por lo menos, sobre los que participáis con relativa frecuencia.

Pero ¿con qué tiene un problema Marina? En efecto, con la brevedad. Así que me ha salido una cosa monstruosamente larga, con recuerdos de cuando no había sol y personitas que casi había olvidado.

Así que el procedimiento para leer este post es sencillo: buscad vuestro nombre/nick. Lo he puesto en negrita y todo para que sea más fácil. Leed el mensaje asociado. Conmovéos y pensad que soy genial. Pasad del resto, porque está lleno de alusiones personales supercargantes y porque de verdad, me ha quedado todo como muy, muy largo.

Seguro que me dejo a alguien. No he seguido ningún orden en particular. Si me olvido de alguno, lo siento, pero mi memoria tiene sus limitaciones y además me caigo de sueño.

Ahí va:

PARA MIS LECTORES, QUE SON AMOR

- Daltvila: me gustan mucho tus comentarios dulces y mesurados. Imagino tu manera de escribir como lenta y precisa, así en salones bonitos con tazas de té. Y siempre me entran ganas de llamarte Dalt, pero me contengo porque igual no te mola.

- Speedy: Me haces mucha gracia, contadora de cosas. Intuyo que tienes una relación con la escritura parecida a la mía: si no se escribe no vale ni se vive igual. Tus comentarios son breves pero acertados, y tus post surrealistas sobre tu manera de salvar el mundo siempre me sacan una sonrisa. Eres de estas blogueras con las que intuyo que me llevaría muy bien en la vida real.

- Primaveritis: me encantas, punto, a pesar de las corrientes de gente criticona que te han salido últimamente por el blog. Que digo yo, que para criticar por qué coño te leen, pero bueno. Te decía que me encantan tu frescura y la manera muy tuya que tienes de escribir y de vivir la vida. Estás super loca, pero me tienes enganchada, y me honra tenerte entre mis lectoras.

- Pab: tienes un montón de talento y eres un bloguero con solera, de estos que también me hacen sentir orgullosa cuando veo un comentario tuyo. Y el título de tu blog me parece muy, muy grande. Nunca olvidaré aquella entrada tuya sobre el Partido de la Gente que Echa de Menos Algo y No Sabe Bien Qué. Tendrían que haberse presentado a estas elecciones, qué quieres que te diga.

- Silvia: empece a leer tu blog el otro día y me quedé sorprendida, ¡escribes muy bien! No te comento porque soy floja, pero me iré pasando por allí.

- Guarismo: no tengo claro si sigues apareciendo, pero me encantó conocerte cibernéticamente y en persona. Me parece mágico poder entablar una relación literaria entre dos personas tan distintas en edad y condición como tú y yo. Espero que estés disfrutando de tu jubilación y que nos veamos pronto en el hermoso jardín de Villalejos. Te recuerdo cuando voy a las playas de tu Cái.

- Fuckowski: Yo creo que ya no me lees, pero siempre fardo de que un bloguero famoso me agregó al Messenger, se tomó un par de Guinness conmigo y me regaló firmadas dos ediciones de su libro. A ver si nos damos el toque cuando vaya a Málaga, aunque teniendo en cuenta que hace meses que no veo ni a mi familia, está la cosa regular, no te voy a mentir.

- Ciudadano: disculpa de nuevo el plantón post DDM y gracias por tus comentarios, que emiten metta a un volumen altísimo incluso a través de la web. Puedo prometer y prometo que te voy a llamar la próxima vez que vaya a Sevilla. Creo que ahora mismo estás haciendo un curso, así que espero que sigas radiando buenas vibraciones para esta bloguera ligeramente desviada del camino.

- Anónimo76: me gusta el toque que le das al blog. Ese punto de cinismo mezclado con me hago el interesante mezclado con en el fondo te aprecio Marina porque eres amor me hace mucha gracia. Te agradezco tus opiniones, que suelen ser tan jugosas como acertadas, y te comunico que circula entre mis conocidos 3D la hipótesis de que estás desplegando una lenta estrategia de seducción hacia mí. Whatever; mola tenerte cerca.

- Señor K.: sus comentarios, como sus escritos, se caracterizan por lo breve y lo incisivo, y me suelen poner una sonrisa en la cara. Y aunque nos veamos con la frecuencia de los eclipses totales de sol, ya sabe que le aprecio y que no olvido eso que escribió un día sobre mi belleza trigueña y mis preciosos pies.

- Aldery: también me alegro siempre que leo un comentario tuyo, aunque la dirección secreta de tu blog se me olvida sistemáticamente, soy el mal. De mayor quiero ser como tú para salir siempre bien en las fotos y ser increíblemente lista y adorablemente friki. Y me acuerdo de ti cuando hago ensalada con patatitas y cuando tomo espidifén para el dolor menstrual (qué profundo todo).

- Coseta: tus fotografías me hicieron comprarme una réflex. Me saliste cara, cabrona. Eres una artistaza y me encanta tu mirada, y me hace mucha ilusión cuando te veo aparecer por aquí. Ah, y el Facebook me sugiere que sea tu amiga, no sé por qué misterioso y torcido mecanismo de adivinación.

- Alex: a ti qué te voy a decir. Que encontraste el botón de invitar a cañas y lo pulsaste pero bien :) Ya en serio, primor: gracias por aparecer y por la enorme ración de vida que inyectaste en mi vida. No se me dan bien los adioses eternos, así que me alegro de poder seguir disfrutando de lejos de la increíble personita que eres, aunque sea vía "me gusta". Molas mucho, moreno, y espero poder volver a escalar contigo alguna vez, que te voy a montar yo las vías y vas a flipar con mi colocación de pies.

- Neikos: cuando veo en el Revolvermaps que me has visitado desde Illinois me entra una alegría muy tonta. Quién iba a imaginar cuando nos conocimos a la entrada del museo Picasso que en unos años estarías viviendo las Américas con tu preciosa familia propia. Enhorabuena y te debo un mail, lo sé. Y gracias por los ánimos, en serio.

- Dani Atún: Siempre digo que es Funes, pero en realidad pienso que mi mayor fan eres tú, que cuando empezaste a leerme escribiste algo como que mis cuentos te habían tocado el alma. Me acuerdo de ti cuando escucho Solitary Shell. Me gustaban nuestras conversaciones, tus buenos días por el chat y escuchar tu acentillo granaíno por el Skype. Lástima de comunicaciones Niza-Cádiz, pero bueno; todo se andará.

- Andrés Almohado, como te llamaba J.: No sé si me lees todavía, pero que sepas que si empecé el blog fue por ti, cuando en casa de Josy, la noche aquella que comimos tiramisú y que Nacho y yo nos hicimos mimitos en el suelo de su cuarto, me dijiste que tú tenías un blog. Y yo pensé: si el pelanas este tiene un blog, yo también puedo. Eres lindo y curioso, y me encanta tu forma de encarar el amor y vivir la vida. Y no pierdas la esperanza, que cualquier día nos cruzamos solteros por ahí y nos damos un homenaje.

- Angeloso: ver aparecer tu mail en la bandeja de entrada hace ya muchos meses me alegró un día pocho y una época tonta. Será por tu apellido. Saber que te vas a meditar por haber leído este blog me pone todavía más contenta. Ya me contarás.

- Tatiana: espero que tu hija esté mejor y haber ofrecido un poquito de consuelo en este camino solitario y frustrante que son las dermoenfermedades.

- Tiklia: el comentario que dejaste en el post de "Fuerte" lo vi hace unos días por casualidad y me tocó el corazón, en serio. Y cuando pienses en "qué haría Marina", la respuesta muy probablemente sea: "Marina se encogería de hombros, comería chocolate y pensaría en cómo va a escribirlo en el blog".

- Funes: gracias por ser y por recordarme la compasión y las cosas buenas. Si algún día escribo una novela, la razón número dos será porque quiero que la leas tú. Que, por cierto, tienes en tu poder la Novela Física o Química y creo que te has olvidado, o te ha parecido tan terrible que la estás omitiendo, no lo tengo claro. No te digo más cosas porque tú ya lo sabes.

- Els: eres un angelito, lo sé por esos huecos que te salen detrás de los hombros, justo donde te van a colocar las alas en la próxima reencarnación. Eres one of a kind y te agradezco que estés en mi vida. Y me encanta identificar tus comentarios por la palabra Mopi, y también tu identidad secreta y generosa de Catsaver.

- PK: No te voy a alabar más, que ya cansa, ¿no? Va, eres genial y me he comprado un jersey a rayas verdes y negras que me recuerda mucho a ti y me da buen rollo.

- Aran: lo voy a dejar para tu post homenaje, ¿vale? Pero que te quiero, te quiero tela, que ojalá pudiera estar más cerca para darte todo el cariño que sé que necesitas, que eres increíblemente fuerte y valiente, que te mereces la felicidad y que te va a llegar seguro. Acurruamor, siempre, y esas amigas de relleno apoyándose ahí frente a la Pekielsicracia.


- Toni/ Espera a la primavera, B.: tu tristeza y tu luz componen una mezcla extraña, que a veces me acongoja y otras me maravilla. Sigue adelante y recuerda la alegría, que es una cosa linda.


- Byron: uno de mis lectores más antiguos y honorables. Creo que te enganché con la entrada aquella de los hippies pseudorrevolucionarios y hasta hoy. Te agradezco esa fidelidad tan adorable. Estoy pendiente de tu entrada sobre Roald Dahl que, por cierto, hoy me he acordado de él porque hace un frío que no veas, y él contaba en uno de sus libros que cuando estaba en el internado le obligaban a calentar con el culo la taza del váter para los de los cursos superiores (sí, me he acordado de Roald Dahl mientras meaba; ¿es eso muy intelectual o todo lo contrario?).


- Nisamar, que tienes nombre de sirena: ya hace mucho que no hablamos de hombres por el Messenger; intuyo que porque estoy demasiado enganchada al Facebook y porque tú has encontrado la paz junto a uno. De ti siempre me ha encantado tu sinceridad, tu fuerza y esa belleza cariñosa que te asoma desde detrás de los ojos negros. Tengo pendiente visitar tu islita, seguro. Y escribe, cojones, que la felicidad no tiene por qué ser un obstáculo para eso.


- Andrés Vera: no sé si me sigues leyendo, pero que todos los años me felicites por mi cumple me conmueve de una forma difícil de describir. Y que me compares con Aracne también, porque ella es grande.


- Anónima del Averno: tu nick me hace demasiada gracia. Era el mejor hasta que llegó Batalecotal y partió la pana.

- Batalecotal, por cierto: eres fabulosa de principio a fin. Aprendí más en un mes contigo que en un año con otros profesionales de la salud mental de cuyo nombre no quiero acordarme. Me lo pasé muy bien en Santiago: me encanta ir a visitar a gente que hace un hueco en el horario de turismo para la siesta. Haces las cosas fáciles, y no tengo claro si eres muy muy rara o muy muy normal. En cualquier caso, estoy por irme a rotar a Santiago nada más que por aprender de ti, aspirar radón contigo y montar con tus colegas extraños negocios de venta de camisetas de colores.

- Leti cole: me fascina que, después de nuestra intensa amistad infantoadolescente y de muchos años de distanciamiento aleatorio, podamos seguir manteniendo el contacto a través de este blog. Me alegra que me leas y que todo te vaya bien.

- Anita, sí, tú, la de Logroño, ¿estás ahí? ¿Cómo te va, locaza? Se me acaba de ocurrir que te voy a agregar al Facebook, si te encuentro, claro. Te sigo echando de menos cuando como aceitunas violadas y acaricio el Juan Palomo en las estanterías del Carrefour (porque ya no lo como, que es caquita nutricional).

- Adri, amigo: no sé si tú sigues ahí. En teoría no, pero quién sabe. Te echo de menos. Espero que estés bien. Durante algún tiempo abrir este blog era lo segundo que hacías en tu día, y fue una época bonita; no sólo por eso, claro, que no soy tan egocéntrica. Gracias porque tu recuerdo me sigue haciendo sonreír, y por aquella vez que me dijiste, resoplando: "es que escribes demasiao bien, amiga".

- J.: Tú ya no me lees y lo sé, pero todo empezó aquí, así que gracias por esas veces que sí me has leído y que sí me has comentado. Desde aquella primera vez, que nos cambió la vida a los dos: gracias por compartir conmigo tu peculiar y hermoso torrente de palabras. Gracias por tu parte de lector, porque cuando te pedía una crítica te quedabas masticando las frases y me aclarabas su resonancia. Por admirarme siempre como escritora y escribir tú cosas bonitas sobre mí, como aquello de "no es perfecta, pero es bastante increíble". Te quiero desde lejos.

- José Luis, corazón: que eres mi principal proveedor de abrazos. Otro maravilloso profesional que me da ganas de sacar banderitas cuando le veo trabajar. Sentarme junto a ti en consulta es un privilegio, y ser tu R pequeña es otro. Y hasta tienes buen gusto para los zapatos. Te quiero veintemil.

- Mami querida, que no me he olvidado de ti. Que sé que para ti esto es el Marina Daily News y que aunque no te lo creas intento compensar un poco que soy una hija desnaturalizada contándote mis intimidades así en tiempo real. Te quiero un montón, un montón, un montón tan grande que no me cabe en un post. Ven a verme a Cádiz cuando estén listas las obras de la casa. Dame mimitos, hazme paleopapeo y ayúdame a limpiar las juntas del baño, porfi. A cambio prometo enseñarte Cádiz en paseos breves con muchos banquitos intermedios.

- Titos Quique, Lourdes y Mariví: un poco más de lo mismo, que gracias por leerme y por quererme desde que nací y era un mico repelente con la cabeza algo desproporcionada. Yo también os quiero tela.

- Gente del taller de escritura de Granada: ¿Seguís algunos por ahí? Cora, Alma, Juan María... Fue TAN bonito daros el taller. Aprendí TANTO de vosotros. Me haría mortal de la ilusión saber que seguís por aquí.

- Lectores antiguos, que ya no estáis pero que seguís en mi memoria. María conanimodeofender, la poetisa obsesionada con las mariposas que posaba con cara de interesante y caminaba dulcemente las calles de Granada. El pinchadiscos, que escribía estupendamente y me dijo, tajante: "tienes que leer a Bolaño". Ella, de ellayelresto, que nunca nunca debió dejar de bloguear y espero que no haya parado de escribir. Irene, de Chuches, que me hacía tirarme de la risa con sus post y sus mails, pero que también dejó su blog y que igual paró de leerme cuando volví a comer carne...

Se me olvida gente, seguro... Mireia, Isabel, Khal Yeleytr o como se escriba... Una forma de amor, la libertad; Mar, otra Isa, Dequesí, que no me lee porque actualizo demasiado. Mara, que me abordó el primer día de un curso de meditación y me confesó que se había apuntado por el blog. Aquellos que aparecéis de vez en cuando y saludáis: gracias, porque sé que comentar muchas veces da pereza, pero de verdad que me alegra el día.

¡Jesús! ¡Sois un montón! Si llego a saber que sois tantos, no me pongo con la entrada, que es la una y esta niña de aquí tiene que dormir un poco... Ya en serio: me ha encantado escribir esto. Me ha hecho recordar muchas cosas bonitas. En fin, sed felices todos y seguid pasando por aquí, que a este paso llegamos a las cien mil en cero coma y a saber qué despropósito se me ocurrirá para celebrarlo.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Intervención en crisis

El martes pasado vi a un paciente que no era mío porque su referente estaba ocupada y él había venido sin cita. "Conténlo hasta que le puedan ajustar la medicación", me dijo su psicóloga, lo que no deja de tener telita como instrucción profesional, pero para qué vamos a ahondar en ese tipo de heridas. La cuestión es que me metí en una consulta con un chaval al que no conocía en absoluto y que moqueaba y lloraba diciendo que no podía con su vida y que quería morirse.

Lo primero que te entra es un pánico mortal. Tu cerebro quiere buscar soluciones a los problemas que te trae el paciente. Quieres decirle que se anime y que la cosa no está tan mal. Si la cosa está verdaderamente mal, y a veces lo está, sientes cómo crece en tu interior el miedo a no servir de nada. Mi paciente, al que vamos a llamar David, estaba sentado enfrente de mí contándome que habían abusado de él cuando era pequeño. Y yo, que tenía el ordenador con el Facebook abierto y que no había podido tomarme mi meriendita de media mañana, me preguntaba hipoglucémica y desconcertada qué coño podía decirle a este chaval que le hiciera sentir mejor.

El primer paso, por absurdo que parezca, es traer clínex. Y agua. Aunque no les haga falta. Punto uno, porque llorar sin clínex es muy molesto; la vida ya es perra como para sobrellevarla moqueando. Punto dos, porque aunque no tengan sed es bonito sentir que te cuidan. Después te tienes que recomponer tú, como profesional: percibe tu miedo, identifícalo y átalo corto. Que no te pueda. Deja a un lado tu ego, remángate la camisa metafórica y húndete hasta los codos en la miseria ajena para ver si puedes ayudar en algo.

Después de eso puedes intentar entender. Olvidarte de que tú eres la profesional y se supone que debes ofrecer respuestas, despojarte de tus expectativas y escuchar de verdad al que tienes delante. David me suelta un montón de datos en muy poco tiempo. Me habla de lo mucho que piensa en el hombre que abusó de él, de que está agobiado por coger la baja y que le echen del trabajo, de sus problemas con la novia.

Intentas entender y después pones palabras. Es increíble y precioso cómo nombrar las cosas las hace reales y dignas de respeto. ¿Sabéis lo que vuelve loca a la gente? Que no se les vea, que se niegue la realidad de su sufrimiento. He visto a mujeres abusadas por sus padres que lo que realmente no pueden asimilar es que sus madres les dijeran que eso no tenía importancia. A David le digo algo como "veo que estás muy agobiado", y me asiente con los ojos empañados como si le estuviera revelando la realidad de su existencia.

Buscas los pequeños atisbos de luz, porque la hay. La parte que no está rota. David me habla de su hija y le pregunto cómo se llama. Le pido que me enseñe fotos, y saca de su cartera un par de ellas donde se ve a una niña de mofletes redondos, no especialmente guapa, pero sí muy tierna. Es preciosa, le digo, y le pido que me hable de ella; no por nada, sino porque recordar estas cosas bonitas está activando las conexiones positivas de su cerebro y actuando de calmante natural. Como yo cuando escribo sobre la PK para escapar de la penita.

Estableces pequeños compromisos. Algo que el paciente pueda hacer en los próximos días o las próximas horas, hasta la siguiente vez que vaya a venir o hasta que se le pueda dar otra ayuda. Las crisis te sumen en un tunel de presente intenso y desesperado. Muchas veces sólo hace falta dar al dolor una dimensión temporal, de cosa que acaba y da paso a otros momentos. Cambiar el encuadre, introducir la palabra mañana, o el lunes, o la proxima semana.

Y ofreces esperanza. Hablas de la gente que está dispuesta a ayudarle, empezando por ti, porque parte de tu trabajo es simplemente convertirte en ese pretexto para salir adelante, demostrar que tu paciente te interesa. De nuevo miras, y ese acto de mirar y ver con compasión al otro se vuelve curativo.

Todo esto que acabo de explicar en realidad no es más que un parchecito. Es como dar un ibuprofeno cuando detrás hay una enfermedad enorme que lleva gestándose años. Te queda mucho por trabajar con ese paciente, e incluso después de muchas sesiones no esperes que vas a dejarle en estado de revista, porque las personas no son coches. Pero a pesar de esto, del realismo pragmático que no puedes perder si trabajas en esto, te sientes contenta. Por ti, por haber sabido mantener la calma y cruzar a través de la oscuridad y de tu propio miedo. Y porque armada simplemente con palabras, has conseguido que una persona deje de llorar. Que sonría un poco. Que no se pula los clínex de propaganda farmacéutica que tienes en el escritorio. Y eso, a pesar de ser bastante de andar por casa, no deja de parecerme un pequeño milagro.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Preocupante optimismo de jueves


Antes de empezar este post quiero que sepáis todos que he encontrado la solución a cuándo pintarme las uñitas para que el rato que tardan en secarse no se me haga eterno y no termine destrozándomelas por impaciente, a saber: antes de escribir. En efecto: escribiendo a ordenador las uñas no rozan con nada, y se secan la mar de bien mientras yo atrueno con mis chorradas vuestros oídos mentales. Así que aquí estoy, con mi rojo favorito (el rouge fashionista de Bourjois) contrastando contra las teclas blancas del Mac.

Hecho este inciso, quiero decir que esta semana me siento ridículamente optimista. En realidad yo qué sé, últimamente mi vida no es más que una sucesión de momentos bastante agradables, así que tengo motivos para el optimismo. Por otra parte, claro, está mi conciencia perenne de que la vida es frágil y la línea que nos separa del lado oscuro es fina. Cada vez creo más en lo del karma, porque si no la aleatoriedad de todo esto me volvería loca. Voy yo con mis medias violetas y mis guantes de polar rosa, conduciendo mi moto y apoyando los tacones en el suelo, y alcanzo a ver mientras conduzco cómo una chica joven y morena rebusca en el cubo de basura que hay al lado del Supersol. Y luego hacer cola en la caja registradora del Hipercor, y mirar fascinada a una señora mayor con mechas rosas y rojizas en el pelo cano que está comprando dos botellas de champán supercaro, sólo eso, dos botellas de champán, y que me hace desear envejecer sólo para poder teñirme así y comprar champán yo sola en el Hipercor. Contrastes.

Esta noche me he despertado rascándome la cara hasta hacerme sangre. Me pregunto si en algún momento me tendré que poner manoplas, y espero sinceramente que no, porque me parecería muy triste. Y fluctúo entre desesperarme por mis pequeñas miserias y alegrarme todo el día por esta vida de una luz terrible. Hoy íbamos en coche a Jerez, a un curso que ha sido aburrido como el Averno, dos compañeras y yo. Una de ellas es amiga, quedamos a veces y me cae muy bien. La otra también me cae muy bien, es muy maja, muy mona, muy alta, con su Ford Focus y su iPhone, un bolso marrón precioso de Bimba y Lola y un novio que vive en Sevilla y que también tiene un iPhone por el que hablan por videoconferencia. Y es super maja, de verdad, muy muy simpática, pero es una de estas personas que no tiene imaginación, y lo ves tan claro como si le faltara un brazo.

Cuando estaba con J. y él vivía en Pedregalejo, que es un barrio bueno de Málaga, íbamos a desayunar las mañanas de domingo a la Galerna, un bar modernito frente a la playa. Pedíamos unas tostadas riquísimas de pan de cereales cubierto de tomate batido, con un chorrito de aceite rollo elegante que salpicaba los platos cuadrados. Yo tomaba té verde en las tazas de loza blanca, J. pedía un café y nos dábamos besitos por encima de la mesa, porque si algo éramos nosotros es empalagosos.

Y esto viene, que me disperso, a que en el paseo marítimo de Pedregalejo hay un montón de familias recién constituidas de padres jóvenes con hijos pequeños. Algunos eran amigos de J., que es del barrio de toda la vida, y le saludaban mientras yo hacía carantoñas a sus bebés. Ellas siempre llevaban mechas y ellos siempre se estaban quedando calvos, y en cuanto les veías podías intuir que se conocieron en el instituto, salieron durante la facultad, se casaron y ahora tienen una hipoteca y 1'5 hijos rubios, que nunca entiendo por qué salen rubios si se ve claramente que lo de la madre son mechas.

Y a mí allí sentada, cogida con una manita de J. mientras comía pan con tomate con la otra, me daba por pensar que yo quería ser así: madre joven y mona con mechas y niños rubios, con un pisito en la Cala porque son más baratos, con mi hijo y medio paseando contento en su carrito. Por otra parte, sin embargo, me daba una angustia terrible pensar que mi vida ya estaba hecha y que me la iba a pasar siendo la mitad de una pareja, saludando a amigos con bebés y paseando por la playa las mañanas de domingo.

Todo esto me recuerda, y permitidme otra disgresión, que ya sabéis que al final siempre vuelvo al comienzo y todo cobra más o menos sentido, a que hace poco mi padre me contó que cuando nos compramos nuestra primera casa en Málaga pensó que él de allí ya saldría, y cito textualmente, con los pies por delante. "Y qué va, Marina, fíjate: me he comprado dos casas más, me he divorciado, me he vuelto a casar y quién sabe lo que me queda por pasar en la vida". Solo que mi padre en general es pesimista y no cree que le vayan a pasar muchas cosas buenas.

Lo que quiero decir es que claro que echo de menos a J. y las tostadas matutinas, y claro que a veces querría ser como las rubias con mechas o como la chica alta y mona de los iPhones gemelos. Pero fijaos en las cosas bonitas que me han pasado desde entonces, que quién me iba a decir a mí que viviría sola y a la vez podría ir por ahí en mi moto de los dieciséis, con mis tacones preciosos y mis medias violetas, y también pasar los fines de semana arañándome la piel en la roca, y colgar una barra en mi pasillo para hacer dominadas, y quitar verrugas con bisturís eléctricos, y ver a muchos muchos pacientes reales y fascinantes, e irme por ahí a conocer lectores adorables, y darme besos breves con rubios divertidos que luego resulta que tienen a griegas ocultas, y comprar cuerdas de ochenta metros por Internet, y decidir que en vez de un coche quiero una furgo, y sentir una alegría tonta cada vez que cruzo el puente de Carranza en dirección a Cádiz, y mirar las marismas con arrobo, y saludar a la gente diciendo "illoooo", y aprender POR FIN cómo se maneja una réflex, y limarme los callos de las manos, y escribir todos los días durante meses, y bailar en el salón al mediodía mientras entra el sol por la ventana, y descubrir Vetusta Morla, y ser capaz de pintarme las uñas de la mano derecha sin salirme.

Así que terminando con el post, y descubriendo nuevos límites para mi capacidad de dispersarme escribiendo, resumo: son muchas, muchas cosas, muchas cosas bonitas y nuevas. Y me tienen en un estado tan triposo de agradecimiento que me pregunto si realmente estoy capacitada para dar consejos sobre cómo vivir o simplemente he tenido suerte.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Hoy es el día

Hoy es el día en el que me escaqueo de escribir porque mañana tengo que madrugar más que el resto de la semana para ir al seminario de área. Peeero me escaqueo con sutiles excusas y desafiantes propuestas.

No estoy escribiendo el Nano. Fue una muerte anunciada. Al tercer día y con tres mil palabras escritas, pensé "qué cojones estás haciendo, Marina, a quién quieres engañar". Y dejé de intentarlo. No es que me sienta muy orgullosa, pero tampoco me conflictúo. Si algo he aprendido últimamente es que para hacer lo que nos importa hay que funcionar con un poco de fuerza de voluntad y un mucho de pasión. Y mis niveles de pasión hacia la novela en este momento concreto de mi vida son muy bajitos.

El problema, creo yo, es que no estaba dispuesta a dejarle a la novela un hueco en mi vida. Sabía que tenía que renunciar a cosas y no quería. No se trata ya de escalar menos; es que no quiero ni siquiera dejar de nadar, ni de escribir aquí, ni de dormir siestas obscenas con despertares desubicados. Me encanta mi vida ahora y no quiero cambiarla demasiado. Así que bueno, en otro momento será. Quizá el noviembre que viene, quizá cuando acabe el PIR, quizá nunca. Voy a intentar seguir viviendo mi vida escritoril con la misma curiosidad y expectativa con que intento vivir mi vida de persona física.

Por qué nos cuentas tú esto, Marina, corazón, si decías además que hoy no ibas a escribir. Que el día que decidiste aprender mecanografía le hiciste un flaco favor a la blogosfera.

Pues todo esto viene a que ya os dije que quería abrir un blog sobre psicología para dummies, autoayuda perversa, llamadlo X. Esa idea sigue en mi mente y sí que me motiva muchísimo. El tema es que necesito un nombre para el blog. Algo sencillo, con gancho, evocador, compasivo, original y en suma brillante. O, por lo menos, algo sencillo y con gancho. No tengo ni siquiera vagas ideas por las que podáis votar, así que agradecería un montón vuestras sugerencias.

¡Proponed, proponed! En cuanto tenga un nombre me pondré a escribir como una perraca, y en ese momento vuestras vidas mejorarán y seréis más felices, así que pensad a tope y a ver si entre todos se nos ocurre algo chulo.

Besos. Gracias. Lofiu. Mañana más.

Reflexiones sesudas en la habitación del Maik

Estamos en el roco el Kpot y yo. Hay más gente, claro, pero los demás están entrenando en la parte de los tablones y nosotros nos hemos metido en la que llamamos "La habitación del Maik". El Maik es un tipo gigante que practica algo llamado "Valetudo". Cuando le pregunté si era una mezcla entre Ballet y Judo, me miró con cara de "te estás quedando conmigo o qué pasa" y me explicó que no, que quiere decir que Vale Todo. El Maik calienta haciendo a la vez abdominales y flexiones. El Maik se deja que le partan trozos de madera en la tibia, y no es que no le duela; es que el dolor le da igual. Total, que estamos el Kpot y yo en el cuarto donde el Maik entrena y sospechamos que le da palizas a gente, pero ahora nosotros estiramos sobre colchonetas sucias y hacemos flexiones con lo que nos queda de brazos.
- Quilla - Kpot para de hacer flexiones y se queda tirado boca abajo -. ¿Por qué la gente llora en los psicólogos?
- Yo qué sé, pues porque sí, porque está triste, ¿no? - yo no me siento para nada en modo psicóloga. Tumbada sobre mi espalda, llevo las piernas hacia atrás tipo postura de yoga y respiro mientras intento estirar la columna y las piernas.
- No, ya, pero a lo mejor estás igual de triste que con los amigos o con la familia. Sin embargo, con el psicólogo lloras.

Al Kpot le encanta saber por qué la gente se comporta de una u otra manera, y siempre me hace preguntas "rollo psicológico" que me descolocan. Intento ponerme en modo semiprofesional, aunque no sé si la sangre me llega bien al cerebro en esta postura. Me incorporo.
- Yo creo que es por la manera en que el psicólogo responde a tu sufrimiento - digo -. Cuando tú le cuentas algo a tu familia o a tus amigos, ellos no te echan mucha cuenta. Como mucho, te dicen que ya se te pasará o te dan consejos. Lo primero que hace el psicólogo es reconocerte. Te dice "lo estás pasando mal", "estás sufriendo", y eso es lo que te hace polvo. Que te ve.
- Aro, aro - contesta él -. A ver, quilla, ¿cómo es eso que estás haciendo con la espalda? ¿Así, echándome para atrás?
- Sí, pero con las piernas más rectas - es gracioso verle intentando hacer asanas de yoga con las zapatillas de deporte puestas y las rodillas dobladas.
- Pues yo creo que es lo que tú dices, lo de que los demás en verdad no te hacen caso.
- Claro... mira, a mí me hizo llorar la psicóloga del centro de conductores cuando fui a hacerme el certificado médico para el carnet, sólo porque me dijo "tú estás muy nerviosa con esto, ¿verdad?".

Kpot se tumba boca abajo con los brazos musculosos de escalador enfermizo estirados frente a sí.
- Yo me di cuenta el otro día de lo que tú dices. De que la gente no sabe escuchar. Estaba un grupo de maris delante de un colegio, esperando a las hijas. Una empezó a decir que tenía mal la espalda. La otra le contestó que ella tenía mal la rodilla, y la otra que a ella le dolía el hombro. Y al final no hablaron ni de la espalda de una, ni de la rodilla de la otra... cada una de lo suyo, punto.
- La lucha por conquistar la oreja ajena, lo llamaba un escritor.
- Eso es, tía.
- El mismo escritor decía que el amor es un preguntar constante. Que el que te ama lo hace porque te pregunta sobre ti en lugar de intentar conquistar tu oreja. Si encuentro luego el texto, te lo paso por el Facebook.

Que mi amigo el Kpot y Milan Kundera hayan llegado a la misma conclusión me resulta curioso. Pienso en el amor y el preguntar, y en el trabajo que hago todos los días intentando dar a la gente su espacio y reconocer que existen. En cómo la mirada del otro nos puede hacer llorar. Y ahora, mientras reflexiono sobre cómo cerrar el post y me pregunto por qué he escrito esta escena, me digo: porque mi blog es mi espacio, y escribo aquí para reconocer que existo yo. Para que mi existencia tenga cierta cualidad resonante de cosa que importa.

Nota: si percibís cierta incoherencia en el post es porque hoy estoy muy, muy cansada y escribo en plan simbólico para que se vea que le pongo empeño al asunto.